¿Fueron realmente los Montoneros los que mataron a Rucci?

SALUDOS A VANDOR
LA MUERTE DE RUCCI Y LA DUDOSA AUTORÍA DE MONTONEROS

x Fernando Paolella para Tribuna de Periodistas -1-

Primero fue Hugo Moyano quien abrió el debate: “El asesinato de Rucci fue un crimen de lesa humanidad. Si la justicia no es para todos no es justicia, es parcial. Por eso, se deben juzgar a todos los que asesinaron y mataron impunemente a todos estos dirigentes y a todos los demás”.
Este jueves 25 de septiembre se cumplen 35 años de aquel martes a mediodía en el que José Ignacio Rucci fue acribillado a balazos. Y no en sentido literal, ya que 23 fueron los disparos (provenientes de armas de guerra como FAL e ITAKA) que alcanzaron su esmirriada humanidad. Aunque en este día conmemorativo, tanto el líder cegetista como su viuda Nélida Blanca Vaglio de Rucci y familiares sindican la autoría del atentado a Montoneros, siguen existiendo múltiples dudas y sospechas varias.
“Al principio los Montoneros lamentaron la muerte de Rucci. Dentro de la organización, sin embargo, (Mario) Firmenich había hecho correr la voz de que el grupo era responsable del asesinato, declaración hecha pública un año más tarde cuando los Montoneros ‘asumieron’ la responsabilidad de la muerte de Rucci, repitiendo la actitud que habían adoptado cuando fue muerto el jefe del sindicato textil Alonso. ‘Lo más importante en lo que a la relación Montoneros-sindicalismo se refiere’, observó un historiador, ‘era que en general se creía que los Montoneros eran los asesinos de Rucci‘.
Unos pocos oficiales de alto rango de la Policía pusieron en duda más tarde en forma privada la teoría de la intervención de la guerrilla en el asesinato. Para ellos el ‘golpe’ parecía demasiado sofisticado. Poco después de su muerte, el servicio de Inteligencia del Ejército y la Policía Federal dijeron a un alto agente del cuerpo de Inteligencia de los EEUU que Rucci no había sido matado por los Montoneros. Fue, dijeron, víctima de peronistas ‘ortodoxos’ rivales que querían repartir su imperio. La Policía Federal había recuperado una Magnum 357 Smith & Wesson dejada caer por uno de los asesinos de Rucci. El FBI rastreó el arma desde la fábrica Smith & Wesson hasta el vendedor de armas de fuego en Nueva York, que se la había vendido a una azafata de Aerolíneas Argentinas, que la había comprado para un amigo militar. La Policía Federal se topó con una muralla de granito en su investigación, y se disculpó por no resolver el asesinato.
‘Me cortaron las patas’, dijo Perón tristemente cuando vio el cuerpo de Rucci en la sede de la CGT. Para mucha gente y quizá para Perón, los que lo habían hecho eran de la izquierda peronista.

Nadie ganó más del asesinato de Rucci que López Rega. El asesinato de Rucci reforzó la resolución de Perón de poner fin a las ‘formaciones especiales’.” (Dossier Secreto, de Martin Andersen, Planeta, 1993)

Entre López Rega y Firmenich

En este espacio ya anteriormente se plantearon dudas acerca del verdadero cariz del mencionado Firmenich (1), actualmente un simple contador viviendo un curioso autoexilio en las afueras de Barcelona. Este oscuro sujeto de apellido croata es evidente que calla más de lo que habló públicamente cuando aún no disfrutaba de las bellezas de la costa catalana. Y en cuanto al siniestro “Brujo”, ¡qué no se ha investigado y escrito acerca de sus conexiones con la tristemente célebre P2 y la ultraderecha internacional patrocinada por la CIA!
“Las balas que segaron su vida pudieron haber partido desde diferentes trincheras. Pero la mayor parte de las miradas apuntaron hacia nosotros. Más allá de quien haya sido el ejecutor material de este hecho, nosotros pagamos su costo político. En este marco de confusión está envuelto este lamentable hecho”, apunta Roberto Cirilo Perdía en el libro Tiempo de Violencia y Utopía, de Oscar Anzorena.
“Lo de Rucci no se hizo para despertar la conciencia obrera; se hizo con la concepción de tirarle un cadáver a Perón sobre la mesa, para que equilibrase su juego político entre la derecha y la izquierda. Atención a esto. Lo que quiero decir es que eso no formó parte de una concepción política con relación a las masas, sino de una estrategia cupular: hay concepciones políticas con relación a la masa que, por cierto, conducen al acto equivocado. Pero en el caso de la muerte de Rucci, que no partió de ninguna concepción política de trabajo con la masa, y, en verdad, sólo fue una jugada que nada tuvo que ver con la forma acertada de plantear la lucha”, puntualiza por su parte Juan Gelman en la obra citada.
Teniendo en cuenta los tres testimonios transcriptos, resulta fácil inferir por qué causa se compara este crimen con la muerte de Pedro Eugenio Aramburu, también atribuido a Montoneros por parte de su jefe Firmenich, pero con fuerte tufo a operación demasiado servicial con injerencias oficiales. En ese estrato, por parte de los servicios de inteligencia de Juan Carlos Onganía.
Además, los dos tuvieron por objeto pegarle por elevación a Perón, el primero porque liquidó un acuerdo entre el asesinado y el entonces exiliado líder, mientras que el segundo indujo a Perón a decretar la extinción del ala izquierda del movimiento por él gestado.
Por eso, no es descabellado imaginar hasta qué punto Firmenich tenía muy en claro todo esto, sobre todo quiénes estaban detrás de la Operación Traviata que finalmente sacaría del medio a un adversario molesto como Rucci. Tanto para él como para López Rega. Y enterado de la tramoya, no sólo dejó hacer sino que luego, salvándole la ropa al otro trucho, se hizo cargo de la acción.

Fernando Paolella

-1-

http://www.periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=4392

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