HIJOS DEL ODIO: HACE EXÁCTAMENTE 35 AÑOS PERÓN EMPEZABA A ECHAR A LOS MONTONEROS

“El que no está contento… se va” (J.D.P., 29/01/1974)

Muy importante informe sobnre la violencia de los años ´60 y ´70, hoy, en tiempos en los que hay que aguantar a los “hijos del odio”…

Somos la rabia (Parte 1): La violencia política -1-

montoneros

El letrero señala “FAR, FAP y Montoneros” y es parte de la escenografía de la plaza de los Dos Congresos, en Buenos Aires, donde se produce una extraña protesta. Esa presencia nos muestra el conjunto de sectores distintos que forman parte del gobierno de los Kirchner: desde la ultraderecha a la izquierda revolucionaria. Pero Montoneros y esas siglas nos trasladan a una época lejana, cuando algunos jóvenes creyeron ser los depositarios de un nuevo país y no dudaron en usar las armas para lograrlo. Para comprender su existencia y sentido me remonté muchos años atrás, y debí dividir el material en tres artículos que intentarán trasladar al presente las sensaciones de una época de odios.

En esta historia se entrecruzan sucesos, como olas que van y vienen, los hilos de los hechos se unen y separan. La complejidad de esos años hablan de su enrarecido clima. Pisoteada la constitución y la libertad por la prepotencia militar, la rebeldía no se hizo esperar. Se optó por enfrentar a la violencia, con violencia. Y fueron jóvenes idealistas, inmaduros, los que creyeron tener la razón en sus balas. No sabían que sus acciones provocarían la venganza sobre inocentes. No solo pretendían derrocar a los regímenes pseudocráticos que nos gobernaron o atentar contra gobiernos democráticos, sino instalar una nación con valores ideológicos distintos. Creyeron tener el pueblo detrás de ellos, pero no. Tampoco los militares aglutinaban el fervor popular. Nadie representaba a nadie. Los argentinos miraban aterrados como corría la sangre y no entendían porqué tanto odio.

Los inspiradores años 60.

Argentina, como otras naciones de esta parte del mundo, tuvieron procesos políticos y sociales turbulentos. La asfixia de la sociedad por los atropellos del poder provocaron rebeldías incontenibles.

peron023 A principios de la década del 60 el principal partido nacional estaba proscripto, acusado de antidemocrático, totalitario y populista. El Partido Justicialista, sus símbolos, sus expresiones, sus dirigentes y sus líder estaban prohibidos. Juan Domingo Perón desde el extranjero pugnaba por recuperar su espacio y poder volver triunfante. Su gobierno había terminado con mucha sangre derramada, pero faltaban aún más.

El mundo vivía la guerra fría y varios hechos que cambiaron el pensamiento del mundo sucedieron en esta época. Los señala Juan Gasparini:

mayo frances El mayo francés, los motines en Washington a raíz del asesinato de Martin Luther King, la breve primavera de Praga, la revolución cultural proletaria en China y la larga guerra vietnamita. El surgimiento del Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo, en 1967, incorporaba el cristianismo al torrente de la lucha por la liberación latinoamericana, enfervorizada por la victoria de la revolución cubana ante la invasión norteamericana de Playa Girón (15 de abril de 1961) y por la expiación del padre Camilo Torres (15 de febrero de 1966). Varias encíclicas y el Concilio Vaticano 11(1962/1965) habían sembrado una nueva simiente en la Iglesia católica, la que dejaba de ser patrimonio exclusivo de los sectores dominantes y abandonaba una orientación religiosa primordialmente supraterrenal en aras de los acuciantes problemas sociales. Ello explicaría que en la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada durante agosto de 1968 en Medellín, Colombia, se denunciara al imperialismo y al neocolonialismo. El ‘hombre nuevo” que exudaba el marxista Guevara se transparentaba en el ‘hombre nuevo” que manaba de esos cambios en el catolicismo.

Después de la caída de Perón, los golpes militares se suceden sobre gobiernos con escasa adhesión popular, o entre los mismos uniformados. Los monopolios extranjeros avanzan sobre la economía del país mientras oficiales superiores ocupan cargos directivos en compañías multinacionales, mostrando la íntima relación entre el poder y el capital foráneo. El poder civil estaba subordinado a la interna militar, y ni Frondizi ni Illia, pudieron completar sus mandatos constitucionales.

