¿Que se dice, cuando se dice “Soy Progresista”?

ACERCA DE LA NATURALIZA LIBRECAMBISTA DEL LLAMADO “PROGRESISMO”

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x Enrico Udenio -1-

Durante los últimos días se intensificaron los ataques que, desde hace varios años, se vienen cometiendo contra el periodismo opositor y todo intelectual que no adhiera a las ideas que quiere imponer el oficialismo. Los generadores parecerían ser la izquierda nacionalista y populista, el multifacético y difuso progresismo argentino, y el gobierno del peronismo K. La exacerbación máxima de esta agresión fue la pantomima de un juicio popular que la ya hiperpolitizada y pro kirchnerista Hebe de Bonafini organizó en Plaza de Mayo contra diferentes periodistas.

En el campo de lo “nacional y popular” (la cultura “Nac y Pop”), se justifica la violencia contra los opositores como la mejor forma de defender los intereses de la nación y de su pueblo, acción que se asemeja a la de los fascistas de la primera época de Mussolini (1921-1924) (1).

A través de una distorsión del concepto de “progresismo”, los derechos humanos son sólo derechos para unos y no para todos, y lo “políticamente correcto” es una especie de pensamiento único al que hay que someterse para no ser calificado como “fascista, gorila o cómplice de la dictadura militar” (2).

El oficialismo disfraza sus intenciones de gobernar el país con un elevado centralismo totalitario detrás del argumento de la “gobernabilidad”. En este caso, Cristina Fernández de Kirchner se asemeja más a una reina sin corona que a la presidente de una nación democrática y republicana.

Ahora bien, si juntamos los discursos de la izquierda nacionalista y populista y el progresismo oficialista, y lo agitamos en un imaginario coctel, su resultado será muy cercano al progresismo fascista (o fascioprogresismo), un término acuñado en España para hacer referencia a una izquierda que tiene un discurso nacionalista y democrático pero que, en sus acciones, es sectaria y totalitaria.
Podríamos decir que éste es el progresismo que lleva adelante el actual gobierno argentino. Un fascioprogresismo que recibe la adhesión de muchos honestos y auténticos progresistas que, aunque están en desacuerdo con la corrupción y las formas totalitarias de los Kirchner, terminan aceptándolo porque creen que es el único camino posible para el progresismo en la Argentina.

EL PROGRESISMO FASCISTA

Los que no nos dejamos arrastrar por esta corriente, necesitamos reaccionar ante el elevado nivel de violencia que se está llevando a cabo contra los periodistas e intelectuales que no adhieren al Gobierno, y debemos ser más claros y contundentes a la hora de denunciar a este fascioprogresismo que se ha instalado en el país.

EL NACIONALISMO POPULAR

“Entre más violento y terrorífico sea el movimiento fascista más apoyo popular tiende a tener”. William Ebenstein, Doctor en Piscología y Licenciado en Literatura. Máster y director de la Universidad de New York..

En estos primeros años del siglo XXI, hay grupos nacionalistas que enarbolan propuestas populistas bajo denominaciones como “nacional y popular”, “nacionalista revolucionario”, o “izquierda nacional”, siendo el polo opuesto de los principios liberales. Adhieren a un intervencionismo gubernamental en todas las esferas sociales y económicas. Rechazan gran parte de las libertades individuales, la economía capitalista privada, la libertad de opinión y de prensa, y la construcción de instituciones independientes del Estado, porque consideran que todos ellos son instrumentos del “imperialismo yanqui, del liberalismo conservador oligárquico y del gran capital financiero” (2) para lograr la explotación y sumisión del pueblo.

Todos estos grupos nacionalistas se caracterizan por una exacerbada fobia hacia lo externo, al mismo tiempo que idealizan la cultura nativa. La impronta marxista se evidencia en un ferviente anti capitalismo y en la incorporación de buena parte de las ideas totalitarias del comunismo y del fascismo. Justamente, sus principios políticos y económicos se asemejan al fascismo italiano de los años 1925-1932, cuando se promovió el unipartidismo, y el capitalismo aceptado era el del Estado en combinación con las empresas amigas del régimen. En aquel entonces, sólo adhiriendo al gobierno, el pueblo podía acceder a las ventajas sociales que el fascismo implementaba.

El nacionalismo popular argentino, mantiene una relación muy conflictiva con la oposición, ya que los adversarios políticos son considerados enemigos con los que no hay que dialogar ni mucho menos negociar. Su concepto ideológico de base es que hay fuertes intereses contrapuestos con proyectos antagónicos. Por un lado, el nacional popular que defiende la soberanía económica y promueve la justicia social, y por el otro, el imperio que abona el campo antipopular y se apropia de la riqueza del país con la ayuda de “los traidores nativos, las oligarquías vernáculas y los grandes poderes mediáticos coloniales” (2). De esta matriz surgen los constantes escraches a los intelectuales y periodistas que piensan distinto. La principal meta es impedir que promuevan sus ideas.

