HOY 20/11, ES EL DIA DE LA SOBERANÍA: ¿Cuando se va a enseñar la verdadera historia Argentina?

Tres historias de verdaderos defensores de la Soberanía Nacional, entre muchos otros y algunos anónimos, olvidadas y relevantes

“ He aquí la aristocracia, la más terrible, porque es la aristocracia del dinero (…) Échese la vista sobre nuestro país pobre: véase que proporción hay entre domésticos y asalariados y jornaleros y las demás clases, y se advertirá quienes van a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo, es una pequeñísima parte del país, tal vez no exceda de la vigésima arte (…) ¿Es posible esto en un país republicano? ¿Es posible que los asalariados sean buenos para lo que es penoso y odioso en la sociedad pero que o puedan tomar parte en las elecciones?” El argumento de quienes habían apoyado la exclusión era que los asalariados eran dependientes de su patrón. “Yo digo que el que es capitalista no tiene independencia, como tienen asuntos y negocios quedan más dependientes del Gobierno que nadie.. A esos es a quienes deberían ponerse trabas (…) Si se excluye a los jornaleros, domésticos, asalariados y empleados. ¿entonces quiénes quedarían? Un corto número de comerciantes y capitalistas”. Y señalando a la bancada unitaria: “He aquí la aristocracia del dinero y si esto es así podría ponerse en giro la suerte del país y marcarse (…) Sería fácil influir en las elecciones; porque no es fácil influir en la generosidad de la masa, pero si en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso, hablemos claro: ¡el que formaría la elección sería el Banco!” (Gral. Manuel Dorrego, héroe de la Independenica de América)

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1.- Andrés Guazurary “Andresito” (reseña)

San Francisco de Borja, actual São Borja, ca. 30 de noviembre de 1785Río de Janeiro, ca. 1825) fue uno de los primeros caudillos federales de la Argentina. Gobernó entre 1811 y 1822 la Provincia Grande de las Misiones, de la cual la actual provincia argentina homónima es sólo un remanente. Fue uno de los más fieles colaboradores de José Gervasio Artigas, quien lo apadrinó; por su amistad con éste llegó a ser llamado “Andresito Artigas”.

Era de familia guaraní, lo que —de no haber mediado Artigas— le hubiera excluido de la oficialidad de la época.

el protagonismo histórico de Andrés Guazurary se inicia cuando en 1811 se sumó a las tropas de Manuel Belgrano en el intento de la expedición para libertar al Paraguay de los realistas, luego acompañó a Belgrano hasta la Banda Oriental con el mismo objetivo, sin embargo al ser desplazado Belgrano de la dirección de las tropas y ser suplantado por el unitario José Rondeau, Guazurary decidió adherir a los federales liderados por José Gervasio Artigas.

 

Guazurary fue el principal capitán en la defensa argentina de los extensos territorios ubicados entre el río Paraná al oeste y el río Yacuy al este durante las invasiones luso-brasileñas. En 1815 venció a los invasores en La Candelaria (cerca de la actual ciudad de Posadas), liberando luego Santa Ana, San Ignacio Miní y Corpus. En septiembre de 1816 cruzó el río Uruguay en Itaquí; derrotó nuevamente a las tropas brasileñas, logrando así liberar gran parte de las Misiones Orientales, en la extensión llamada El Tapé (el camino, en guaraní; en este caso, el camino hacia los puertos del Atlántico). Nuevamente victorioso en la batalla de Rincón de La Cruz, puso sitio a su ciudad natal, pero los refuerzos que llegaron a auxiliar a los defensores lo obligaron a retirarse nuevamente tras el río Uruguay.

Los lusobrasileños pasaron nuevamente a la ofensiva, avanzando sobre la barra del Aguapey. El 17 de enero de 1817, por órdenes del gobernador de Río Grande del Sur, al mando de Francisco das Chagas Santos invadieron las Misiones mesopotámicas, saqueando y destruyendo las poblaciones de La Cruz, Yapeyú, Santo Tomé, Santa María, Mártires, San José, San Ignacio Miní, Apóstoles, y San Carlos. Sin embargo, Guazurary les hizo frente en estas últimas dos plazas, derrotándolos y obligándolos a retirarse; la situación le permitió pasar a la contraofensiva teniendo como principales lugartenientes a Sití y Mariano Mverá, avanzando hasta reconquistar San Francisco de Borja y gran parte de las Misiones Orientales.

En esas circunstancias, el Comandante General de Misiones Andrés Guazurary (cargo para el que había sido designado a fines de 1814 por el líder de la Liga de los Pueblos Libres, José Gervasio Artigas), en marzo de 1817 fundó en la barra del río Miriñay, la nueva capital misionera: Nuestra Señora de la Asunción del Cambay. A principios de mayo Guazurary recuperó todo el territorio abandonado por portugueses y paraguayos y luego logró derrotar a das Chagas Santos, quien había vuelto a invadir Misiones, en Apóstoles el 2 de junio de 1817.

Entre 1818 y 1819 Guazurary atendió el frente interno por indicación de Artigas. Marchó sobre Corrientes, caída en manos de militares afines al poder central porteño, y expulsó a los unitarios. Hasta 1819 ejercería la gobernación de la provincia con decisión y vigor, propiciando una reforma agraria y liberando a esclavos aborígenes y negros.

Empero en 1819 los lusobrasileños contraatacaron; Guazurary era el único caudillo preparado para enfrentarlos, por lo que avanzó hasta la frontera e intentó sitiar Chagas. Los brasileños, apoyados por tropas frescas recién llegadas de Porto Alegre y Alegrete, le hicieron frente en el combate de Ita-Curuví. El desigual encuentro fue desastroso para las fuerzas de Guazurary; muchos de sus hombres, entre ellos el ruvichá Tiraparé, cayeron en combate y se vio obligado a abandonar el campo, con la idea de volver a formar sus tropas en la margen occidental del Uruguay. Sin embargo fue hecho prisionero por los brasileños cuando intentaba cruzar el río. Fue enviado envuelto en un pellejo de cuero crudo (el cual al secarse le dificultaba la respiración) a la prisión de Porto Alegre, y de ahí a Río de Janeiro. Se cree que murió prisionero en las mazmorras de la Ilha das Cobras, probablemente en 1821; otras fuentes afirman que fue liberado por mediación del español Francisco de Borja Magariños y enviado a Montevideo, muriendo allí por los problemas de salud ocasionados por su prisión. La provincia de Misiones emitió un decreto para que se investigue el paradero de su cuerpo, y se repatrien sus restos.

 

2.- “EL BRAVO SAYHUEQUE” (reseña)

Valentín Sayhueque (18308 de septiembre de 1903) fue un cacique mapuchetehuelche en la región cercana al lago Nahuel Huapi, en la Patagonia argentina.

