Cámpora y el gobierno antiperonista pro corporaciones K, 38 años después…

x Jorge Eduardo Rulli


En estos días en que se cumplen 38 años del triunfo de Héctor Cámpora se da el extraño fenómeno de que, algunos intentan la impostura de redescribir la historia desde la figura de un hombre que, lo que hizo lo hizo solamente como delegado de Perón, me refiero al hecho de aceptar reemplazarlo en la Presidencia de la República en la medida que el Gobierno de Lanuse le impedía presentarse como candidato al propio Perón.  Desde ya que esa situación que, en la época se expresaba en la consigna: Cámpora al Gobierno Perón al Poder, podría haberse mantenido indefinidamente, o al menos un tiempo largo que posibilitara que el país se recuperara, que generara o que se reconocieran nuevas dirigencias, y sin duda que esa vicaría del Dr. Cámpora hubiese aliviado en gran medida el esfuerzo a que se hallaba sometido el General a tan avanzada edad, y esas circunstancias hubiesen seguramente prolongado su vida…

El anecdotario cuenta sin embargo, que Perón agotó su paciencia con Cámpora, viendo durante esas semanas que duró el camporismo, no fue más que un mes y medio, el modo en que la estudiantina revolucionaria ocupaba la Casa Rosada provocando sucesivos escándalos “revolucionarios”, no más allá del universo de los discursos y de los medios, hasta el día en que se le informó oficialmente que el loco Galimberti había llegado al exceso de tratar al Presidente de “viejo pelotudo” en una reunión de gabinete y la noticia habría colmado la paciencia del General y sellado la suerte de su delegado, ahora en la más alta conducción del país. En realidad el Dr. Càmpora era un buen hombre, tal vez de no muchas luces pero honrado y leal, seguramente no había nacido ni estaba preparado para conducir circunstancias tan difíciles y complejas como las que le tocó gobernar en esos meses, pero por lo demás y contrariando la naturaleza de los hechos y de su propia vocación de servir al peronismo, se le adjudicaron con posteridad a aquellos años, roles y propósitos que, estoy convencido jamás habría pretendido tener. Según yo puedo recordar, la versión que sobre su persona corría, entre la ensoberbecida militancia radicalizada en aquellos tiempos, recordemos el libro “La soberbia armada”, era sin lugar a dudas, la de un otario al que se usaba, la de alguien de quien podía abusarse a piaccere… Ahora se lo presenta como un héroe, como una figura similar a la del Che Guevara, pero en realidad tanto ellos como nosotros, sabemos que son unos enormes mentirosos y que están tratando meramente, de hallar referencias históricas que les permitan justificarse históricamente para renegar de la figura de Perón y poder preservar sus actuales negocios en el Gobierno, con los sueldos, con la obra pública y con las comisiones de las corporaciones, mientras tratan de mantener un discurso de izquierda neoperonista, nada más que porque estamos en un año electoral y no pueden dejar de pensar en cómo van a continuar con los puestos que tienen y con los enormes privilegios de que ahora disponen.

En realidad ese Movimiento que fuera el Peronismo, resultó desgarrado en aquellos años por la tensión existente entre los paradigmas de los que provenía, y me refiero a los procesos de nacionalismo popular de la posguerra, y los nuevos paradigmas nacidos al calor de la Revolución Cubana, del marxismo y de la confrontación entre los grandes bloques. Todos sabemos o recordamos cómo se expresaron esos paradigmas y esas tensiones en el campo del pueblo, cuánta violencia y  muertes significaron, y el enorme precio que pagó por ello. El campo de batalla fue, el de una militancia nacida, primero a partir del golpe de Estado del 55 y del derrumbe del Estado peronista, y luego la proveniente de los enormes sectores medios que se fueron sumando a partir del golpe de Onganía y especialmente a partir de la noche de los bastones largos. Estoy seguro que jamás imaginaron los militares y los oligarcas en aquellos días del año 1966, que tan alta cuota en vidas pagaría esa clase dominante, como consecuencia de aquella humillación realizada a los hijos de los sectores medios/medios y medios/altos y a lo más granado de los académicos de la Universidad argentina, y de cómo aquel proceso desatado por sus golpes militares, terminarían empujando a la lucha revolucionara a tantos  contingentes de nuevos luchadores.

