CENTENARIO, BICENTENARIO Y UN ANÁLISIS MORDAZ E IMPERDIBLE DEL AMIGO EDUARDO LINARES

“Y el alma de un pueblo es muy difícil de robar,

porque sucede que a veces ese pueblo no la tuvo nunca,
la suya era un almita small, nomás;
o porque la empeñó para pagar unas deudas.
O la perdió en una aventura nacional frustrante.
O parque las almas de los pueblos
son como las golondrias. Van y vienen”
Prefacio del libro de cine
“los desalmados”, de E.L.

“LOS DESALMADOS”

x Eduardo Linares -1-
El martes 25, mientras miraba por televisión la propuesta de Diki James, director de Fuerza Bruta, a propósito de los festejos del bicentenario, emitido en cadena por canal 7, con la conducción de Felipe Pigna y una locutora que no sé quién es, -perdón por mi ignorancia del staf del canal oficial-, en un cuadro que simbolizaba las rupturas institucionales, los golpes de Estado, era pobre este cuadro, en un montaje desparejo de James a lo largo de 19 escenas -15 millones de pesos costó el montaje-; de una grúa colgaban la Constitución, las urnas, la balanza de la Justicia, que en un momento se prendían fuego, Pigna, el historiador oficial, que no había hecho un gran esfuerzo para preparar su trabajo, comentar, acotar, más allá de que debía de conocer al detalle el guión y los contenidos de la expresión de Fuerza Bruta, asociaba a la (s) dictadura (s) con la quema de libros.

Todos sabemos que los milicos, más allá de romper el orden institucional, cosa que está tan mal como querer tomar el poder por la fuerza para construir el Socialismo, leit motiv de ERP-Montoneros, con más menos matices, se dedicaron seriamente a asesinar, robar, secuestrar, censurar, confiscar, aterrorizar, con idéntica pasión que la aportada por la guerrilla. Unos con el profesionalismo y el poder del aparato estatal, demoledor, los otros, con la insoportable levedad de ser unos improvisados, jugándose la vida propia y la de sus familiares y conocidos, en una ruleta rusa aniquilante.

Unos, en nombre de la libertad y los valores de la civilización Occidental y Cristiana, otros, desde las utopías guevaristas del Hombre Nuevo y de la construcción del poder con la punta de los fusiles como vanguardia de un movimiento de masas. En este letal fenómeno de acción y reacción, nadie se tomó el trabajo de andar quemando libros. No era necesario. Se censuraron y secuestraron libros de algunas editoriales, Pigna cita a Boris Spivacov, dueño del Centro Editor de América Latina, denunciando el secuestro y posterior quema de 2 millones de libros. También, según él, fotos de archivo del Gral. Menéndez mandando a quemar libros secuestrados en Córdoba.

Como no leo la revista que edita Pigna, Caras & Caretas, -no me doy esos gustos-, no puedo opinar con certeza sobre las fotos por él aportadas al punto “quema de libros durante la dictadura”. Me llama la atención que de ser tan buenas y explícitas, Hernán Invernizzi, el ex ERP devenido ahora en investigador de la Cultura, siga usando las de los camisas pardas en los comienzos del nazismo, foto memorable de una quema de libros en una noche berlinesa; sí, se queman de noche los libros, parece que arden mejor. Porque ese es el punto. Los milicos que nos molieron a palos eran nazis, nosotros, en el peor de los casos, vinimos a ser una suerte de sobrevivientes del Gheto de Varsovia, héroes de la resistencia.

Tal el portal de ingreso al Paseo del Bicentenario montado por el Gobierno. Obra del artista plástico León Ferrari, suerte de Arco del Triunfo, caño revestido en gigantografías impresas en poliéster, con fotos de los milicos alternando con símbolos nazis. Parece que tuvo un derrame cerebral Ferrari después de tanta inspiración. Pero la hago corta. No se quemaron libros durante la dictadura. No era necesario. La Junta Militar era una berreta que con la excusa más que saludable de aniquilar a la guerrilla, arrasó con un país, sus industrias, sus conquistas laborales, sus derechos elementales, arrinconó al movimiento obrero. De paso, generó una mounstruosa y fraudulenta deuda externa que a la fecha seguimos pagando como el diablo manda.