El principal objetivo de los escraches a los intelectuales y periodistas
que piensan distinto es impedir que promuevan sus ideas.

Desde la visión binaria izquierda-derecha, se ven a sí mismos como de izquierdas pero rechazan las ideas institucionales promovidas por la socialdemocracia y/o el centro izquierda. No valoran el sistema democrático multipartidista que promueve la alternancia en el poder, sino que, todo lo contrario, consideran que las limitaciones constitucionales que existen para las reelecciones de los gobernantes son una imposición del poder “liberal y conservador” buscando evitar la permanencia de gobiernos “revolucionarios”.

El galardonado periodista español Ramón Muñoz escribió en una nota en España el siguiente comentario al que considero apropiado para incorporarlo aquí: “Una parte de la izquierda ha sido siempre reacia a sacar sus demonios del armario. Y cuando lo ha hecho, ha sido bajo la consigna de que no se puede poner en el mismo plano a las dictaduras de izquierdas y de derechas, puesto que las primeras cometieron sus excesos criminales guiadas por principios humanistas de igualdad y solidaridad, mientras que las segundas se sustentan en el egoísmo y en el mal. Bajo esa aura de superioridad moral, los tiranos del socialismo han gozado de la comprensión y la tolerancia de muchos integrantes de la intelectualidad.”

En general, la cultura “Nac y Pop” objeta las reformas sociales graduales porque adhiere con vehemencia a las utopías revolucionarias, siempre y cuando, desde ya, éstas no provengan desde la derecha.
Dentro de este confuso marco ideológico, la gran mayoría de los nacionalistas populistas piensa que los gobiernos socialistas de Chile, Uruguay y Brasil no son, en realidad, de “izquierdas”, ya que al acordar pautas administrativas con el centro y la derecha, y planes económicos con el capitalismo, pierden la razón de su existencia según su forma de entender al socialismo en América Latina. Sintetizado en pocas palabras, la cultura “Nac y Pop” intenta reinventar al socialismo democrático definiéndolo sólo como una doctrina de “liberación nacional, unión latinoamericana, antiimperialismo y socialismo del siglo XXI”. Es obvio y entendible, por lo tanto, el hecho de que se solidaricen con los gobernantes de Venezuela, Cuba, Bolivia y Ecuador, ya que éstos son los que conducen este discurso.

EL FASCIOPROGRESISMO

“El progresismo es el sumidero por donde se han ido las auténticas ideas de la izquierda”. Julio Anguita (1941-) Ex secretario del Partido Comunista español y actual líder de la Izquierda Unida de su país.

En primer lugar, el progresismo no es una ideología y carece de una raíz socialista. Es, básicamente, un concepto liberal. Se originó en España, en donde a los liberales, que tenían como meta principal las libertades públicas, se los denominaban progresistas. Era lógico que así lo fuera. La esencia de estos liberales era promover ideas avanzadas a través de los cambios de las pautas conservadoras y totalitarias existentes en aquellos momentos.

En segundo lugar, aclaremos que en el presente argentino, muchos de los actuales progresistas son bienintencionados, honrados y decentes, pero que no se animan a contradecir aquellos términos nacionalistas y populistas que son “políticamente correctos”. Esto ha llevado a que cierto progresismo nacional acepte buena parte de los principios “Nac y Pop” que promueven una subordinación de las libertades individuales en beneficio del Estado y el Partido. Con ello, el progresismo quedó en manos de gente autoritaria, en su mayoría, nacionalistas, populistas y antiguos marxistas reciclados. Esto no sería una novedad, ya que, en sus momentos, el comunismo y el fascismo también se autodenominaron “progresistas”.

El auténtico progresismo no es una ideología y carece de una raíz socialista. Es, básicamente, un concepto liberal.

En esta particular progresía argentina, a la que identificamos como “fascioprogresismo”, el Estado predomina sobre el ciudadano y lo grupal por sobre lo individual. Esto los lleva a imponer la idea de que los derechos humanos son sólo derechos para unos y no para todos. Por lo tanto, considera que los abusos totalitarios del régimen castrista o del chavismo no son violadores de esos derechos porque acuerdan con sus principios ideológicos. Algunos fascioprogresistas incluso van más lejos: aceptan las agresiones y el vergonzoso sometimiento de la mujer que el fundamentalismo islamista realiza porque lo evalúan como un fenómeno normal y propio del multiculturalismo.
Esta distorsión que tienen de los derechos humanos los ha llevado incluso a conceder a los asesinos y delincuentes iguales derechos que a sus víctimas.