Es justamente en esa masa de nuevas militancias y donde los paradigmas castristas de la lucha armada propios de los años sesenta y setenta eran muy fuertes, donde van a incubarse las demandas que terminaron oponiendo lo mejor a lo posible y culminaron generando confrontaciones y violencias que arrastraron al desastre del 76. En un movimiento de liberación como el peronismo, la tendencia a definir a un sector como revolucionario, y esa tentación nace en verdad con Valotta y el MRP ya en el año 64, de manera inevitable dejaba enfrente a “otro” sector que supuestamente no lo era. Si ese otro sector no era revolucionario, que era entonces? Hubiese sido una buena pregunta para hacerse, en especial cuando las batallas por la pureza ideológica se perdían desde aquellos años de manera patética, en sucesivas confrontaciones. Pero había además otra pregunta que no nos hicimos en aquellos años. La Revolución Argelina primero y luego la Revolución Cubana habían probado fehacientemente que se llegaba al poder por la unidad en la acción del conjunto de las fuerzas del Pueblo. Qué significaba esto? Que las contradicciones en el campo popular se resolverían si acaso alguna vez se resolvían, luego de vencerse al enemigo por una acción del conjunto. Ese enemigo principal era en esos momentos el Partido militar y la oligarquía… A quién se le ocurrió que debíamos resolver en primer lugar entre nosotros y a tiros las diferencias, cuando no estábamos en el Gobierno o cuando recién habíamos ganado las elecciones y apenas iniciábamos una etapa de legalidad y de institucionalización para sacar al país del marasmo en que se hallaba? Cuándo por lo demás el hecho principal que galvanizaba a la gente no era la Revolución socialista sino el regreso de Perón luego de 18 larguísimos años de exilio? El componente de extrema irracionalidad de aquellos años fue tan, pero tan alto, que uno no  puede ahora dejar de sospechar, en especial al ver a muchos de aquellos protagonistas en altos puestos de gobierno o de poder, que los servicios de inteligencia, tanto nacionales como internacionales, se hicieron un verdadero festín a costillas de nuestro pueblo.

Lo más aberrante es que muchos parecieran creer que basta ahora desde el gobierno, con sumar o unificar a los referentes de fragmentos y a las memorias parcializadas de aquellos desgarramientos del peronismo en los años setenta, para que se recupere la integridad del movimiento. En realidad lo que tenemos hoy es apenas una sumatoria o amontonamiento de oportunismos, de tribus e intereses parciales, así como de ambiciones espurias. Creen haber resucitado al muerto y en realidad lo que hicieron es generar un Frankestein horrible e insensato. Pueden tener algunas banderas, más propias de un museo que de un estadio, por otra parte más que mancilladas, pero no tienen la gracia ni el espíritu de movimiento que alguna vez tuvimos y que ellos mismos despreciaron al priorizar la lucha de clases y la resolución de las contradicciones interiores por sobre los grandes intereses nacionales. Lo paradójico de esta izquierda que estaba dispuesta a ver como enemigo a cualquier dirigente sindical que se burocratizara, a la vez hacer justicia por la propia mano, es que hoy le rinden pleitesía a las Corporaciones y enajenan los territorios a países extranjeros tal como está haciendo Capitanich en el Chaco con los saudíes y Saiz en Río Negro con los Chinos, y ambos contando con el total respaldo del gobierno nacional, que es el que fija las nuevas políticas de las dependencias al Agronegocio y a los mercados globales.