El mito de los 6 millones de argentinos en los festejos del Bicentenario no es un tema menor ni para andar soslayando. Pero hagamos la cuenta, es fácil. 2 millones de personas, así titularon tanto Clarín como La Nación, -muy apretados, cada vez más, por la persecución judicial kirchnerista-, en el cierre del acto, Pito Faez dirigiendo un corro de perros desalmados cantando el himno –daban asco los chicos del rock and roll cada vez más deteriorados por años de consumo-. Se calcula que en un acto político o lo que fuere, entran, caben, 4 personas por metro cuadrado, salteando los gordos que pueden hacer desastres. 2 millones de personas, apiñadas, nada que ver con el historiador oficial, precisan de 500.000 m2. La 9 de Julio de Av. del Libertador hasta la Av. San Juan ocupa 28 cuadras. 3080 metros de largo por 140 de ancho. 431.200 m2. Av. 9 de Julio de punta a punta y de bote a bote. 1.724.800 argentinos.

Convengamos que la pendejada patriotera que se emocionó como pudo ante los gritos de Pito Faez, ocupaba la 9 de Julio del Obelisco hasta la Av. Belgrano. Sin las laterales. No había pibes ni en Lima ni en Hipólito Irigoyen. Restando el espacio de los palcos, stands, servicios sanitarios, ambulancias, camiones de exteriores, etc. Esas son 8 cuadras. 814 metros por 140 de ancho, exageremos, dan 113960 m2, por 4. 455.840 pibes. A sí, claro, la Plaza de Mayo. Miren, la histórica Plaza ocupa dos manzanas, 20.000 m2. Hoy día vallados casi en un 40%. En la Plaza a full, hoy día, no entran más de 50.000 personas. Me siguen. Con toda la furia, sumando la 9 de Julio y la Plaza, 500.000 personas. Una bocha. En la movida de propia tropa que montaron en Luján, a la salida del Tedeum, no había ni 500 muchachos kirchneristas. Esa es la cara oculta de la postal que quieren trucar a toda costa.

Eh, pero la Av. de Mayo estaba hasta el moño, otro tanto las Diagonales. No sabemos haciendo qué, pero estaban, porque el espectáculo de Diki James, lo más mejor, el plato fuerte, era tan secreto que ni Pigna sabía guionarlo. Improvisaron tanto los organizadores de los Festejos, desconfiaron tanto de su propia capacidad, que: Primero) se defecaron en la gente, no montando palcos para ver los desfiles y espectáculos como merece cualquier argentino que festeja el Bicentenario. Segundo) Jamás tuvieron el tino de imprimir un programa, de distribución masiva y gratuita, para que el pobre gaucho que iba con la patrona y los gurises tuviera la mínima idea de un recorrido. Tercero) El hábito de gobernar desde hace siete años sin reuniones de gabinete complica demasiado el trabajo en equipo. Luego, hicieron una Expochacra más que berreta, un Festival de Doma sin jineteada. Lo de James, honrosa excepción, se salpicó también con manchas de grasa. La piba de la murga que le alcanza a la Presidenta en el palco, el sombrero con Kirchner 2011 daba vergüenza ajena.

En eso no la contradecimos a la Mandataria, festejaron los 7 primeros años de su dinastía, de la mano de Bonafini y ahora de Milagros Salas, que viene marchando amenazadora a la cabeza de los pueblos originarios. Los grandes ausentes: Moreno, Belgrano, Castelli, Saavedra, Puyrredón, toda la lista, que es larga. A ver si nos entendemos. La Revolución de Mayo lo hicieron ellos. Son ellos. Eso era lo que se festejaba. No el rock nacional. La deliberada manipulación histórica, al presentar los 200 años como una evolución de acontecimientos, “malos y buenos”, evade justamente el análisis de los días de Mayo.

Crítica pormenorizada del nacimiento de una Nación que por cierto había comenzado a tomar conciencia de sí misma un par de años antes, derrotando dos veces a los invasores ingleses. Evita el debate sobre nuestra única e indeclinable hipótesis de conflicto, sobre el carácter de nuestro enemigo histórico. El Imperio Británico. Con quienes nos hemos trenzado en batalla a los largo de dos siglos cuatro veces. No hay ningún antecedente en la historia moderna de ningún país de la tierra que haya resistido su colonización con tanto empeño. No hay tampoco un país de la tierra en donde sus habitantes tengan tantas confusiones y sean tan pero tan manipulados desde el poder político, cultural y económico sobre su identidad y sus orígenes. Así y todo, cuando el pobretón cuadro de James hacía caer a los soldaditos de Malvinas, la muchachada que estaba apretujada contra las barras atinó con un espontáneo “El que no salta es un inglés”, haciendo que la Presidenta empalideciera en segundos. Si el medio palo de pibes se ponía a cantar el corito futbolero al unísono, y, qué quieren que les diga, el Sunday Times paraba las rotativas.

