SALE ASADO, ENTRA “SOYA” (acerca de la colonización agraria de los sojistas, y de los socios K, sojeros)

Patéticos, son patéticos… como cuando durante la llamada crisis del campo, anatemizaban a la oligarquía, nada menos que desde las oficinas que en Puerto Madero les prestaba quien se apropiara del Banco Hipotecario durante el menemismo: Eduardo Elzstain, uno de los hombres más ricos de la Argentina, dueño de todos los Shopping de Buenos Aires, además de ser uno de los más grande terratenientes, con 400 mil hectáreas. Son patéticos una vez más, cuando confunden el Palacio de invierno con los Tribunales de Plaza Lavalle y se proponen asaltar la Corte Suprema que, por otra parte, ellos mismos eligieron a capricho… Son patéticos, irremediablemente patéticos, denunciando desde la Biblioteca Nacional la conspiración destituyente, cuando deberían comenzar a cuidarse de ellos mismos, que son capaces de pelearse con la propia sombra, y que generan sus propios enemigos, ante los que luego suelen caer derrotados de manera escandalosa.

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Se nota que nunca jugaron en un potrero con una pelota de trapo, y como tantos otros argentinos, provenientes de la izquierda y que no pueden comprender a Perón, son incapaces de jugar sin golearse a sí mismos… Eran íntimos de Clarín y hacían jugosos negocios con la empresa, les dieron todos los privilegios que el multimedios quiso y aún más todavía. Durante años Magneto fue el empresario que más veces visitó la quinta de Olivos… de pronto, se rompió el noviazgo, por algún motivo poco claro, que el común de los mortales ignoramos o acaso no somos capaces de imaginar siquiera, de tan sórdidos, y entonces, una catarata de discursos de barricada, y las viejas mochilas ideológicas cargadas de consignas y de banderías, salieron a la calle a tapar con el escándalo, la más impensable incompetencia política que alguna vez hayamos podido suponer. La endorfina social que generan las usinas  progresistas, no paran de fluir afín de manipular a los más débiles y lograr cohesión y supuestos entusiasmos del conjunto, a la vez que montar falsos escenarios de confrontación, que modifiquen las conductas y los discursos de todos aquellos permeables a esos condicionamientos. Son en definitiva, al menos los privilegiados y manipuladores, un sector corporativo clase mediero y progresista, un sector social que se despertó a la voracidad del poder con los manuales de marxismo de la Marta Harnecker y las radicalizaciones estudiantiles de los años sesenta. Ahora tienen vientres abultados, papadas y choferes que los llevan y los traen en su vida de funcionarios favorecidos o de Diputados  progresistas, pero son los mismos que durante años practicaron el entrismo en movimientos populares como el Peronismo, hasta que consiguieron modificar los antiguos mandatos y las viejas herencias.