Fue uno de los caciques más importantes de la Patagonia oriental. Hijo del cacique Chocorí, de ascendencia mapuche y madre tehuelche, nació hacia 1830. Para esos tiempos Juan Manuel de Rosas ya presentaba su proyecto de lucha contra los pueblos de la Pampa y la Patagonia a la Legislatura de la provincia de Buenos Aires. La idea de Rosas era avanzar hacia el sur del río Colorado y remontar el río Negro para dominar a los pueblos mapuches y tehuelches, ya sea originarios de la región o procedentes de la Araucanía en Chile.

En ese clima nació Sayhueque, cuando los ganaderos de Buenos Aires impulsan el avance hacia los territorios pampeanos bajo control indígena, la idea del exterminio o expulsión de los indígenas en nombre del avance de las fronteras y la civilización fue patrocinada por Julio Argentino Roca que en 1878 desestimó la posesión del País Mapuche por la fuerza, pero pone distancia entre su palabra y los hechos que promueve; Estanislao Zeballos que estudió La Pampa y la Patagonia y aconseja ganarse la amistad y la confianza de Sayhueque, pero a la vez considera que se debe ser implacable con los pampas, puelches, ranqueles y salineros; Napoleón Uriburu que decide cruzar el río Neuquén y hostiliza y persigue a los mapuches.

Gobierno de las Manzanas

Las buenas relaciones y la paz predominaban bajo la férrea jefatura de Sayhueque y se extendía a varios caciques y capitanejos del Neuquén que entonces se denominaba “País de las Manzanas”. Tenía fama de hospitalario y poseedor de riquezas expresadas en ganado, caballadas y platería.

Reconocido como autoridad por Buenos Aires, era amigo y compadre de Francisco Pascasio Moreno. Residía en Caleufú y sus relaciones con el gobierno eran buenas, porque los “manzaneros” eran ganaderos y cultivaban sus fértiles tierras y no participaban en los malones directamente, sino como intermediarios comerciales con Chile, Sayhueque además se consideraba argentino. Por otra parte, Roca quería evitar que sus 5.000 lanzas apoyaran al renombrado Manuel Namuncurá (hijo del temible Calfucurá y padre de Ceferino Namuncurá) que dominaba la región pampeana con sus malones, y a quien había logrado neutralizar militarmente en la primera etapa. En 1863 firmó un tratado de paz con el gobierno de Buenos Aires.[5]

Por 1870 fue visitado en sus toldos manzaneros del sur neuquino por el marino y explorador inglés George Chaworth Musters. Estuvo varios días con su comitiva tehuelche y fue muy agasajado. “El gran Choeque (así lo escribió Musters en su libro) hombre de aspecto inteligente, como de treinta y cinco años de edad, bien vestido con poncho de tela azul, sombrero y botas de cuero”. Coincidió la visita con un parlamento en el cual se rechazó la propuesta de Calfucurá de un malón a Bahía Blanca. “Este cacique tenía plena conciencia de su alta posición y de su poder; su cara redonda y jovial, cuya tez, más oscura que la de sus súbditos, había heredado de su madre tehuelche, mostraba una astucia disimulada, y su risa frecuente era algo burlona” diría Musters,[6] quien fue despedido amigablemente. En 1872 visitó a Sayhueque el mayor Mariano Bejarano enviado por el gobierno a “tomar todos los datos posibles sobre el número de indios que haya en esa parte y trayecto que siguiere, calidad de los campos, clase y situación de las aguadas, etc., y todo cuanto pudiere interesar al conocimiento de esas regiones”.[7] Bejarano fue testigo del rechazo por Sayhueque del ofrecimiento de dos banderas que le traía un emisario del ejército chileno: “el Cacique las devolvió, diciendo que él era argentino”.

Pero quien tal vez le expresó el mayor aprecio y lo distinguió con su amistad fue el después perito Francisco P. Moreno, su compadre, a quien en cierta ocasión lo retuvo medio secuestrado, aunque no por propia decisión sino por intervención de sus consejeros, que no querían que Moreno pasara a Chile. De su primer viaje y entrevista en 1875 anotaría después: “Shaihueque es un indio de raza pampa y araucana, bastante inteligente y digno de mandar en jefe las indiadas… es el jefe principal de la Patagonia y manda las siete naciones que viven en esos parajes: araucanos, picunches, mapuches, huilliches, tehuelches, agongures y traro huiliches”.[8] Tal vez su aureola de nativo pacífico tuvo algo que ver con aquella expresión de su padre de no enfrentarse con los blancos pues sus ropas de infante habían sido cristianas, lo que no debía olvidar.

“Guerra” del Desierto, encerrona, y genocidio

Durante la primera parte de la Campaña del Desierto, se producen confusos episodios: al parecer el coronel Uriburu se ha extralimitado y atacado más allá de donde le había sido ordenado.[9] En abril de 1879 Sayhueque consultó a sus caciques mayores, reunió un parlamento de guerreros y preparó a su gente. Uriburu inició las hostilidades. Contra lo esperado, ya que había tratados de paz vigentes, Sayhueque no ha recibido la convocatoria ordenada por Roca para conferenciar. Roca había escrito a Sayhueque, nombrándolo Gobernador de las Manzanas. ¿Contradicción o táctica? Roca ha estudiado las campañas contra los indios en EE.UU., y conocía la experiencia de los ingleses en la India: divide y reinarás. A unos prebendas, a los irreductibles, plomo. Sayhueque se dirigió a Uriburu instándolo a mantener la paz. Uriburu no contesta al pedido de Sayhueque. El conflicto es irreversible: mapuches y ejército se enfrentan en Auca Mahuida y en el río Agrio. Pero el territorio es amplio y los mapuches libran una guerra de guerrillas, golpeando al ejército en sus puntos débiles, sin que se produzcan grandes enfrentamientos.

En 1881 el general Conrado Villegas lanzó la Campaña al Nahuel Huapi, con el objetivo de batir a los indios de Sayhueque, que se estima, tenía en ese momento 1.000 lanceros y el gobierno ya no lo consideraba amigo. El ejército movilizó a 1.700 hombres en tres brigadas:

  • la primera brigada bajo el mando del teniente coronel Rufino Ortega realizó una breve campaña en la que enfrentó a Tacumán, hijo del cacique Sayhueque. Llegó al Nahuel Huapi el 3 de abril, dejando a su paso 23 indígenas muertos.
  • La segunda brigada a cargo del coronel Lorenzo Vintter, sorprendió cerca del Collon-Curá al cacique Molfinquéo tomando 48 prisioneros, en la búsqueda de Sayhueque dejo 17 indígenas muertos.
  • La tercera brigada al mando del coronel Liborio Bernal, en su camino hacia el Nahuel Huapi capturó a 140 indígenas y abatió a 45. Sin embargo los principales caciques seguían libres, “Prefieren morir peleando que vivir esclavos” y en 1882 realizan los últimos ataques.