Es evidente que al fascioprogresista le cuesta entender el significado de la democracia republicana, porque en ella, el individuo es más importante que el Estado, concepto con el cual no acuerdan.

Recordemos que para los verdaderos progresistas, es el gobierno el que le debería temer a los ciudadanos en vez de que sean éstos los que le temen al poder político, como sucede actualmente en nuestro país.

LOS MONARCAS SIN CORONA

“Reyes o gobernantes no son los que llevan cetro, sino los que saben mandar.” Sócrates (A.C. 469-399) Filósofo griego.

El apoyo al Gobierno de los Kirchner ha conducido a los fascioprogresistas a enfrentar grandes contradicciones.
Son anticapitalistas y antinorteamericanos, pero aceptan que las élites del capital nacional hagan extraordinarios negocios, vergonzosas coimas mediante. Pero la contradicción económica más alevosa se da cuando observan que mientras el desempleo y la pobreza se siguen expandiendo en la sociedad, el matrimonio presidencial y casi todos los funcionarios y empresarios allegados se hacen multimillonarios. Algunos fascioprogresistas, para paliar esta contradicción, argumentan que es “una moralina chiquita denunciar una coima mientras el coimero evite el robo grande de la entrega del país” (2). Con esta actitud están afirmando que lo primordial son los “principios ideológicos” y que son capaces de pactar hasta con los peores exponentes del ser humano en aras de esos principios. Un buen ejemplo de esto lo vemos en Martín Sabbatella, el ex intendente de Morón y actual diputado pro-K, que en un reportaje declaró que prefería a un izquierdista deshonesto que a un derechista honesto.

El discurso oficial se expande a través de los periodistas sometidos al Gobierno, a los que desde el poder se premia con contratos y concesiones para que camuflen o silencien todo aquello que puede perjudicarlos. Desde los medios de comunicación afines –que ya son numerosos- propagan el pensamiento único oficial y fustigan con violencia a los periodistas e intelectuales que se oponen o denuncian lo que consideran mentiras del “modelo kirchnerista”. En realidad, los medios oficiales no informan, sólo se limitan a hacer propaganda de los actos y las ideas del Gobierno nacional, y a opinar denostando e insultando a los que piensan diferente.

En su discurso, los Kirchner afirman creer en las instituciones, el federalismo y la república con su indispensable división de poderes, pero en realidad las someten, asfixian y colocan en “terapia intensiva”. Gran parte de la sociedad es manipulada y controlada a través, principalmente, de la descomunal “caja” con que cuentan. Emplean las subvenciones para generar clientelismo y sumisión, y el discurso estatista y la política de derechos humanos incluido el enjuiciamiento del terrorismo de Estado, para agrupar detrás de sí a los confesos ideológicos honestos.

Desde ya, mantiene una relación tensa con la Iglesia, porque es el único poder interno que sabe que no puede controlar; y, como el matrimonio Kirchner no puede incidir ni doblegar a las organizaciones del exterior, siente pánico ante la posibilidad de que se auditen las estadísticas, los datos y las cifras oficiales económicas y sociales de la Argentina, porque su resultado pondría de manifiesto la manipulación de la realidad que el Gobierno viene ejecutando desde el año 2006.

Los Kirchner sienten pánico ante la posibilidad de que las organizaciones del exterior auditen
las estadísticas, los datos y las cifras oficiales económicas y sociales del país,
porque su resultado pondría de manifiesto la manipulación de la realidad argentina.

Es que, sin dudas, los verdaderos datos mostrarían que el país, de la mano del fascioprogresismo, retrocedió, se dividió en odios, creció la delincuencia, perdió empleos privados, avanzó la pobreza y se ensancharon las diferencias entre ricos y pobres, y hoy ocupa los primeros puestos mundiales en inflación y en carencia de inversiones.
Los funcionarios no pueden dar respuesta coherente a las inquietudes de la población porque viven en auténticas burbujas que les impiden conocer a los ciudadanos y a sus dramas diarios. Para estos funcionarios, la inseguridad es una sensación promovida por los principales medios de comunicación, y la inflación es sólo algunos aumentos puntuales de productos estacionales. Desde sus residencias vigiladas, coches blindados, salarios y viáticos estelares y demás privilegios “extras” manchados por la corrupción, desconocen la pobreza, la inseguridad en las calles, el tremendo deterioro de la convivencia y del respeto por el otro, y muchas otras tragedias cotidianas que, para la mayoría del pueblo, han convertido a la vida en una miserable lucha por la dádiva del monarca.

