El pueblito “narco” en el Perú, que estaría manejado por narcos y paramilitares “pro Chávez”

x urgente24.com -1-

Andahuaylas: Narcos y paramilitares chavistas gobiernan la “pequeña Medellín peruana”

Una encuesta reciente demuestra que buena parte de la población peruana percibe la corrupción narco carcomiendo al Estado. Andahuaylas, otrora pobre ciudad del sudeste peruano, se establece como la “pequeña Medellin peruana”. En 2005 la ciudad protagonizó un levantamiento paramilitar chavista en manos de Antauro Humala, (hermano de Ollanta).

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24) – Los ciudadanos en un alto porcentaje perciben que la corrupción y el narcotráfico se infiltran en las altas esferas de los poderes del Estado, según encuesta de Sondeo Popular para Justo Medio realizada entre el 12 y 15 de este mes de octubre. El Poder Judicial acusa el 83.3 %, seguido del Ejecutivo con el 74.6 % y el Legislativo con el 65.3 %.

Esta percepción que pudiera verse en ocasiones arbitraria y generalizada, es alimentada con ejemplos extraídos de la realidad que protagonizan personajes vinculados a los círculos del poder, en opinión del consultor político Alejandro Pucci

La muestra de campo aplicada a 1,200 personas, de uno y otro sexo, entre 18 y 70 años, de 40 distritos de Lima y el Callao, recoge también el estado de ánimo de la ciudadanía sobre la aprobación del Presidente Alan García que, en términos generales, le asigna 26.2 %.

En cuanto al Congreso de la República, la situación se sigue deteriorando con la modestísima aprobación de 9.2 % y una desaprobación de 81.8 %. Es decir, una caída libre evidente, difícil de superar a estas alturas.

La Medellín peruana

La nota publicada en el diario El Mundo acerca de la situación que se vive en la ciudad de Andahuaylas, rodeada de cultivos de coca y enclavada en uno de los distritos más pobres del país, representa un retrato bastante acabado de lo que sucede con los narcos en Perú.

“A partir del año 2000, la caída de los grandes cárteles colombianos y el aumento de la demanda de cocaína en Europa y en Asia han atraído a Perú a ritmo de corrido a las nuevas multinacionales de la droga: los cárteles mexicanos. Desde esa fecha, los campos de coca han crecido de forma paulatina hasta casi triplicarse, aumentando también los atentados narcoterristas y el lavado de activos.

Andahuaylas, una bella ciudad andina de poco más de 30.000 habitantes, sufre junto con otras capitales de provincia peruanas cercanas a los valles cocaleros este boom del ‘oro blanco’. Cuna de los guerreros chankas y del escritor indigenista José María Arguedas, la pradera de los celajes (del quechua Anta= cielo y Huaylla= pradera), ha sido calificada por expertos en narcotráfico como el peruano Jaime Antezana como un ‘pequeño Medellín Andino’.

Edificios en construcción, camionetas 4×4, casinos, locales nocturnos y hasta una línea de avionetas son indicios de que Andahuaylas ya no viviría sólo de la producción de patata. A pesar de estar situada en la segunda región más pobre del país, el metro cuadrado en el centro de su casco urbano ronda los mil dólares, un precio superior al de muchos distritos limeños.

Fruto de las denuncias periodísticas, este año 65 empresas andahuaylinas pertenecientes a diez familias están bajo la lupa de la División de Lavado de Activos de la Policía Antinarcóticos. “De que hay mucho dinero, lo hay”, confirma a El Mundo.es un periodista de Andahuaylas. “Hay que saber de donde viene porque hasta el momento no se ha demostrado nada más allá de las frecuentes capturas de mochileros que transportan drogas”, declara.

Punto estratégico en la ruta de la droga

Y es que Andahuaylas, junto con otras ciudades andinas como Huanta, Huamanga y Acobamba, es ruta obligada de paso de la droga proveniente del Valle del Río Apurímac y Ene (VRAE), que con 150 toneladas de cocaína al año se ha convertido en la zona de mayor producción de droga de la región andina según el último informe del Sistema de Monitoreo de Cultivos Ilícitos de Naciones Unidas (ONUDD).