La campaña de Villegas había expandido la frontera en 1882 a toda la Provincia del Neuquén, defendida ahora por 15 nuevos fortines y fuertes: 364 indígenas más habían sido muertos y más de 1.700 fueron nuevos prisioneros. El 5 de mayo de 1883 el general Villegas informaba: “En el territorio comprendido entre los ríos Neuquén, Limay, Cordillera de los Andes y Lago Nahuel Huapi; no ha quedado un solo indio, todos han sido arrojados a occidente.(…) Al sur del río Limay, queda del salvaje los restos de la tribu del Cacique Sayhueque, huyendo, pobre, miserable y sin prestigio”(…)[10] No obstante lo cual, en noviembre el gobernador de la Patagonia general Wintter dispuso el ataque final contra Sayhueque e Inacayal. El teniente coronel Lino Oris de Roa partió de Valcheta con tres columnas ligeras, buscando a Sayhueque por Tromeniyeu,Maquinchao y Yalalabat, pero el cacique se había esfumado.[11] Para entonces Manuel Namuncurá, extenuado, se había rendido con 330 de sus hombres. Los caciques, reunidos en un gran parlamento, intentaron organizar una defensa desesperada. Provistos de armas de fuego fueron al combate con el compromiso de pelear hasta morir. Varios caciques se vieron obligados a rendirse. Pero Sayhueque e Inacayal estaban dispuesto a batallar hasta el fin. En la Memoria del Departamento de Guerra y Marina se afirma que: “(…) se habían invitado recíprocamente con Sayhueque que estaba en el Norte para unirse y pelear a las tropas hasta morir. Que la vigilancia que se tenía en los toldos era grande, y que ellos no se separaban los hombres más que en reducido número y por pocas horas para bolear, teniendo al propio tiempo el encargo de bombear el campo y cortar rastros en todos los rumbos”.

Al unirse los caciques, acordaron una enérgica resistencia: “en Schuniqueparia había tenido lugar un gran parlamento, al que concurrieron Inacayal, Foyel, Chagallo, Salvutia, Rayel, Nahuel, Pichi Curuhuinca, Cumilao, Huichaimilla, Huenchunecul, Huicaleo y otros caciques en representación de su tribu y Sayhueque con todos sus capitanejos. “…Que el parlamento se arribó a la conclusión de no entregarse ninguno a las fuerzas del gobierno y de pelear hasta morir, debiendo prestarse recíproco apoyo las tribus entre sí. Que la señal de alarma convenida era prender fuego en los cerros, y que según su número y situación tenían su inteligencia explicativa, cosa que sólo era conocida por los caciques…”

Hay escaramuzas; el ejército les cierra los pasos. Pese al juramento de los jefes indígenas, los contrastes y la diferencia de armamento mella el ánimo de los nativos. No hay fuerzas ni ganado. Los chasques revelan que todo ha terminado, el ejército mapuche se desbanda. Únicamente las huestes de Sayhueque cabalgan libres, pero el cacique comprende que es una cuestión de tiempo. Agotado y desmoralizado, Sayhueque se entregó el 1 de enero de 1885 con más de 3.000 hombres. Muchos indígenas habían muerto en combate y los restantes libraron una última batalla el 18 de octubre de 1884.

Lo condujeron a Carmen de Patagones y de ahí a Buenos Aires, previa escala en Bahía Blanca, en el vapor Pomona.

Lo alojaron en Retiro donde pasó a ser, junto a su gente, un objeto de observación, precisamente en las fiestas de Carnaval. Los diarios de la época se hicieron eco de los sucesos. Lo fotografiaron, lo entrevistaron y lo vistieron de compadrito.

Se entrevistó con Moreno, con el Ministro de Guerra, con el Arzobispo, con el Presidente Roca. Pedía tierras para su gente. Un lugar para vivir en paz, un lugar para la dignidad.

El 1 de abril lo embarcan para la Patagonia. Quedan en Buenos Aires, presos, los capitanes fieles, su hijo, su familia.

Los llevan a Chichinales, cerca de la actual Villa Regina, donde estaba parte de su gente. Este es un destino transitorio, a la espera de las tierras prometidas, pero pasan así más de diez años.

En 1896 Sayhueque y su gente se acercan a las tierras asignadas. Son las lomas de unas sierras pedregosas, en Chubut, lejos de sus ríos y sus verdes.

Cuando se establecieron en el valle de Genua, ya la vida del cacique se apagaba.

Murió el 8 de septiembre de 1903 luego de que un ataque al corazón lo derrumbara durante una ceremonia ritual en Chubut. Lo asistió el salesiano Lino Carvajal, quien telegrafió la novedad al presidente Roca.[13

 

3.- LOS TEHUELCHES, los indios Argentinos


La amistad de los tehuelches con los criollos es anterior a la llegada de los colonos galeses a la patagonia. Es desde la llegada de la expedición de Magallanes y las otras posteriores.

Por un raro “designio de DIOS”, entablaron buena amistad y relaciones con las distintas expediciones de España (leer a Pigafetta el escribano de Magallanes), que les tomó y anotó la altura de los tehuelches, por parecerles muy altos. Por esas épocas los europeos eran más bajos entre 1,50 y 1,60 de estatura. Y los tehuelches tenían entre 1,75 a 1,85 de estatura. Ellos apoyaron y ayudaron a bajar las cargas, y a que pasaran el invierno en las costas de San Julián, lugar donde se impartió la Primera Misa en el Continente, acompañados por los naturales.

No ocurría lo mismo con los Británicos, sajones y holandeses, que los bien recibían pero siempre terminaban en guerra y a los lanzazos con ellos. (Ejemplo Francis Drake)

Desde ese primer testimonio, siempre mantuvieron Buenas Relaciones y las continuaron con los españoles y criollos que habitaron la patagonia y el territorio con posterioridad.

Los cazadores de focas y otras variedades leones y elefantes marinos, que cubrian las costas de la patagonia hasta la Tierra del Fuego.

Los gobernantes y virreyes, legislaron para ellos autorizándolos a ingresar a las poblaciones y vender los productos y frutos del país.

Son conocidas distintas expediciones terrestres, que utilizaron su guía, protección y ayuda.

Después de la conocida como Primera Invasión Británica, se unieron todas las tribus tehuelches y enviaron en representación cinco Jefes, que llegaron al Cabildo de Bs As (Diciembre de 1806 – Actas del Cabildo), para ofrecer su desinteresado apoyo y hombres para defender a “la PATRIA”. Ofrecieron 20.000 guerreros con cinco potros de guerra cada uno, con pecheras y cubrecabezas de 7 cueros para su protección. Y además como se esperaba una segunda invasión, pidieron ser los primeros en atacarlos después de su desembarco en el Río de la Plata.