Lo terrible de estos nuevos pactos de entrega de territorio y de soberanía, que tanto nos evocan a los convenios que, como los  acuerdos Roca Runciman en los años treinta configuraron la dependencia colonial de la Argentina, es que ahora, esos intelectuales presuntamente críticos que, tal como decía Rodolfo Walsh experimentarían que. “el campo del intelectual es por definición el de la conciencia”, están en esta oportunidad en el bando que acuerda los convenios de la dependencia. Es realmente espantoso.  Entre otras cosas porque en buena medida hipoteca nuestro futuro como Nación. Imaginen por un momento la pesadilla que habría sido que, durante la década infame los jóvenes aún no reconocidos como intelectuales nacionales y que podrían haber llegado a ser los Jauretche, los Hernández Arregui, los Leopolodo Marechal, los José Luis Torres, los Scalabrini y tantos otros pensadores del campo nacional, hubiesen aplaudido aquellos acuerdos coloniales como hechos progresistas y modernizantes. Por supuesto, costaría imaginar desde esos supuestos, el golpe del 43 y el surgimiento del Peronismo. Pues, lamentablemente es lo que está ocurriendo ahora y nuestro interrogante y nuestro desafío será el de reorganizar el movimiento nacional, a pesar de la capitulación generalizada de esa intelectualidad y a las defecciones de tantos compañeros   que hoy no solo se bajaron del caballo sino que lo vendieron al pobre pingo, en remate público al mejor postor. Ellos eligieron dar los grandes debates con Vargas Llosa y con Magnetto, a la vez que callar frente a Monsanto, frente a la Barrick, frente a la apropiación de nuestro petróleo y frente a la megaminería con cianurización. Ellos eligieron mantener el silencio frente a Grobocopatel, frente a los Blaquier y los Elsztain… mientras vociferan contra la Sociedad Rural, porque saben bien que ya no representa ningún poder, al menos comparable con las corporaciones con las que conviven a diario.  Nuestra tarea es por lo contrario y pese a los escenarios de simulación que confunde a tantísimos, la de generar un nuevo pensamiento decolonial en la Argentina y es lo que hacemos sin descanso cada día desde hace  muchos años.

Jorge Eduardo Rulli

http://horizontesur.com.ar/radio/

http://www.facebook.com/pages/GRR-Grupo-de-Reflexi%C3%B3n-Rural/145203798845999

Cristina abrazada a nuestro nuevos amos de la Barrick Gold, mega minería cianurizante de  nuestra tierra y agua

En estos días en que se cumplen 38 años del triunfo de Héctor Cámpora se da el extraño fenómeno de que, algunos intentan la impostura de redescribir la historia desde la figura de un hombre que, lo que hizo lo hizo solamente como delegado de Perón, me refiero al hecho de aceptar reemplazarlo en la Presidencia de la República en la medida que el Gobierno de Lanuse le impedía presentarse como candidato al propio Perón.  Desde ya que esa situación que, en la época se expresaba en la consigna: Cámpora al Gobierno Perón al Poder, podría haberse mantenido indefinidamente, o al menos un tiempo largo que posibilitara que el país se recuperara, que generara o que se reconocieran nuevas dirigencias, y sin duda que esa vicaría del Dr. Cámpora hubiese aliviado en gran medida el esfuerzo a que se hallaba sometido el General a tan avanzada edad, y esas circunstancias hubiesen seguramente prolongado su vida…