La Argentina conservadora y anglófila de 1910, inauguraba el Congreso de la Nación, el Palacio de Tribunales, el Monumento de los Españoles, la Torre de los Ingleses, una Exposición Universal. Concurrieron entonces delegaciones de las principales potencias. Seis años más tarde se sancionaba la Ley Sáenz Peña. Los radicales, mientras tanto, no participaban de los fraudes, se abstenían. Argentina. Para entonces, daba la sensación de ser una Nación que le podía empatar los tantos a los EEUU.

Como muy bien dijo la Presidenta, hace cien años no había derechos sociales. La deuda externa era cuasi inexistente. Ni voto obligatorio y secreto. Ni leyes laborales. Argentina era parte integrante del imperio británico. Para esos festejos, Inglaterra no envía delegación debido a la muerte del Rey Eduardo VII.

Las obras pautadas por el gobierno nacional y popular, el socialismo patagónico del Siglo XXI, para los festejos del bicentenario, no fueron terminadas. Ni el Museo del Bicentenario, en el recuperado Correo, ni el subte en su tramo Plaza de Mayo-Retiro. No fue proyectada ninguna obra nueva, a ser inaugurada, digo, un monumento alusivo. A mí, sin ir más lejos, se me hubiera ocurrido una estructura sobre el río de la Plata, en una isla artificial, unida a la costanera sur por un gran puente. No me mal interpreten, no hablo de la Estatua de la Libertad donada por los franceses a los EEUU. Algo… Pero, cómo pretender que esta gente que vive para pelear y delinquir tenga capacidad de gestión y gobierno, si la Presidenta decidió suspender una gira a China, primera potencia mundial, por temor a que el lelo de su vicepresidente le ocupara el sillón de Rivadavia.

Confían, eso sí, sanción mediante del matrimonio gay, obtener el 10% que les falta según sus optimistas cálculos para ganar el año que viene en la primera vuelta. Tales sus especulaciones. En eso se les va la vida, las energías, los dineros del Estado. Así se sienta la CHA, la comunidad homosexual argentina, a negociar con los representantes del Pueblo y la Nación en el Congreso. El 10% del padrón, que supuestamente vienen a representar ellos. Durante la noche del 22 de mayo, los ex combatientes contemplaron estupefactos como el homenaje a los héroes de Malvinas, en el Cenotafio de Plaza San Martín, permanecía a oscuras y sin bandera, mientras el monumento de los ingleses, enfrente, lucía espléndido e iluminado. Tales las caras de la moneda de los que son los Kirchner, cada vez más obscenos, con el maquillaje que se les cae a pedazos, como sus montajes de cartón piedra.

En el día de hoy hemos vuelto a ser conmovidos por la barbarie del sionismo israelí, asesinando en un acto de terrorismo internacional de alto vuelo, a cantidad de socorristas que acudían en procura de romper el cerco existente sobre el pueblo palestino. Por protestar contra el apartheid sionista y la limpieza étnica del pueblo palestino, en un acto de la colectividad judía de esta Ciudad, el año pasado –conmemoración de la creación del Estado de Israel en la Avenida de Mayo-, el militante social Roberto Martino ha sido encarcelado, cumple condena en la cárcel de Marcos Paz.

La misma colectividad judía que decidió ser la única de las 80 colectividades residentes en esta tierra demasiado generosa en no participar del desfile de las colectividades en el Paseo del Bicentenario. Supuestamente por temor a las agresiones de los “antisemitas”. A ver si nos entendemos, hablamos de la 4ta. colectividad judía del planeta. Seriamente creían las autoridades de la DAIA y la AMIA que iban a ser agredidos por nazis locales. Cómo es que entonces en sus festividades religiosas no tienen temor de ninguna índole al colocar sus símbolos ornamentales, sus objetos de culto, sus sagrarios, móviles de gran tamaño, en las intersecciones de las grandes avenidas de populosos barrios. O no es más legítimo y honesto confesar que los judíos no se sienten parte de este pueblo, de esta Nación, siendo su Patria Israel, la tierra prometida a la cual remiten su tributo. O porque acaso iba a resultar escandaloso pretender un permiso especial para usar su propia fuerza de seguridad, como lo hacen en todos sus actos desde los tiempos de la dictadura –eran los únicos actos políticos permitidos-.