Fueron amigos de Pedro Andrés Garcia (Jefe de la Campaña y organizador de la expedición a las Salinas Grandes, con más de 100 carretas, para traer una carga de Sal). de Juan Manuel de Rosas y trabajaban en sus campos, De Ramos Mexía que cargaba sal y la enviaba desde las Bahía Blanca al “saladero de Rosas” por barco.

De Piedra Buena, en la Isla Pavón en el Río Santa Cruz y sus distintas expediciones. De Ramón Lista, Carlos Burmeister hijo, de Francisco Moreno y del Gobernador Edelmiro J. Mayer. De los distintos Jefes del Fuerte de Carmen de Patagones desde su fundacion, y los ataques recibidos, por los Británicos y brasileños, donde se aliaron en ayuda. El listado es enorme.

Cualquier criollo o gaucho con problemas o que buscaban otros horizontes, sabían que en las tierras de los tehuelches serían bien recibidos.

Desde el sur de Córdoba y Santa Fé, hasta la Tierra del Fuego, la Raza Tehuelche era su dueña, con los distintos nombre que le pusieron los españoles:

Los Ranqueles, en el sur de Cordoba y San Luis.

Los Querandíes en las costas del Paraná desde Santa Fe.

Los Pampas en el vasto territorio central del país.

Los Poyas en la Región de los Lagos y el país de las Manzanas. (incluye al Comahue).

Al sur del Río Colorado los CHECHUELCHES, (la Nación de los CHE), Dice Casamiquela que fonéticamente la T o CH, era pronunciada como TZE, y que por comodidad se los mencionaba Techuelches, (en idioma “Chehuelche”: CHE significa Hombre, ó pueblo, ó nación.)

Al sur del Río Chubut habitaban los Patagones, Pueblo que envolvía sus pies con cueros, y los primeros españoles observaron huellas enormes de los pies y así los llamaron.

En la Tierra del Fuego, los ONAS y Yamanas.

Espero haber sido útil con esta incompleta información sobre nuestros amigos los CHEHUELCHES, la Nación de los CHE.

 

4.- LOS CACIQUES “ARGENTINOS”: CATRIEL

JUAN MANUEL DE ROSAS Y CATRIEL

por Rodolfo D. Bernardo

En el lapso de una semana entre los días 28 de agosto y 2 de septiembre, la Municipalidad de Azul y su Intendente Dr. Omar Duclós realizaron dos actos de reafirmación de la memoria azuleña. La inauguración de la plazoleta “Respeto a los Pueblos Originarios”, con el remozado monumento al Cacique Cipriano Catriel elevado en su antiguo terruño, y posteriormente el descubrimiento de un busto del prócer Brig.Gral. Juan Manuel de Rosas, en la plaza que desde 1974 lleva su nombre y que a partir de ahora ha sido transformada en un digno lugar de recreación para todos los vecinos del antiguo Barrio La Tosquera.

Así, nuestro partido bonaerense retoma sus raíces “pampas” y “criollas” que lo vieron nacer aún antes de la recordada fundación de hace mas de 170 años.

Y esta “quijotada” de hacer frente a la nueva “globalización” buceando en nuestros orígenes, es una demostración de que sólo tendremos futuro si no olvidamos nuestro pasado. El fuerte de San Serapio Mártir del Arroyo Azul, es un eslabón más del lento pero imparable avance de la civilización cristiana sobre el territorio de los pueblos indígenas que lo habitaban.

Si bien Azul tiene su día fundacional en el 16 de diciembre de 1832, cuando llega a estos parajes la caravana colonizadora dirigida por el lugarteniente de Rosas, el coronel Pedro Burgos; no es menos cierto que asentamientos aborígenes ya se encontraban establecidos desde hacia años, e incluso, también se había erguido un fortín, el de Santa Catalina o Cantón Azul, en campos que para la década de 1820 ya explotaban ganaderos como Don Prudencio Rosas, hermano del futuro Restaurador.

Corresponde señalar que durante esta década se abre y consolida la llamada nueva línea de frontera en nuestra provincia de Buenos Aires, dejando definitivamente atrás la que había sido hasta entonces su natural delimitación para los criollos, o sea, el Río Salado. Junín, 25 de Mayo, Tandil, Blanca Grande, Bahía Blanca, Tapalquén, Azul, etc., son los Fuertes que jalonan ese devenir histórico garantizando la colonización interior.

Los azuleños estamos acostumbrados a rendir anualmente un homenaje al Coronel Pedro Burgos como cabeza de nuestra fundación. Pero nada hubiera podido hacer Burgos si previamente no hubiera accionado, atando todos los cabos pertinentes, la visionaria política de Don Juan Manuel de Rosas. Por su paciente y firme decisión de acordar con los indios “amigos” la supervivencia de los nuevos establecimientos rurales al sur del río Salado, juntamente con la posibilidad de integración de dichos aborígenes a una nueva forma de vida sedentaria. Y por su capacidad para distinguir claramente a ellos, de las otras tribus que impedían por todos los medios su concreción.

Entre los representantes de esos pueblos originarios pacíficos, que aceptaban las nuevas reglas de la civilización, por contar con las garantías pactadas que salvaguardaban a su tribu, se hallaba sin discusión el Cacique Juan Catriel (“el viejo”). Acuerdos que con altibajos se extenderán por el tiempo y que veremos continuar en su hijo Juan, quien heredará la Jefatura catrielera en 1848 y a la muerte de éste, será sucedido por su nieto Cipriano Catriel -hijo de Juan- en 1867.-

Podemos citar distintas leyes o decretos fundacionales para cada uno de los pueblos enumerados, y otros que emergieron con posterioridad; pero todos los gobiernos del año 20 en adelante tuvieron que convocar a Rosas para la realización de la obra colonizadora, dado el fracaso de las políticas de exterminio del indio, que guiaban el pensamiento de Rivadavia y ejecutaban militares como el Gral. Martín Rodríguez o el coronel Federico Rauch.

Tras el mandato de Rodríguez, asume como Gobernador el Gral. Juan Gregorio Las Heras y éste sin dudarlo deposita en las manos de Rosas la solución pacífica para la conflictiva campaña bonaerense. Y así se lo hace saber directamente por carta: “Está el gobierno convencido que ninguna persona es mas apta que el señor coronel don Juan Manuel de Rosas para establecer bases sólidas y duraderas con los indios fronterizos…”.