La entrada de los cárteles mexicanos ha introducido innovaciones en el modo de producción de los valles cocaleros, explicadas a ELMUNDO.es por la Procuraduría Antidrogas y por los expertos Ruben Vargas y Jaime Antezana. Hasta 1995 Perú era sólo productor de Pasta Básica de Cocaína (PBC) para los grandes cárteles colombianos. Hoy es el segundo productor mundial de cocaína después de Colombia. Pero mientras que en Colombia la superficie cultivada de hoja coca ha descendido un 18% en 2008, en Perú ha aumentado casi un 5% según el ONUDD.

Para el especialista en narcotráfico Jaime Antezana, desde la caída de los cárteles de Cali y Medellín en los 90 ya no existen “varones de la droga” en Perú. El escenario se atomizó. “El narcotráfico tiene un rostro nacional: es indígena en los valles, cholo (mestizo) en su procesamiento en las regiones y blanco o mestizo pujante en quien lo entrega a los cárteles mexicanos en los puertos”.

La cadena narco

El ‘boom’ del clorhidrato de cocaína en el Perú se ha dado acompañado del aumento de atentados en el VRAE por parte de los remanentes de Sendero Luminoso, capitaneados por Víctor Quispe Palomino (alias ‘Camarada José’), cuya cabeza está valorada por el gobierno en un millón de soles (unos 230.000 euros). Sólo desde agosto de 2008, más de medio centenar de militares y policías han sido asesinados en el VRAE en emboscadas y atentados.

En el VRAE, el narcotráfico, aliado con los remanentes de Sendero Luminoso, ha logrado crear zonas liberadas y ganarse a los campesinos cocaleros. La población de este satanizado valle fue diezmada durante el conflicto interno de los 80 y 90. Hoy, sin alternativas de desarrollo, los campesinos optan por el cultivo de hoja de coca para el narcotráfico y muchos de sus jóvenes se lanzan al dinero fácil y se convierten en ‘poceros’ (procesadores de PBC) o en ‘mochileros’. En estos pequeños productores familiares de coca y pasta básica de los valles comienza la cadena narco.

Siguiendo la estrategia de las hormigas y resguardados por columnas de sicarios, decenas de jóvenes mochileros atraviesan cargando pasta básica los intrincados caminos de herradura del VRAE hasta las cercanías de ciudades intermedias, como Huanta, Ayacucho o Andahuaylas, donde la PBC es procesada por firmas regionales, que la derivan a su vez a las firmas nacionales, que con un soporte industrial la embalan y camuflan.  Estas firmas, a través de testaferros, son las que venden la cocaína procesada a los carteles mexicanos en los puertos o a las mafias brasileñas o bolivianas en la frontera.
Los tentáculos del cártel de Sinaloa

Un 80% de la cocaína peruana sale por mar rumbo a Europa y Asía y en menor medida, a EEUU. El cártel rey de este suculento negocio es el de Sinaloa, tal y como confirma la Policía Antidrogas, pero no sería el único. En la costa peruana harían también negocios los cárteles de Juárez, el Golfo y Tijuana, aunque más debilitados. A diferencia que en México, estos cárteles conviven en aparente paz debido a que la oferta es lo suficientemente grande y el porcentaje de incautación no supera el 10%.

Su presencia es prácticamente invisible. “No les interesa el control territorial en los valles, como a los antiguos cárteles colombianos”, explica el especialista Ruben Vargas. “A los valles ingresa sólo el broker o financiero, encargado de pedir y pagar la producción”, informa tras señalar que estos intermediarios son de diferentes nacionalidades ya que se trata de grandes trasnacionales.

