¿EL GRANERO DEL MUNDO CIERRA SUS PUERTAS?

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La falta de políticas agropecuarias han llevado a una profunda crisis en la producción de trigo, carne y leche. El fin de la debacle mundial implicaría que se duplique el comercio de alimentos, pero el país no sòlo no podrá atender a la demanda si no que podría llegar a importar. Alerta en el sector

A esta altura, es indudable que la producción argentina para el mundo ha entrado en una violenta etapa de descommoditización como consecuencia de una suma de variantes que fueron directo al corazón de la producción agroalimentaria.

La peor sequía que sufrió el campo en cincuenta años, los desencuentros políticos y la incertidumbre económica interna e internacional han provocado que producción de alimentos característica del país –trigo, carne y leche-, experimentara una crisis sin precedentes.

Hoy por hoy, la producción nacional sufre la caída sideral de los saldos exportables de productos fundamentales de nuestra economía, teniendo en cuenta que representan la mayor parte del ingreso de divisas, que motorizan todo un sector interno de producción y que constituyen una presencia habitual en la mesa de los argentinos.

La producción de alimentos insignia de la Argentina, como carne, trigo y leche, entró en una fase crítica. Además de la amenaza de perder exportaciones, la posibilidad de tener que comenzar a importarlos es un fantasma que crece día a día.

En estos últimos tiempos, desde distintas organizaciones que núclean al agro se ha advertido acerca de la posibilidad de que nuestro país deba exportar, desde el próximo año, los tres productos pilares de la producción agrícola: trigo, carne y leche.

Para los especialistas, que esto suceda derivaría en una crisis nacional aún peor, sobretodo si se tiene en cuenta las proyecciones de organismo económicos internacionales, como el FMI y la ONU, que ha blan de una recuperación mundial de la economía a partir del último trimestre de este año.

Y dentro de esa reactivación global, la demanda de alimentos ocupará un rol central, duplicándose las cifras conocidas antes de la debacle.

TRIGO

El produc to más característico de la producción agropecuaria nacional ha visto decrecer día a día la superficie de cultivo.

De las 4,5 millones de hectáreas cubiertas durante el ciclo anterior, según la Sociedad Rural, se pasaría a unas 3,5 millones, lo que representa el área sembrada más baja del último siglo.

Así, con esos niveles, la producción final triguera sería menor a las 7 mill ones de toneladas, con lo cual sólo se acercaría a la cantidad que requiere el consumo interno, que es de 6,5 millones de toneladas.

CARNE

Para el 2009, se vaticina una caída del 57,7 por ciento en la producción cárnica.

De este modo, si bien el país podría evitar la importación, se podría perder un negocio con el mundo que el año pasado dejó más de 800 millones de dólares por ventas al exterior y, además, la escasez podría generar aumentos de precios dentro del mercado local.

Desde Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), aseguran que el país perdió, en los últimos tres años a causa de una mala política ganadera, un total de 14.536 millones de pesos.

En tanto, la liquidación de vientres por falta de rentabilidad generó que, a partir del a ño 2006, se dejaran de producir 4.171.416 cabezas de ganado.

LECHE

La leche no sólo es un producto básico de la dieta argentina, sino un importante generador de divisas, que permitió el ingreso de más de 800 millones de dólares en exportaciones el año pasado.

Sin embargo, desde 2002, el país ha comenzado a perder tambos, una situación que se ha acrecentado en los últimos 24 meses.

El censo oficial realizado ese año, determinó que en la Argentina funcionaban 15.000 establecimientos. Desde ese entonces, más de 4.000 debieron cerrar sus puertas y, actualmente, sólo quedan operativos unos 10.200.

Respecto a la producción, para este año se espera una caída de 100 millones de litros. El año pasado, se produjeron 9.900 millones de litros, por debajo de los 10.329 millones logrados nueve años atrás.

La falta de políticas destinadas a la tríada elemental de la producción agrícolaganadera – trigo, carnes y leche -, y la consecuente crisis de esos sectores podrían llevar al país a la pérdida de más de 4.200 millones de dólares en el ingreso de divisas.

A ello, hay que sumarle un segundo efecto: el derrumbe de todo un sistema productivo que se sostiene detrás de cada una de estas produc ciones y que moviliza al mercado interno nacional.

Justo cuando podría reactivarse los viejos flujos de la economía argentina, el granero del mundo parece que se acerca el cierre de sus puertas.

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