Quiero terminar esta apasionada reflexión con una referencia al peronismo y los próximos meses de actividad política. Puntualmente a la interna Kirchner-Duhalde, a una meditación que supe leer hace una semana del compañero Jorge Rulli, -la cual entiendo haber podido capturar en lo medular de su análisis-. Rulli habla allí de “enterrar al peronismo”. Enterrar es la inevitable referencia a un cuerpo muerto y en avanzado estado de descomposición. A un cadáver. No vamos a polemizar sobre cuándo dejó de existir ese movimiento pseudo revolucionario. A mi humilde entender, el 26 de mayo de 1946, día en que Perón disuelve por decreto al Partido Laborista para crear la verticalidad del PJ, fecundando desde su esterilidad un movimiento político de corruptos, mediocres, cobardes, trepadores, vendepatrias, tartufos, traidores, narcos, simuladores, robapatrias.

Cuando un cadáver político no es enterrado por demasiado tiempo, acá es donde nos va a complicar ponernos más menos de acuerdo, inexorablemente genera pestes, epidemias, riesgo de enfermedad y muerte para todo el cuerpo social.

En diciembre de 2001 estalló el sistema representativo de la Argentina y no volvió nunca más a reconstruirse. Duhalde asume el 1º de enero de 2002, ante el estruendo de los cacerolazos, el alarido de “Qué se vayan Todos” y el nacimiento de 350 asambleas barriales en todo el territorio, expresión de democracia semidirecta que comenzó de forma acelerada e inmadura a articularse, para dar paso luego de los asesinatos de Santillán y Kostecki y la impresionante movilización del 9 de Julio, a un llamado de elecciones anticipadas.

Comete allí el error histórico de “traer al loco¨, como ahora se solaza en predicar, error que él sólo puede redimir, según sus palabras, echándolo. A ver si nos entendemos, Duhalde se arroga una suerte de calidad metahistórica, vendría a ser como la Voz de Dios, o el Gran Elector, enviado vaya a saber desde cuál rincón de Averno, para permitirnos a todos los argentinos ser más productivos y felices. En toda esta jerigonza lamentable, llega a denunciar haber visto al “pingüino” hacerse encima de miedo durante el 2002, prueba irrefutable de que realmente lo “eligió” porque el santacruceño le puso sobre el escritorio un enorme bolso lleno de dólares como dicen los que estaban cerca.

En esos arrebatos de verborragia que suelen atacarle, habla de que a él sólo van a poder pararlo con un francotirador con muy buen pulso. Claro que el premio consuelo de su hazaña, haber puesto y sacado al “Loco” a lo largo de una década infame, supone una nueva presidencia peronista, de un humilde servidor, para más datos. El hombre está convencido que nació a la política de un repollo, que no tiene nada que ver con la anterior década infame que supo conocerlo como vicepresidente de la Argentina narco y de remate.

Lo único que cabe decirle seriamente a Duhalde, sin eufemismos. Es que si es su deber moral sacar al “Loco”, que lo haga de la forma más drástica y personal posible. Por mucho menos plata mandó a asesinar a dos piqueteros en Avellaneda. Y después, que tenga los cojones para apuntarse él mismo a esa enorme cabeza. Que tenga a bien no seguir “equivocándose”. Va a pasar a la Historia, y, de alguna forma, va a quedar bien con su alma en pena. Porque de otra modo, el enfrentamiento que está alentando, va a suponer en esa brutalidad del choque de barras bravas que planifica, la muerte de cantidad de inocentes y el riesgo de una guerra civil.

Que nos ahorre el trabajo sucio, de todas formas. Si no entierran el cadáver político del peronismo que huele mal a kilómetros, a décadas, sus responsables, a fin de impedir la peste social, la enfermedad moral, el caos, la guerra, el hambre, la desocupación, la miseria. Lo más probable es que no nos quede otro camino que el del fuego purificador. El santo remedio de un incendio enorme.

-1-

http://www.demodirecta.blogspot.com/

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