El anecdotario cuenta sin embargo, que Perón agotó su paciencia con Cámpora, viendo durante esas semanas que duró el camporismo, no fue más que un mes y medio, el modo en que la estudiantina revolucionaria ocupaba la Casa Rosada provocando sucesivos escándalos “revolucionarios”, no más allá del universo de los discursos y de los medios, hasta el día en que se le informó oficialmente que el loco Galimberti había llegado al exceso de tratar al Presidente de “viejo pelotudo” en una reunión de gabinete y la noticia habría colmado la paciencia del General y sellado la suerte de su delegado, ahora en la más alta conducción del país. En realidad el Dr. Càmpora era un buen hombre, tal vez de no muchas luces pero honrado y leal, seguramente no había nacido ni estaba preparado para conducir circunstancias tan difíciles y complejas como las que le tocó gobernar en esos meses, pero por lo demás y contrariando la naturaleza de los hechos y de su propia vocación de servir al peronismo, se le adjudicaron con posteridad a aquellos años, roles y propósitos que, estoy convencido jamás habría pretendido tener. Según yo puedo recordar, la versión que sobre su persona corría, entre la ensoberbecida militancia radicalizada en aquellos tiempos, recordemos el libro “La soberbia armada”, era sin lugar a dudas, la de un otario al que se usaba, la de alguien de quien podía abusarse a piaccere… Ahora se lo presenta como un héroe, como una figura similar a la del Che Guevara, pero en realidad tanto ellos como nosotros, sabemos que son unos enormes mentirosos y que están tratando meramente, de hallar referencias históricas que les permitan justificarse históricamente para renegar de la figura de Perón y poder preservar sus actuales negocios en el Gobierno, con los sueldos, con la obra pública y con las comisiones de las corporaciones, mientras tratan de mantener un discurso de izquierda neoperonista, nada más que porque estamos en un año electoral y no pueden dejar de pensar en cómo van a continuar con los puestos que tienen y con los enormes privilegios de que ahora disponen.

En realidad ese Movimiento que fuera el Peronismo, resultó desgarrado en aquellos años por la tensión existente entre los paradigmas de los que provenía, y me refiero a los procesos de nacionalismo popular de la posguerra, y los nuevos paradigmas nacidos al calor de la Revolución Cubana, del marxismo y de la confrontación entre los grandes bloques. Todos sabemos o recordamos cómo se expresaron esos paradigmas y esas tensiones en el campo del pueblo, cuánta violencia y  muertes significaron, y el enorme precio que pagó por ello. El campo de batalla fue, el de una militancia nacida, primero a partir del golpe de Estado del 55 y del derrumbe del Estado peronista, y luego la proveniente de los enormes sectores medios que se fueron sumando a partir del golpe de Onganía y especialmente a partir de la noche de los bastones largos. Estoy seguro que jamás imaginaron los militares y los oligarcas en aquellos días del año 1966, que tan alta cuota en vidas pagaría esa clase dominante, como consecuencia de aquella humillación realizada a los hijos de los sectores medios/medios y medios/altos y a lo más granado de los académicos de la Universidad argentina, y de cómo aquel proceso desatado por sus golpes militares, terminarían empujando a la lucha revolucionara a tantos  contingentes de nuevos luchadores.

Es justamente en esa masa de nuevas militancias y donde los paradigmas castristas de la lucha armada propios de los años sesenta y setenta eran muy fuertes, donde van a incubarse las demandas que terminaron oponiendo lo mejor a lo posible y culminaron generando confrontaciones y violencias que arrastraron al desastre del 76. En un movimiento de liberación como el peronismo, la tendencia a definir a un sector como revolucionario, y esa tentación nace en verdad con Valotta y el MRP ya en el año 64, de manera inevitable dejaba enfrente a “otro” sector que supuestamente no lo era. Si ese otro sector no era revolucionario, que era entonces? Hubiese sido una buena pregunta para hacerse, en especial cuando las batallas por la pureza ideológica se perdían desde aquellos años de manera patética, en sucesivas confrontaciones. Pero había además otra pregunta que no nos hicimos en aquellos años. La Revolución Argelina primero y luego la Revolución Cubana habían probado fehacientemente que se llegaba al poder por la unidad en la acción del conjunto de las fuerzas del Pueblo. Qué significaba esto? Que las contradicciones en el campo popular se resolverían si acaso alguna vez se resolvían, luego de vencerse al enemigo por una acción del conjunto. Ese enemigo principal era en esos momentos el Partido militar y la oligarquía… A quién se le ocurrió que debíamos resolver en primer lugar entre nosotros y a tiros las diferencias, cuando no estábamos en el Gobierno o cuando recién habíamos ganado las elecciones y apenas iniciábamos una etapa de legalidad y de institucionalización para sacar al país del marasmo en que se hallaba? Cuándo por lo demás el hecho principal que galvanizaba a la gente no era la Revolución socialista sino el regreso de Perón luego de 18 larguísimos años de exilio? El componente de extrema irracionalidad de aquellos años fue tan, pero tan alto, que uno no  puede ahora dejar de sospechar, en especial al ver a muchos de aquellos protagonistas en altos puestos de gobierno o de poder, que los servicios de inteligencia, tanto nacionales como internacionales, se hicieron un verdadero festín a costillas de nuestro pueblo.