Estos broker contratados por los cárteles, serán los encargados de realizar el control de calidad en los puertos. “A los narcotraficantes mexicanos les interesa el control de calidad, porque demandan cocaína de gran pureza”, añade Jaime Antezana. “Sólo les interesan cargamentos de gran volumen y pureza bien embalados”. Para este proceso de embalaje y camuflaje, según los expertos consultados, se están utilizando medianas y pequeñas empresas, sobre todo del sector de la agroexportación. Por lo tanto, las firmas nacionales, quienes dan el soporte industrial necesario para camuflar la cocaína en las maneras más variadas, son las que tienen contacto directo con los cárteles.

Sin recursos para luchar contra el narcotráfico

Fruto de este escenario, la Procuraduría Antidrogas tiene en sus manos más de 51.000 casos de narcotráfico, entre ellos sólo dos centenares por lavado de activos. Eso a pesar de que la Unidad de Inteligencia Financiera estima en más de 2.500 millones de dólares los introducidos a Perú anualmente por el narcotráfico.

“Desde el año 2000 los delitos por narcotráfico van ‘in crescendo’ a medida que se posicionan los cárteles mexicanos”, declara Sonia Medina, Procuradora Antidrogas. “Sin embargo -denuncia- las sentencias condenatorias sólo se han dado en casos pequeños”.

El presidente de la Comisión Nacional para el Desarrollo y la Vida sin Drogas (Devida), Rómulo Pizarro, denunció falta de presupuesto para seguir apoyando el plan de impacto rápido contra el narcotráfico. Frente a este aumento sostenido de la producción de cocaína en Perú, Pizarro pidió más ayuda a USA y a la Unión Europea, los principales inhaladores. “Con un 5% de lo que España invierte en lucha antidrogas podríamos financiar cultivos alternativos en los valles cocaleros”.

“Quien consume cocaína está contribuyendo a la violencia narcoterrorista y a la depredación de la Amazonía”, dijo a ELMUNDO.es detallando que por cada tiro (raya de cocaína) se pierden tres metros cuadrados de bosque”.

El fantasma de Chávez sobre Andahuaylas

En enero del 2005 se desató una crisis en Perú tras la ocupación de una comisaría policial por un grupo de ex militares en la ciudad de Andahuaylas, en el sureste del país, comandados por Antauro Humala, hijo del líder nacionalista Ollanta Humala y aliado de Hugo Chávez en Perú.

Alrededor de 150 miembros del nacionalista movimiento Etnocacerista, liderado por el mayor retirado del Ejército Antauro Humala, atacaron la comisaría de Andahuaylas, al sureste de Lima, en la mañana del 4 de enero del 2005. La acción dejó siete heridos, entre ellos cinco policías, y diez rehenes. Mediante comunicado telefónico con un canal de televisión limeño, Humala dijo que su ataque era un “desacato” a la autoridad del entonces presidente Alejandro Toledo, por lo cual se había “levantado en armas” y sólo depondría su actitud tras la renuncia del mandatario. El ex militar consideró que Toledo mostró “incapacidad” en la conducción del país y que lo había traicionado, al estar llevándolo a la “chilenización”.

Humala y sus seguidores propugnan fundar una “nueva república” que fusione las ideas nacionalistas, basadas en el legado incaico, y la admiración por el mariscal y ex presidente peruano Andrés Avelino Cáceres, héroe de la guerra con Chile (1879-1883). Además, es partidario de la pena de muerte “para mejorar la sociedad peruana”.

En medio de confusos incidentes, el jefe de la rebelión, salió temporalmente del cuartel y marchó por algunas calles del poblado, acompañado por una multitud de centenares de personas que lo vitoreaban.

Por un lado, el episodio mostró el resurgir de la rebeldía campesina protagonizada por una gigantesca marcha hacia Lima de miles de cocaleros, exigiendo al gobierno de Toledo que diera marcha atrás en su idea de erradicar los cultivos de coca, y por el otro, se hizo más visible el crecimiento del Movimiento Nacionalista Peruano (MNP) y del carisma del líder de esa organización, el Mayor (r) Antauro Humala.