Años después y concluido el desastre presidencial de Rivadavia, será el Gobernador Vicente López y Planes quien lo designará oficialmente como Comandante General de Campaña; cargo en el que será ratificado por su sucesor, el Gobernador Coronel Manuel Dorrego.

Cabe destacar que Rosas conocía profundamente el mundo indígena, hablaba correctamente el araucano en sus dialectos pampa y ranquel y sabía de sus costumbres y necesidades, y además respetaba a rajatabla los acuerdos asumidos para garantizarles su protección si vivían en paz con los cristianos. Al mismo tiempo que llevaba años empleando indios para trabajar tanto en sus establecimientos rurales como en aquellos que administraba.

Su prestigio era tal, que los porteños unitarios para mofarse y desacreditarlo, lo llamaban en sus periódicos “Ancafilú”, nombre de un cacique pampa que junto con Anepan y otros, habían andado maloqueando en venganza a las políticas represivas impuestas por esos grupúsculos supuestamente iluminados. Y al contrario, muchos indios se ponían el nombre de Juan o Juan Manuel o llevaron el apellido Rosas, en reconocimiento de su valía.

Será el propio Comandante General de Campaña, sólo, sin siquiera una mínima custodia, quien avanzará a parlamentar con los indios en Tandil, donde se acordó luego de varios días el amojonamiento de la nueva frontera con la colaboración de las mismas tribus. El persuasivo discurso de Rosas en lengua pampa, fue reproducido nuevamente, 80 años después por Adolfo Saldías. Posteriormente, en diciembre del año 25, se realizará el gran Parlamento del Guanaco al norte de Salinas Grandes, donde se acordaron las pautas de convivencia pacífica entre los indios ranqueles y las provincias signatarias del convenio: Córdoba, Buenos Aires y Santa Fe.

Frente a la anarquía impuesta por los decembristas en 1828 al mando de Lavalle, iniciada con el golpe de Estado que derrocará al Gobernador de Buenos Aires para culminar con el crimen de Navarro al fusilarse sin juicio previo a Manuel Dorrego; nuevamente nos encontramos con la figura de Rosas para restaurar las instituciones provinciales.

Se entrevistó en Santa Fe con su Gobernador el Gral. Estanislao López, y acordaron las medidas para reestablecer el orden. Contó para ello, con el indispensable apoyo de los indios pampas que se hallaban en las tolderías del Arroyo Azul. Y fue desde aquí, donde el Cacique Juan Catriel recibía por chasqui la información necesaria para coordinar las acciones militares pertinentes. Esa conjunción de fuerzas son las que terminaron derrotando a los autores del golpe -“Rivadavia y sus satélites”-; tal cual fueran denunciados en su momento por el Gral. San Martín al intentar su fracasado regreso a Buenos Aires.

Por el pacto de Cañuelas, será designado provisoriamente Gobernador de Buenos Aires el Gral. Viamonte. Y fue durante su mandato que por directa presión de Rosas se dictó el conocido Decreto del 19 de septiembre de 1829, relativo a la repartición de suertes de estancia en el Arroyo Azul que se venía retrasando desde hacía varios años. En él se delegaba expresamente su ejecución al Comandante General de Campaña D. Juan Manuel de Rosas. Una vez restaurada la legitima Junta de Representantes, llegará el turno de Rosas al cargo de Gobernador.

Terminado su primer período a cargo del Ejecutivo, él organizará y realizará hasta con fondos propios, la Conquista del Desierto que lo lleva con su tropa integrada con los indios amigos hasta el pie de la cordillera de los Andes, reafirmando nuestra soberanía patagónica, frente a anteriores incursiones del ejército de Chile sobre nuestro territorio.- Al culminar esta campaña Juan Manuel de Rosas en su Proclama de Napostá, el 28 de enero del 34 dirá: “… las bellas regiones que se extienden hasta la cordillera de los Andes y las costas que se desenvuelven hasta el afamado Magallanes quedan abiertas para nuestros hijos.”

A partir de su Expedición el negocio del malón para el arreo de miles de cabezas de ganado resultó seriamente truncado, pues todo su recorrido, pasando por la isla Choele-Choel y el resto del “camino de los chilenos”, quedó custodiado con puestos de milicia en guarniciones avanzadas que se protegían mutuamente. Negocio del robo y saqueo que contaba con la colaboración de cristianos blancos y con opositores al gobierno que veían en la anarquía de la campaña de Buenos Aires, sus posibilidades de acceso al poder político, como lo fueron los Carrera en el 20, o los hermanos Reinafé en el 30.

A su regreso de la campaña al sur en su paso por el Fuerte del Arroyo Azul donó su sable que lo acompañara en toda la Expedición al Desierto, el cual permaneció aquí frente a la imagen de la Virgen del Rosario. Lamentablemente, en el año 1862 fue vendido y los azuleños perdimos el significativo recuerdo que lo envolvía.

Al inaugurarse la plaza “Respeto a los Pueblos Originarios” y frente a la obra de reivindicación cultural de las raíces pampas, descendientes del Cacique Catriel, como Lucas Catriel, Marta Pignatelli Catriel y José María Catriel, agradecieron al Sr. Intendente Duclós por haberlos alentado en esta misión.

Y días después, el 2 de septiembre al descubrir el busto de “Juan Manuel de Rosas”, realizado por la artista local Sandra Domme, pudo decir el Dr. Duclós que mas allá de las distintas visiones históricas sobre lo que representó el gobierno de Rosas, es justo reconocer que ha sido un hombre fundamental para el desarrollo y bienestar de toda nuestra región.

Azul, de la Pampa a la Mancha y de allí al nuevo mundo global, pero siempre con el corazón anclado a nuestro terruño.

Azul, Pcia. de Buenos Aires 5 de septiembre de 2007.
Bibliografía perteneciente a la Hemeroteca de la Casa Ronco de Azul:

 


Cacique Pincén

Se llamaba Pincén. Tenía 70 años cuando dejó que su alma también fuera apresada en cinco fotos tomadas poco después de su captura, en noviembre de 1878 por el fotógrafo italiano Antonio Pozzo, con estudio en la calle Victoria 590 (hoy Hipólito Yrigoyen) esquina San José.
El 11 de noviembre de 1878, en un telegrama al nuevo ministro Julio A. Roca (Alsina había fallecido), el coronel Conrado Villegas le comunicaba su captura.
Pincén fue sentado sobre un matungo ayudado por su sobrino el capitanejo Mariano Pincén y con las manos atadas en la espalda con un tiento crudo, fue llevado a Trenque Lauquen, donde estaba acampado Villegas. Allí se desarrolló la siguiente escena, que muchos años después recordaría un testigo presencial, doña Martina Pincén de Cheuquelén, nieta del cacique “…Estábamos todos nosotros (en Trenque Lauquen) cuando vino el General (Villegas) y le habló, y el abuelo dijo: ¡No me maten! Pero después dijo: Si me van a matar, que se salve mi familia. El cacique se paró, alto como era, blanco, estaba vestido de gaucho; chiripá y bota de potro, camiseta, camisa blanca.
Y lo sacaron así, con camisa y todo. Se lo llevaron. Estaban allí todos, la finada mamá, mi tía María. Se lo llevaron…”