La historia de los hombres y de los movimientos políticos ha continuado sin embargo, girando en espiral, tal como siempre lo hace y ciertas situaciones históricas  pareciera que tienden a repetirse, aunque no en el mismo nivel de cosas y sucesos que antes sucedieran.  La llamada Globalización ha sido y pese a  muchos, continúa siendo una oportunidad inmejorable para romper con las dependencias y con las subordinaciones que nos ataban a los sistemas de poder mundial establecidos, e imaginar mundos nuevos. Mundos nuevos que ante los peligros ciertos de que el planeta entre en emergencia climática o sencillamente en colapsos sucesivos, lo cuál es inmensamente peor, sepan hallar nuevos caminos por fuera de la sobreexplotación de la naturaleza y de la contaminación, en que hemos vivido estos últimos tiempos, tanto del Capitalismo liberal como del Capitalismo de Estado. Se hace más evidente cada día que necesitamos probar otros derroteros, otros pensamientos y otros modos de posicionarnos ante la vida. Es por ello que desde el GRR y desde Horizonte Sur, nos hemos preocupado por difundir los nuevos conceptos de Soberanía Alimentaria, Ecolocalismo, decrecimiento y decolonialidad. No somos tan solo críticos de una sociedad terriblemente injusta, una sociedad que ha extraviado su camino, y que no hace sino provocar mayores destrucciones del medio, mayor sobreexplotación y disolución de las identidades, de las culturas locales y de los patrimonios heredados. Estamos generando asimismo nuevos pensamientos y propuestas, mientras celebramos la vida y las dimensiones locales en que se afirma y arraiga nuestra propia humanidad. Tenemos la certeza que, en paralelo a la crisis profunda que azota los regímenes políticos de estas socialdemocracias morosas, regímenes progresistas que han optado por caminos que conjugan la corrupción con el disfrute del poder y con los compromisos a favor de una modernidad tardía y dependiente de los mercados globales, crecen desde la hondura popular nuevos sueños y propuestas alternativas. En nuestro país se ha optado desde el gobierno mismo, por un destino de oficiar de zona de sacrificio para los países ricos, y ello va quedando expuesto cada vez con mayor claridad en las últimas medidas económicas más relevantes. Desde el Programa estratégico agroalimentario que se implementa actualmente, y que compensará el crecimiento de las áreas de sojización y la disminución de aquellas destinadas a producir alimentos, con la fabricación de comidas substitutas hechas con soja GM para el mercado interno, a la creciente producción de Biocombustibles desde nuestra agricultura, para alimentar los automóviles de Europa, y por último, la cesión de inmensos territorios para la producción de soja transgénica en la Patagonia, destinadas al gigante chino. Horrorosas formas de nuevas colonialidades nos amenazan, y quienes nos guían en esos caminos suelen ser progresistas, algunas veces como en Radio Nacional, donde fuéramos censurados, le rinden culto todavía, a Santucho y a Gorriarán, y están lejos de reconocer que en los años setenta atentaron contra el gobierno popular y empedraron el camino del golpe militar y el genocidio.

Sin embargo, lo paradójico de esta etapa en que Discepolín podría hacerse la fiesta más triste de su historia, el cambalache es tal que los unos y los otros, enfrentados ayer en posiciones extremas, entremezclan hoy sus dispares historias detrás de los mismos despreciables negociados. Porque, tal como se sabe, donde hay una necesidad hay un negocio, viene al caso hablar del sindicato de camioneros, feudo familiar de los Moyano, cuyo protagonismo y responsabilidad en la  sofocación de los ferrocarriles y en la extensión de redes de miles de camiones que abastecen los puertos de la soja y todo el intercambio de mercaderías, es evidente. El compañero Moyano no solo es el sepulturero de incontables camioneros que murieron asfixiados por el uso de pastillas de fosfina, es también el factotum de un país absurdo, frente a las preocupaciones del creciente efecto invernadero y el cambio climático, una Argentina que ha privatizado el propio petróleo y está consumiendo sus escasas y últimas reservas de combustibles fósiles Estoy hablando del increíble despropósito de que, a pesar de la crisis energética del planeta, en nuestro país no se circula ni se trafica sino sobre ruedas, ya sean de ómnibus o de camiones, porque débese pagar el derecho de pernada a un sindicalismo y a un pejotismo que, la más absoluta negación de lo que fuera el peronismo, es una burocracia política sin alma ni perdón de Dios, y que cava su propia fosa empujándonos por voracidad e imputabilidad a un destino de catástrofes repetidas. Me temo que estemos al final de la gran borrachera de poder del arribismo progresista y clase mediero. La Argentina está enferma de mediocridad y vandalismo, cansada de falsos escenarios, de exacerbaciones y desvaríos, así como de oposiciones que lo son solo de ficción, porque están arregladas previamente y porque muchos continúan cobrando los sueldos por debajo de la mesa. Estamos cansados de pelear entre nosotros por cuestiones que fácilmente podrían resolverse si supiéramos como país, hacia dónde marchamos. Estamos cansados de que como a perros, nos tiren huesos como los de la reciente ley de glaciares que, a lo sumo serán como la ley de bosques, leyes tardías y en que los políticos no creen, reglas que consuman el despojo, que legitiman la apropiación de los bienes naturales y abren ancho cauce a las autonomías provinciales para continuar con la entrega de nuestras riquezas. Estamos cansados y ya no les creemos, no les creemos ni siquiera cuando dicen la verdad, porque ninguna verdad continúa siendo verdad en la boca de los falsarios. No pretendemos cambiar a unos por los otros, porque sabemos que son todos parecidos, ni tampoco queremos que nos sigan trocando como han hecho, las luchas contra el modelo de la agricultura industrial por las luchas contra el glifosato. Queremos otro proyecto de país, pretendemos tener soberanía alimentaria y ello implica tener ministros de relaciones exteriores que sean al menos argentinos. No queremos que nos den de comer como a niños, como a indigentes o como a las vacas en los corrales de engorde, quisiéramos que se nos reconozca como adultos  y nos podamos sentir ciudadanos todos en igualdad tanto de derechos como de oportunidades. Nada más por ahora y no es poco.