¿Quién es este hombre que recogió adhesiones en los sectores más pobres de las zonas urbanas y también cuenta con el apoyo de las franjas mayoritarias del indigenismo peruano? Nada menos que aquel militar que en octubre del 2000 se levantó en armas, junto a su hermano, el teniente coronel Ollanta Humala, contra Alberto Fujimori, cuya gestión agonizaba en medio de un escándalo de corrupción.

Los hermanos Humala recorrieron buena parte de las sierras de la zona sur del país, rebelando pueblos para terminar reuniendo a su alrededor a casi 600 reservistas. Después de varios días de resistencia fueron apresados, pero después de la caída de Fujimori, el presidente interino Valentín Paniagua los rehabilitó. Ollanta volvió al ejército y hoy es agregado militar en la embajada peruana en París, y Antauro se volcó de pleno a la carrera política, demostrando que su discurso ha ido consiguiendo muchos adeptos. Amigo de los indígenas ecuatorianos de la CONAIE, pero también de Evo Morales y Felipe Quispe, en Bolivia, “me considero hermano de ideas de Hugo Chávez”, dice y admirador de “la lucha nacionalista de la Revolución Cubana”, Humala ha ido construyendo una organización que se define como antiimperialista, etnocacerista y enemiga acérrima de la oligarquía peruana y del entonces presidente Alejandro Toledo.

Los militantes del MNP recorren las barriadas obreras y más golpeadas por el hambre y suelen trabajar en tareas de alfabetización y “concientización política sobre los males que aquejan a América Latina”. Son los reservistas de Humala, vestidos con ropa militar de fajina (como cuando siguieron a su jefe en el “levantamiento heroico”), y muy al contrario de lo que ocurre con los generales de Toledo, la gente los recibe con abrazos y ovaciones. Allí precisamente, entre esa gente “golpeada por el liberalismo”, al decir de Humala, es que “está creciendo la nueva Revolución que dará vuelta las viejas y caducas estructuras del Perú”.

Sus enemigos sobre todo las campañas mediáticas que éstos vehiculizan- acusan al ex Mayor de “no respetar las reglas de juego mínimas para una convivencia pacífica”. Sin embargo, Humala le dijo que “no es la gente la que me ve así, sino los politiqueros y periodistas a sueldo de éstos. Son una minoría extraterrestre que existe en el Congreso y en muchos ministerios, hacen bien en estar preocupados. Yo los desprecio como lo hace el 90% de la población”.

A Humala no le gusta que le hablen de “democracia” ya que sostiene que lo que se conoce con ese nombre en Perú, es una verdadera “timocracia”, un “gobierno de los timadores o en todo caso democracia prostituida”. Para el líder nacionalista, “en mi país hay que dar un giro total en su política económica y obviamente eso no lo va a hacer Toledo porque se trata de un gobierno hipotecado a los intereses extranjeros, vale decir a la Carta de Intención del FMI, o sea al neoliberalismo”.

En cuanto a qué puede ocurrir con las elecciones planteadas para el 2006 (ya hay algunos rumores de que Toledo estaría dispuesto a adelantarlas), el jefe nacionalista no cree que sea una solución mover el calendario. “Si se adelantan competirían los mismos de siempre que ahora están sentados en el Congreso. Eso sería cambiar mocos por babas”, señaló. Para su Movimiento, la salida se vislumbra a través de una Asamblea Constituyente, donde estén representadas todas las fuerzas vivas: Reservistas, cocaleros, SUTEP, jubilados, Construcción Civil, asociaciones de despedidos, gremios agrarios, sindicatos obreros. Algo así como una suerte de Estados Generales de la Francia Revolucionaria, con rodamientos de cabezas inclusive.

El tema de resolver “la crisis de corrupción y entrega del patrimonio nacional” por vía expeditiva “si hay que fusilar a unos cuantos generales no nos debe temblar el pulso”-, es otro aspecto con el que Humala pone nerviosos a sus oponentes. “Parece que muchos no han leído la Constitución vigente ni las pasadas. En todas ellas dice pena de muerte para quienes cometen delitos graves contra el país. También lo estipulan los códigos militares de todos los ejércitos del mundo. Acá simplemente prostituyen los términos: democracia es equivalente a elecciones, alfabetizar a castellanizar, religión a catolicismo y pena de muerte a asesinato”.