La captura de Pincén marca el ocaso de la resistencia indígena que se inició un siglo antes, a mediados del siglo XVIII, cuando las incipientes estancias cercanas a la ciudad de Buenos Aires avanzaban sobre lo que era territorio indígena, ocupando progresivamente los campos donde los aborígenes se abastecían de ganado salvaje. Despojados de los campos y de su ganado, las comunidades comenzaron a asaltar las estancias con malones para conseguir alimento, tras lo cual los habitantes de Buenos Aires levantaron los primeros fortines, que fueron de hecho la primera frontera defendida por el Cuerpo de Blandengues, una especie de milicia formada paisanos mal armados y mal pagados.
En las décadas siguientes, el desarrollo de la ganadería con vistas a su exportación desde el puerto de Buenos Aires, reavivó la urgencia por expandir la frontera más allá del límite natural que trazaba el río Salado. Y si bien en un comienzo predominó la política de integración basada en tratados y negociaciones pacificas con los indígenas del sur, las hambrunas y la pérdida progresiva de los territorios aumentó la virulencia de los malones indígenas. Entre 1868 y 1874, durante la presidencia de Sarmiento, el Ministro de Guerra Adolfo Alsina buscó frenar los ataques con el cavado de una zanja paralela a la línea de frontera, de unos 3 metros de ancho por 2 de profundidad, pero no tuvo éxito. Su sucesor, Julio Argentino Roca, se inclinó por asignar un gran presupuesto para armar un ejército que erradicara a los indios del territorio entre la frontera y el Río Negro. Y la estrategia fue exitosa: el avance de cinco divisiones de 2 mil hombres, bien vestidos, comidos y armados fue incontenible. De una población total indígena de unos 19 mil hombres y mujeres, la campaña al Desierto cosechó; -5caciques principales presos (entre los que estaba Pincén) y uno muerto (Baigorrita) -1.271 indios de lanza presos. -1.313 indios de lanza muertos. -10.513 indios de chusmas presos. -1.049 indios reducidos.
Es en ese contexto donde resalta la figura del cacique Pincén, al frente de una tribu de no más de 1.500 indígenas con tolderías en Toay, a unos 220 km al oeste de Guaminí, porque resistió hasta el final la colonización de sus tierras librada bajo la bandera del progreso y la civilización. Según explicó la investigadora Susana Rotker en su libro Las cautivas. Olvidos y memoria en la Argentina, la campaña al Desierto tenía móviles bastantes más materiales: “Entre 1822 y 1830, los Anchorena – primos de Juan Manuel de Rosas, uno de los más exitosos líderes de las llamadas campañas del desierto- acumularon 352.000 hectáreas de la pampa. La conquista del desierto, comandada por Roca en 1878 y 1879 agregó unos 54 millones de hectáreas al “patrimonio nacional”, que fueron entregadas en gran parte a especuladores y terratenientes, como ya era la tradición”

Misterio
¿De dónde había venido Pincén? ¿Cuál era su origen? Algunos decían que había nacido en Guaminí. Pero para fuentes consultadas por el historiador, diplomático, periodista y académico Estanislao Zeballos, Pincén era un indio nacido en Carhué y que hizo su fama en prácticas malhabidas: creció haciendo viajes desde la pampa de Buenos Aires a los valles andinos, traficando ganado robado en la República Argentina para llevarlo a Chile, “donde los indios eran recibidos como mercaderes honrados, mientras en nuestros campos dejaban marcado su paso con sangre y cenizas. En Chile les era comprada la hacienda a razón de un poncho por vaca, una botella de caña o aguardiente por yegua, como precios corrientes, sin perjuicio del negocio de prendas de plata, cuentas, armas y abalorios”. También de acuerdo con esta versión, recreada en el libro de Zeballos, Episodios en los territorios del sur (1879). “La fama de Pincén subió de grado en los pagos andinos y lograba arrastrar en sus correrías y aventuras nuevos mocetones araucanos que, cediendo al espíritu aventurero y a la codicia, lo acompañaban a buscar fortuna; y como la bola de nieve, la clientela de Pincén aumentaba sin cesar.”
En su libro Pincén, mito y leyenda, el historiador Juan José Estévez reseña varias teorías contradictorias sobre el origen del cacique. Como la del historiador y antropólogo Milcíades alejo Vignati quien asegura que los rasgos de Pincén no son los rasgos de un indígena cien por ciento. “Indudablemente hay mezcla, hay sangre india pero atenuada; casi podría asegurarse que no es fruto de primera mestización: es decir que uno de los abuelos ha sido el portador de la sangre indígena.” O la de otro historiador; Dionisio Schóo Lastra quien, en La lanza rota (1951), cuenta que las ancianas de la tribu de Pincén recordaban que el cacique era hijo de una cautiva cordobesa de Río Cuarto y que de ella había heredado el ser ladino (conocer los dos idiomas y, por eso, podía precaverse más que los demás) y la audacia que siempre mostró.
Según Schóo las ancianas contaban que Pincén había heredado el cáracter de su madre, una cautiva blanca de Río Cuarto que se enamoró de un joven capitanejo que tenía por vocación el “amansar fieras”, o sea, dedicado a la crianza y adistramiento de pumas americanos y que por ello dede joven lo llamaban Ayllapan (ailla=nueve, pangui=león o puma). De la unión de ambos nació Pincén, quien fue un eximio cazador y adiestrador de pumas, actividad que habría aprendido de su padre.
De contextura atlética y robusta, con su metro ochenta de altura, Vicente Pincén se destacaba por sobre las siluetas de los demás indígenas. Frente a un ejército poderoso y pertrechado, su nombre comenzó a ser leyenda en su juventud en la zona de Pergamino por vencer a los militares con ingenio y ferocidad. Se contaba por ejemplo la vez en que Pincén y cien de los suyos volvían de un malón con cerca de 4.000 potros arrebatados de las estancias del lugar. “Dieron contra un cuerpo de línea que los aguardaba pie a tierra, cerrándoles con las bocas de sus armas el paso entre los cañadones. Los indios, sintiéndose perdidos, se volvieron a mirar al cacique como requiriéndole que resolviera la situación. Pincén, con un golpe de vista de buitre, improvisó con sus hombres una manga y lanzando por entre ella a los 4.000 potros espantados, los llevó contra los soldados que resultaron pisoteados y dispersos. Pincén ganó el desierto sin una baja y con todo el arreo”
O cuando hacía frente a los fusiles a repetición con un arma de su invención llamada el lazo: la llevaban dos caballos unidos por un lazo y en medio de éste, suspendida, una bola grande de piedra. Se ponían al galope los caballos, que eran azuzados para que continuaran en esa ruta. La piedra golpeaba así el corazón del piquete haciendo el desparramo o impidiéndoles a los soldados tomar puntería, mientras los indios se acercaban con rapidez para ultimarlos.
En esta lucha entre indios y soldados, sólo se podía vencer con el ingenio porque, a diferencia de lo que sucedió en los Estados Unidos -con los comancheros o los traficantes de armas-, en nuestras pampas los aborígenes no tuvieron acceso a las armas de fuego. Por el contrario, ya en 1877 -cuando se inicia la última fase de la Campaña al Desierto-, el soldado bien montado y con un sable estaba notoriamente en mejores condiciones de defenderse frente a un indio con una lanza de casi tres metros o portando la llamada bola perdida o bola de combate, por más diestramente que se la manejara. (El coronel Villegas solía decir que un soldado en estas condiciones equivalía a tres o más indios.)