Este particular “progresismo argentino” intenta invadir todos los espacios en el que la sociedad necesita desarrollarse en libertad e independencia, como son las universidades, los sindicatos, la patronal empresarial, las asociaciones de derechos humanos, los medios de comunicación, ONG y fundaciones. En todos estos últimos años, el Estado no paró de crecer a costa de la pérdida del poder ciudadano.
Los delicados equilibrios entre la libertad democrática y republicana, y el poder público, se rompieron.

Lamentablemente, mientras estén el poder, no hay posibilidades reales de que la Justicia los demande, matrimonio presidencial incluido, por sus abusos y sus deshonestidades, o impida sus privilegios, algunos verdaderamente tan escandalosos que podrían ser comparables con los que disfrutaban los monarcas, los nobles y el clero, en la época del absolutismo monárquico.

Parecería que el país tuviera una reina sin corona en lugar de una presidente.
Parecería que cuando el Gobierno Nacional habla de “gobernabilidad”, lo que quiere decir, en realidad, es que quiere gobernar con la sumisión de los otros poderes de la Nación, incluido el cuarto: los medios de comunicación.

UNA CUESTIÓN DE TIEMPO

“El tiempo descubre la verdad.”Lucio Anneo Séneca (A.C. 3-65 D.C.) Filósofo y escritor hispano que residió en Roma.

Recordemos que, varias décadas atrás y durante los gobiernos peronistas y las dictaduras militares, la derecha argentina hablaba de tolerancia pero pregonaba la persecución de todo lo que oliera a izquierda. Durante muchísimos años, tener afinidad con el socialismo era ser perseguido y ser mencionado en forma despectiva como “zurdo”.
Durante los actuales años, la situación se invirtió: muchos progresistas de la izquierda K –los fascioprogresistas- hablan de tolerancia, pero no soportan la disidencia y llaman “fascistas y gorilas” a los que ejercen ese pensamiento opositor.

Lo menos que puedo decir a esto es que es curioso. Supongo que deben ignorar lo que es, en realidad, el fascismo como ideología, ya que es, justamente, el accionar agresivo y totalitario de los “Nac y Pop” y de los “progresistas K” lo que huele a cierto aroma fascista (3).

Así como no se puede gobernar sin tomar en cuenta los intereses de la izquierda y de las clases más populares, tampoco se puede gobernar sin la derecha y sin aceptar los intereses de las grandes corporaciones, empresas e inversores privados.

Pero no tenemos que desesperar. De la misma manera que la derecha parece que comenzó, por fin, a concientizar que no se puede gobernar sin tomar en cuenta los intereses de la izquierda y de las clases más populares, llegará el momento en que, desde la otra vereda, también llegarán a la conclusión de que tampoco se puede gobernar sin la derecha y sin aceptar los intereses de las grandes corporaciones, empresas e inversores privados.

Por lo tanto, es una cuestión de tiempo que el socialismo democrático y republicano se haga dueño de la izquierda argentina y encuentre puntos de acuerdo con el centro y con una derecha democrática. Con esta conjunción de voluntades con diferentes ideologías pero reunidas detrás de un proyecto en común, podremos generar un desarrollo más auténtico y genuino en trabajo y capitales, que vaya reemplazando a la dádiva y a la mendicidad existente.

Enrico Udenio
29 de abril 2010
Autor de “Corazón de derecha, discurso de izquierda”, Ugerman Ed.(2004); y “La hipocresía argentina”, Ed.DeLaRed, 2008.
(1) El septiembre de 1919, en la ciudad de Florencia, Italia, y en ocasión del primer Congreso de los Fascios, Benito Mussolini dijo: “Nosotros, los fascistas, no tenemos doctrina pre-constituida; nuestra doctrina es el hecho, la acción.”
(2) Algunos calificativos utilizados en los principales medios oficialistas y “Nac & Pop”.
(3) Antes que nada, hay que dejar en claro que el fascismo fue único y se dio en Italia. Todos los demás movimientos parecidos, como el del peronismo en la Argentina, son sólo adaptaciones y/o aproximaciones. Recordemos que el término “fascismo” implica la utilización de la violencia para lograr los fines deseados. En su definición política se refiere a la organización totalitaria de un gobierno y de la sociedad, constituida en la dictadura de un sólo partido, intensamente nacionalista. Puede ser tanto de izquierda como de derecha. Los gobernantes fascistas incentivan la hostilidad de la gente en contra de enemigos reales o imaginarios y son propensos a las especulaciones conspirativas.

-1-

http://www.losanteojosdeltata.com.ar/noticias_detalle.php?id=722

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