El ex Mayor nacionalista dice: “Según el criterio importado de la doctrina de la Escuela de las Américas, las fronteras son simplemente horizontales. Y eso es un error, ya que las fronteras, a nuestro entender, son verticales, puesto que el espacio aéreo es también territorio peruano, por donde van las líneas aéreas extranjeras o las ondas que permiten que veamos televisión. Todo eso circula por territorio patrio y se da la paradoja de que los grandes empresarios privados que tergiversan la información, utilizan ese territorio nacional en forma injusta y violatoria de nuestros derechos. El suelo es también parte importante de la Nación, el agro no puede estar en manos extranjeras, el oro, la plata, el zinc, son nuestros. El mar es también parte de la Patria y no podemos privatizarlo permitiendo a barcos extranjeros que se lleven todas nuestras riquezas.

En el caso peruano, boliviano y ecuatoriano, que son pueblos étnicamente hermanos, la gesta de emancipación de 1821, que proclamó la independencia de esos países, fue un acto de liberación sí, pero para los sectores criollos y minoritarios. Los cholos de los tres países siguieron siendo tributarios de las castas blancas y los de origen africano continuaron siendo esclavos. Era una independencia virtual, un separatismo criollo de los españoles, pero para nosotros, los que estamos al lado de los pueblos originarios, la colonia ha cambiado de amo. La relación de sumisión que ayer teníamos con Madrid hoy se da con Washington”.

“Contra toda esta hipocresía nos hemos levantado en el Perú”, dice y enseguida añade a manera de conclusión: “Una persona agoniza en horas o días; un gobierno lo hace en semanas o meses (Fujimori demoró casi un año); y una República en años o décadas. Así son los procesos históricos. Toledo ya es cadáver, el Gobierno agoniza, pero la Republiqueta Criolla aún da coletazos, por más herida que esté. Por algo no lleva a cuestas, a manera de “banderillas”, 14 constituciones con olor a gas lacrimógeno”.El etno cacerismo de Humala

Como el mismo Antauro Humala lo explicó en ocasión del histórico levantamiento que protagonizó contra Fujimori y Wladimir Montesinos, su movimiento nacionalista reivindica la doctrina etno-cacerista. Etno porque viene de etnia, teniendo en cuenta que en Perú pero lo mismo se da en Bolivia y Ecuador- la población mayoritaria es indígena. De allí la estrecha relación de Humala con movimientos como el que llevan adelante Felipe Quispe con la población aymara en el territorio boliviano al que desconocen como propio.

En el caso de Perú, para los etno-caceristas pesa mucho la tradición cultural incaica y anteponen la lucha indígena por sus reivindicaciones por encima incluso de la lucha de clases.

Andrés Avelino Cáceres fue un Mariscal que se puso al frente de un ejército de indígenas y guerrilleros para luchar contra los oligarcas de adentro y los conspiradores que venían del exterior. En 1879 llevó adelante la conducción de su ejército con Chile, que intentaba instalar un protectorado en suelo peruano. Lo particular de este jefe militar que luego fue proclamado Presidente- era que todas las instrucciones de formación y disciplina se inspiraban en la cultura de los jefes Incas, así como las voces de mando se formulaban en quechua, rechazando de plano toda “infiltración del lenguaje centro-europeo”, como predominaba en los ejércitos de esa época.

Humala recoge estos principios y se planta con sus seguidores contra toda intromisión occidental y reivindica una especie de socialismo indígena que si bien coincide con el movimiento de rebeldía bolivariana que atraviesa el continente, se distancia de ciertos conceptos que esgrime un sector de la izquierda continental que ignora el peso de los pueblos originarios en el quehacer nacional.

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