General Villegas en pose ganadora


Ya esto había que sumar el Remington. Porque con el antiguo rifle de un solo tiro

-que le insumía unos minutos al soldado volverlo a cargar- el indio sabía que era el momento oportuno para irse al humo y ultimar al soldado (de ahí la frase: “se me vino al humo”). Pero el Remington, un rifle a repetición, puso de una vez y para siempre a los indios en franca desventaja en el combate dejándoles la huida como única salida posible.

Batallas y detención
Pero más allá de su astucia, la fama de Pincén creció por su postura ofensiva contra el gobierno de Rosas en desmedro de la postura acuerdista y sólo a veces defensiva del cacique Calfucurá.
Según Estanislao Zeballos, “Pincén pasó a la historia como indio cabal, baqueano consumado, guerrero corajudo, cazador de fama, jefe montaraz, huidizo, con frecuentes cambios de habitat (…) que emerge con fuerza su señera figura ofreciendo resistencia a todo intento de penetración militar en sus dominios. (…) Se distinguió siempre por su bravura y la efectiva táctica de rápidas guerrillas para mantener atemorizados a fortineros y pobladores. Se manifestó reacio a firmar tratados de paz; y cuando lo hizo, para asegurarse la entrega de raciones, abandonó la actitud pacífica ante el menor incumplimiento, dando muestras claras de su inveterado espíritu guerrero que de inmediato transmitía a sus capitanes, para así volver a malonear, una y otra vez, en el oeste y norte de la provincia de Buenos Aires, causando muertos, incendios y pillaje (La Picaza, Junín, La mula colorada; Fortín vigilancia, Colonia de Brizuela, Fortín Bagual, Carlos Casares, Tapera de Díaz, Fortín Esperanza, Bahía Blanca)” Entre sus mayores audacias se cuentan el robo de los famosos Blancos de Villegas, el 21 de octubre de 1877, cuando los indios se llevaron de la comandancia de Trenque Lauquen, 53 de esos caballos blancos, custodiados bajo siete llaves. Como viejos contrincantes, Pincén y el coronel Villegas se tenían gran respeto. fue Roca quien ordenó a Villegas batir a Pincén en sus propios dominios y conducirlo prisionero a Buenos Aires. Y Villegas cumplíó. el Cacique fue detenido con su familia en noviembre de 1878, cerca de la laguna Malal (noreste de La Pampa), y un mes después, arribó a la capital, para ser recluído en la Isla Martín García con parientes y otros de su tribu.

Muerte misteriosa
No hay datos exactos sobre su muerte. Hay quienes dicen que el cacique murió en la isla Martín García, en una segunda prisión tras cuatro años de libertad.
Otros aseguran que ya estando en libertad, Pincén decidió morir en Guaminí, donde para algunos habría nacido y donde vivió en sus años mozos y que por esto partió con algunos miembros de su familia hacia Los Toldos y después hacia su morada final, a orillas de la laguna El Dorado.
Dicen que la última vez que se lo vio, allá por 1896 ó 1897, el cacique juntaba maíz en las chacras de San Emilio.
Dicen también que cuando se sintió morir Pincén viajó a Trenque Lauquen a despedirse de su familia. Y que su cadáver fue llevado por los blancos. Para otros, su cuerpo fue envuelto en cuero y arrojado a una laguna. Y Juan José Estévez se inclina por la versión de que algún familiar pudo haberse encargado de los restos y se hallen en custodia en algún cementerio.
Hoy Luis Eduardo Pincén, tataranieto del cacique, 45 años, profesor de Ciencias Naturales y presidente de la ONG Namuntu (Estar de pie), dice que el legado de Pincén es enorme porque da el marco de cómo vivir y cómo trabajar.
“Nosotros, los indígenas, no éramos tan malos como nos pintaban. Fuimos los primeros villeros, los primeros rebeldes por la frustración que sentimos al ser desalojados de nuestra cultura e incluidos en una sociedad que sólo nos acepta en los estratos más bajos.”
Por esto hoy Luis Eduardo Pincén libra una lucha diaria y pacífica con el objetivo de que todos los indígenas que viven en la Argentina recuperen su dignidad. “Porque para nosotros el hombre está integrado al universo: el nehuén, o la energía espiritual del hombre, es uno más con el nehuén del agua, el del viento, del guanaco y del ñandú. Y nuestro espíritu, nuestro kempeu, es uno solo y sufre mientras haya un descendiente que está perdido y revive cuando hay un descendiente que pelea por su gente.”

 

5.- ¿EXISTE DEMOCRACIA EN LA ARGENTINA? EL LEGADO DE DORREGO

 

EN LA DEMOCRACIA ARGENTINA, LAS ELEECIONES LAS ORGANIZAN LOS BANCOS… DESDE HACE 200 AÑOS…

“ He aquí la aristocracia, la más terrible, porque es la aristocracia del dinero (…) Échese la vista sobre nuestro país pobre: véase que proporción hay entre domésticos y asalariados y jornaleros y las demás clases, y se advertirá quienes van a tomar parte en las elecciones. Excluyéndose las clases que se expresan en el artículo, es una pequeñísima parte del país, tal vez no exceda de la vigésima arte (…) ¿Es posible esto en un país republicano? ¿Es posible que los asalariados sean buenos para lo que es penoso y odioso en la sociedad pero que o puedan tomar parte en las elecciones?” El argumento de quienes habían apoyado la exclusión era que los asalariados eran dependientes de su patrón. “Yo digo que el que es capitalista no tiene independencia, como tienen asuntos y negocios quedan más dependientes del Gobierno que nadie.. A esos es a quienes deberían ponerse trabas (…) Si se excluye a los jornaleros, domésticos, asalariados y empleados. ¿entonces quiénes quedarían? Un corto número de comerciantes y capitalistas”. Y señalando a la bancada unitaria: “He aquí la aristocracia del dinero y si esto es así podría ponerse en giro la suerte del país y marcarse (…) Sería fácil influir en las elecciones; porque no es fácil influir en la generosidad de la masa, pero si en una corta porción de capitalistas. Y en ese caso, hablemos claro: ¡el que formaría la elección sería el Banco!” (Gral. Manuel Dorrego, héroe de la Independenica de América)