Jorge Eduardo Rulli -1-

Jorge Eduardo Rulli nació en 1939 en Buenos Aires, de padres obreros
y artesanos. Por su resistencia a las dictaduras que se sucedieron en la Argentina
desde 1955 hasta 1983 estuvo preso durante muchos años en la
cárcel de Viedma, en la Patagonia, fue torturado y debió exiliarse. Ecologista
y pionero en la lucha contra los transgénicos es un promotor incansable
de la soberanía alimentaria y del desarrollo local como base de la ruptura
de la Argentina con su dependencia de las grandes empresas transnacionales.
Vive con su esposa y sus seis hijos en una pequeña granja ecológica
cercana a Buenos Aires y es el principal referente del Grupo de Reflexión
Rural (GRR) que extiende su acción a Brasil y Paraguay, en donde colabora
con los respectivos movimientos campesinos y ecologistas. Ha publicado
Diálogos en el exilio, junto a Envar el Kadri en los años ochenta, Estados
en construcción y Estado de gracia, con Ignacio Lewkowicz y el Grupo de
Reflexión Rural y, últimamente, bajo el título de El libro de los editoriales.
Globalización y resistencia (Buenos Aires: Corregidor, 2008), la recolección
de sus importantes editoriales dominicales en Radio Nacional.

http://www.demodirecta.blogspot.com/

http://www.elortiba.org/rulli.html

http://www.grr.org.ar/

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Una respuesta

  1. SR. RULLI.J.E.:
    LO FELICITO POR ESTAS, Y MUCHAS DE SUS OBRAS.
    FUE TRISTE, SU MALA ESTADIA EN LA CRCEL, C./ ESE FRIO!!!!!, QUE TE LLEGA HASTA LOS HUESOS.

    TODO LO Q’ SE DICE , EN ESTA NOTA COMO BIEN DICE, NO ES POCO.
    FELICITACIONES, PIENSO SIENTO A LA ARGENTINA, DE PODERES DE GENTE OBTUSA, PERO DE:
    “IDEAS RAPACES, CON TRAMPAS MORTALES PARA LOS ARGENTINOS Q’ SUFRIMOS DESDE SIEMPRE, POR LOS MAS AMIGUITOS DE LOS Q’ AHORA NOS MANEJAN, NO A NOS…
    SINO A TODO EL PAIS.
    SIGA ADELANTE, SEPA Q’
    ¡¡¡¡NO ESTA SOLO EN TODA ESTA BATALLA, POR DESPOJARNOS DE UNA VEZ Y PARA SIEMPRE, DE LOS FEROCES ENEMIGOS DE NUESTRA PATRIA!!!!.
    ATTE. IRENE GERAKIOS.

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