Lo más aberrante es que muchos parecieran creer que basta ahora desde el gobierno, con sumar o unificar a los referentes de fragmentos y a las memorias parcializadas de aquellos desgarramientos del peronismo en los años setenta, para que se recupere la integridad del movimiento. En realidad lo que tenemos hoy es apenas una sumatoria o amontonamiento de oportunismos, de tribus e intereses parciales, así como de ambiciones espurias. Creen haber resucitado al muerto y en realidad lo que hicieron es generar un Frankestein horrible e insensato. Pueden tener algunas banderas, más propias de un museo que de un estadio, por otra parte más que mancilladas, pero no tienen la gracia ni el espíritu de movimiento que alguna vez tuvimos y que ellos mismos despreciaron al priorizar la lucha de clases y la resolución de las contradicciones interiores por sobre los grandes intereses nacionales. Lo paradójico de esta izquierda que estaba dispuesta a ver como enemigo a cualquier dirigente sindical que se burocratizara, a la vez hacer justicia por la propia mano, es que hoy le rinden pleitesía a las Corporaciones y enajenan los territorios a países extranjeros tal como está haciendo Capitanich en el Chaco con los saudíes y Saiz en Río Negro con los Chinos, y ambos contando con el total respaldo del gobierno nacional, que es el que fija las nuevas políticas de las dependencias al Agronegocio y a los mercados globales.

Lo terrible de estos nuevos pactos de entrega de territorio y de soberanía, que tanto nos evocan a los convenios que, como los  acuerdos Roca Runciman en los años treinta configuraron la dependencia colonial de la Argentina, es que ahora, esos intelectuales presuntamente críticos que, tal como decía Rodolfo Walsh experimentarían que. “el campo del intelectual es por definición el de la conciencia”, están en esta oportunidad en el bando que acuerda los convenios de la dependencia. Es realmente espantoso.  Entre otras cosas porque en buena medida hipoteca nuestro futuro como Nación. Imaginen por un momento la pesadilla que habría sido que, durante la década infame los jóvenes aún no reconocidos como intelectuales nacionales y que podrían haber llegado a ser los Jauretche, los Hernández Arregui, los Leopolodo Marechal, los José Luis Torres, los Scalabrini y tantos otros pensadores del campo nacional, hubiesen aplaudido aquellos acuerdos coloniales como hechos progresistas y modernizantes. Por supuesto, costaría imaginar desde esos supuestos, el golpe del 43 y el surgimiento del Peronismo. Pues, lamentablemente es lo que está ocurriendo ahora y nuestro interrogante y nuestro desafío será el de reorganizar el movimiento nacional, a pesar de la capitulación generalizada de esa intelectualidad y a las defecciones de tantos compañeros   que hoy no solo se bajaron del caballo sino que lo vendieron al pobre pingo, en remate público al mejor postor. Ellos eligieron dar los grandes debates con Vargas Llosa y con Magnetto, a la vez que callar frente a Monsanto, frente a la Barrick, frente a la apropiación de nuestro petróleo y frente a la megaminería con cianurización. Ellos eligieron mantener el silencio frente a Grobocopatel, frente a los Blaquier y los Elsztain… mientras vociferan contra la Sociedad Rural, porque saben bien que ya no representa ningún poder, al menos comparable con las corporaciones con las que conviven a diario.  Nuestra tarea es por lo contrario y pese a los escenarios de simulación que confunde a tantísimos, la de generar un nuevo pensamiento decolonial en la Argentina y es lo que hacemos sin descanso cada día desde hace  muchos años.


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