 

 

 

http://www.lagazeta.com.ar/

http://blogs.clarin.com/soberanianacional/2009/10/27/los-tehuelches-indios-argentinos-

http://www.lagazeta.com.ar/juanjosecatriel.htm

http://es.wikipedia.org/wiki/Sayhueque

http://es.wikipedia.org/wiki/Andr%C3%A9s_Guazurary

 

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4 comentarios

  1. HISTORIA SINGULAR: RECONOCIMIENTO AL MÉRITO: EL CAPITÁN RUFINO SOLANO, SINGULAR PERSONAJE HISTÓRICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y DE ARGENTINA.-
    Hace casi un siglo, a la edad de 76 años, dejaba de existir el capitán azuleño don Rufino Solano. Este muy particular militar, recordado como “El diplomático de las pampas”, desplegó inigualables acciones en favor de la paz, la libertad y la vida en la denominada “frontera del desierto”. Como resultado de estas acciones Rufino Solano, mediante su trato proverbial con el aborigen, consiguió redimir PERSONALMENTE a centenares de mujeres, niños y otros prisioneros, de ambos bandos, impulsado siempre por un notable y especial sentimiento hacia el género, encarnado en la lacerada figura de la cautiva.
    Asimismo, se destacan entre sus acciones, el haber evitado sangrientos enfrentamientos mediante sus prodigiosos oficios de mediador y pacificador, pactando con los máximos caciques indígenas numerosos acuerdos de paz y de canjes de prisioneros. Realizando esta arriesgada tarea en beneficio de la población de Azul y de numerosas localidades de la Provincia de Buenos Aires e incluso de otras provincias aledañas. Entre otras significativas intervenciones del capitán Rufino Solano, se encuentra la de haber formado parte de los cimientes que dieron origen a las actuales ciudades de Olavarría y San Carlos de Bolívar, entre otras más.-
    En el plano religioso, cumplió destacado protagonismo sirviendo de enlace en la acción evangelizadora hacia el aborigen llevada a cabo por la Iglesia de aquella época. En cumplimiento de esta última actividad, se lo vio prestando estrecha y activa colaboración al Padre Jorge María Salvaire, fundador de la Gran Basílica de Luján denominado “El misionero del desierto y de la Virgen del Luján” y actuando de ineludible interlocutor entre los jerarcas aborígenes y el Arzobispado de la ciudad de Buenos Aires, en la persona del Arzobispo Dr. León Federico Aneiros, llamado “El Padre de los Indios”.
    Esta encomiable labor del capitán Rufino Solano fue desarrollada durante sus más de veinte años de carrera militar y continuó ejerciéndola después de su retiro hasta su muerte, ocurrida en 1913. Actualmente obra en la Legislatura de la Pcia. de Buenos Aires, un proyecto de ley para declararlo Ciudadano Ilustre de dicha provincia.-

  2. LA OTRA FORMA DE ACTUAR: RECONOCIMIENTO AL CAPITÁN RUFINO SOLANO, SINGULAR PERSONAJE HISTÓRICO DE LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES Y DE ARGENTINA.-
    Hace casi un siglo, a la edad de 76 años, dejaba de existir el capitán azuleño don Rufino Solano. Este muy particular militar, recordado como “El diplomático de las pampas”, desplegó inigualables acciones en favor de la paz, la libertad y la vida en la denominada “frontera del desierto”. Como resultado de estas acciones Rufino Solano, mediante su trato proverbial con el aborigen, consiguió redimir PERSONALMENTE a centenares de mujeres, niños y otros prisioneros, de ambos bandos, impulsado siempre por un notable y especial sentimiento hacia el género, encarnado en la lacerada figura de la cautiva.
    Asimismo, se destacan entre sus acciones, el haber evitado sangrientos enfrentamientos mediante sus prodigiosos oficios de mediador y pacificador, pactando con los máximos caciques indígenas (Calfucurá, Namuncurá, Pincén, Catriel, Coliqueo, Sayhueque, entre muchos más), numerosos acuerdos de paz y de canjes de prisioneros. Realizando esta arriesgada tarea en beneficio de la población de Azul y de numerosas localidades de la Provincia de Buenos Aires e incluso de otras provincias aledañas. Entre otras significativas intervenciones del capitán Rufino Solano, se encuentra la de haber formado parte de los cimientes que dieron origen a las actuales ciudades de Olavarría y San Carlos de Bolívar, entre otras más.-
    En el plano religioso, cumplió destacado protagonismo sirviendo de enlace en la acción evangelizadora hacia el aborigen llevada a cabo por la Iglesia de aquella época. En cumplimiento de esta última actividad, se lo vio prestando estrecha y activa colaboración al Padre Jorge María Salvaire, fundador de la Gran Basílica de Luján denominado “El misionero del desierto y de la Virgen del Luján” (participó en la célebre expedición a los toldos del cacique Namuncurá) y actuando de ineludible interlocutor entre los jerarcas aborígenes y el Arzobispado de la ciudad de Buenos Aires, en la persona del Arzobispo Dr. León Federico Aneiros, llamado “El Padre de los Indios”.
    Esta encomiable labor del capitán Rufino Solano fue desarrollada durante sus más de veinte años de carrera militar y continuó ejerciéndola después de su retiro hasta su muerte, ocurrida en 1913. Actualmente obra en la Legislatura de la Pcia. de Buenos Aires, un proyecto de ley para declararlo Ciudadano Ilustre de dicha provincia.-

  3. Vicente Rodríguez (Pincen) nació en Renca, San Luis. A los tres años fue raptado por los rankeles que avanzaron a esa población. Era un “gempin”, un poeta, y tenía una memoria prodigiosa. Las viejas de la tribu lo llamaban “el que dice de los abuelos” porque contaba historias muy extensas de los viejos caciques. Fue perseguidor y matador de tigres (una especie de jaguar ya desaparecido del sur de la provincia de San Luis. El hombre blanco le quitó territorio). Fue el último rankel en doblegarse. Tenía 71 años cuando se entregó.

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