CORRALITO EXPORTADOR: POR LA FUGA DE CAPITALES, OBLIGAN A DEJAR TODOS LOS DOLARES EN EL CENTRAL (¿VENDRÁ ALGUIEN DE AHORA EN MAS A INVERTIR?)

Mientras las elecciones atemorizaron mas aletanron a los mercados, la inyecci{on de pesos, la incredulidad y el incierto rumbo vuelcan al público hacias las casas de cambios, bancos y cuevas: En 3 dias post “Cristina hegemónica”, ya se fueron casi 500 millones de verdes billetes de los del rostro de Jorge Washintong

¿Podrá el gobierno sostener este ritmo de figa, y la desinversión consecuente?

¿Existir{a alguna inversión tras el decreto de “corralito” a las liquidaciones de capital de las trasnacionales y cerealeras?

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El problema al que se enfrenta el Gobierno no es la presión alcista del dólar sino su causa: la creciente fuga de capitales Se trata de un fenómeno que ha sido la regla más que la excepción durante los ocho años de economía K

Desde 2003 a la fecha sólo entre 2005 y 2007 no hubo salida de fondos. En los ocho últimos años emigraron capitales por un monto global estimado en u$s 83.900 millones.
Entonces, ¿por qué ahora la encrucijada de dólar vuelve al primer plano? Porque mientras en la mayoría de los años el déficit de la cuenta capital de la balanza de pagos (producto de la salida de fondos) fue más que compensado (y disimulado) por el superávit de la cuenta corriente (mediante la balanza comercial, y gracias el amplio exceso de exportaciones sobre las importaciones), ahora eso no ocurre. Por dos motivos: se aceleró la fuga de capitales (el déficit de la cuenta capital) y se redujo el saldo positivo entre exportaciones e importaciones (balanza comercial).
El brete al que se enfrenta el nuevo mandato de Cristina Fernández depende crucialmente de la hipótesis sobre el comportamiento de esta nueva ola de dolarización de portafolios. En particular si se trata de un fenómeno temporal o permanente. El hecho de que la salida de fondos continúe tras las elecciones presidenciales refuerza la hipótesis que podría contener algún factor de permanencia. Pero aún es prematuro asegurarlo.
En rigor, el ruido en el mercado cambiario no se origina en problema de stock (hay reservas por u$s 47.690 millones, suficientes para dejar quieto el dólar por largo rato), sino de flujo. Es decir, lo que inquieta es el ritmo al cual emigran capitales (a razón de u$s 3.000 millones por mes) y al cual pierde reservas el BCRA (u$s 4.000 millones en los últimos 90 días). A grandes rasgos, el Gobierno tiene tres opciones por delante, cada una con sus pros y contras: más heterodoxia en el mercado cambiario, algo de ortodoxia, u operar sobre las expectativas mientras aplica reformas de mediano plazo.
1) La opción “heterodoxa”: Es por donde enfiló ayer el Gobierno. Más controles cambiarios y obligación de liquidar las divisas en el país que podría extenderse a otros sectores. Mientras tanto, esperar a que las restricciones a la demanda de dólares y el incremento forzado de la oferta de divisas hagan su trabajo, sacrificando reservas en el interín y rezar para que se apacigüe la crisis financiera internacional, que la soja no siga en baja y que la cosecha 2012 vuelva a deparar buenas noticias. Es una estrategia viable sólo bajo la hipótesis de que la salida de fondos es transitoria. Sino el BCRA habrá perdido reservas sin beneficios aparentes.
2) La opción “ortodoxa”: Pasa por un ajuste del tipo de cambio, dejando que siga las fuerzas del mercado. Un virtual “crawling peg” con mayor o menor aceleración, según el contexto. Supone convalidar los precios del mercado. Así, el encarecimiento del dólar debería ponerle un techo a la demanda, mientras la devaluación genera incentivos para incrementar las exportaciones, frena las importaciones y por lo tanto incrementa la oferta de divisas ¿Los riesgos? Dos. El primero, la aceleración inflacionaria (por efecto inicial del encarecimiento de las importaciones) en un contexto donde la suba de precios ya se ubica en el orden del 22% interanual. El segundo, la dinámica de la interacción entre el mercado cambiario y las expectativas de los agentes económicos, que puede tornarse impredecible, en particular en un país con la memoria devaluatoria e inflacionaria de la Argentina.
3) Las reformas de mediano plazo: Una opción que no es excluyente sino complementaria de las dos anteriores. Y aunque se trata de modificaciones que podrían llevar algo de tiempo, su sólo anuncio generaría un cambio de expectativas que debería tener un efecto a corto plazo en el mercado cambiario. Implica trabajar seriamente un plan que reduzca paulatinamente la inflación a niveles de un dígito (o cerca), para lo cual también sería necesario transparentar el Indec (para que refleje este proceso de manera creíble). Ello descomprimiría las presiones del mercado cambiario, el disminuir el ritmo de apreciación del peso en términos reales y por lo tanto modificar las expectativas de devaluación nominal de la moneda nacional. Adicionalmente, implicar acelerar las negociaciones para regularizar la deuda en default que resta con los acreedores privados y en particular con el Club de París, lo que habilitaría al país a retornar al mercado de capitales para buscar fondos y abastecer al mercado de dólares si así fuera necesario. No se trata de retornar al endeudamiento crónico de los noventista, sino de enviar una señal a los agentes económicos de que esa posibilidad está disponible (elcronista)

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http://www.primerahoraonline.com.ar/despachos.asp?cod_des=27172&ID_Seccion=258

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