El marxismo, ese demonio.

la noche de los bastones largos El gobierno de facto del general Onganía, en 1966, interviene las ocho universidades nacionales porque consideraba que había “elementos marxistas”, hay incidentes con estudiantes y profesores. El atropello a los derechos individuales y a la libertad de pensamiento y de prensa genera numerosas protestas, “puebladas”, algunas violentas y letales.

En tanto una resistencia clandestina se gestaba para luchar contra la opresión, con ideales propios, inspirados en el mundo revolucionario y muchos sueños imposibles. La mayoría de los grupos insurgentes adhirieron al peronismo, sobre todo por su enorme aceptación popular, como si fuera un puente que les permitiera llegar al pueblo.

cordobazo Compartían algunos principios antioligárquicos y anticapitalistas de los trabajadores peronistas: nacionalización de la banca y de los sectores básicos de la economía (siderurgia, petróleo, electricidad, frigoríficos), rechazo de la deuda externa, repudio a los monopolios, control estatal del comercio exterior, planificación de la economía de acuerdo a los intereses nacionales y populares, prohibición de exportar capitales y de importar bienes competitivos con la industria nacional, expropiación de la oligarquía y reforma agraria, protección arancelaría de la industria autóctona, diversificación de mercados internacionales, integración de las economías regionales, desarrollo de la industria pesada, control obrero de la producción, abolición del secreto comercial, fiscalización de las sociedades comerciales, política internacional independiente y solidaridad con los pueblos subyugados.

Entendían que las armas eran el medio para alcanzar el poder. En verdad no había mucho margen para una oposición pacífica, pero asumieron un rol que tuvo poca adhesión popular y que actuó con ciertas torpezas, inmadurez y desenfado.

Antes que los golpistas permitan el regreso de Perón a principios de los 70, se producen numerosas negociaciones intensas y virulentas. El general y líder del justicialismo alienta la rebelión civil y la desobediencia, le hace un guiño a la insurgencia armada contra la dictadura. Alimenta a un monstruo que luego le comerá la mano.

Peron 2 “Debemos irnos convenciendo que, cerrados los caminos legales, sólo nos queda la violencia para resolver nuestros problemas, con lo que se confirman mis predicciones”

“La dictadura que azota a la Patria no ha de ceder en su violencia sino ante otra violencia mayor”.

“La subversión debe progresar”.

“La guerra revolucionaria en que estamos empeñados contra la canalla dictatorial se intensificará cada día en que estamos empeñados y no hemos de parar hasta liberar la Patria y devolver la soberanía que ha de hacer al pueblo dueño de su destino”,

Juan Domingo Perón

El líder que en su madurez política tendría que haber contribuido a la pacificación, exacerba a los jóvenes en busca de su retorno problemático. En los 70 por lo menos siete agrupaciones subversivas de izquierda se enfrentaron a grupos de ultraderecha o al propio estado, envalentados por dirigentes que perdieron el sentido común.

La izquierda se ganó un enemigo: Perón.  Su esposa, Isabel, junto a López Rega, alistarán una tropa clandestina de ultraderecha (las triple A, Alianza Anticomunista Argentina) que tendrá como blanco aquellos que no comparten sus ideas. La paz no regresaría en años.

Somos la rabia (Parte 2): Los vasos comunicantes.

montoneros pintadas

Seguimos con la historia que comenzamos en un post anterior. A partir de la década del 60 la violencia alimentada desde el poder, tenía su correlato en la sociedad civil. Los gobiernos seudocráticos no podían exhibir legitimidad y autoridad ante una población dividida, temerosa. Los muertos hacían crecer los ánimos de los insurgentes. La violencia sale a las calles.  Finalmente Perón vuelve, pero no la paz.

La violencia de arriba y de abajo.

tortura Las detenciones arbitrarias y las torturas retornaban a la sociedad de una forma feroz. No eran desconocidas, ya que se habían registro experiencias similares durante varios gobiernos anteriores. El golpe de Uriburu de 1930 puso en marcha un sistema de represión que atentó contra intelectuales, políticos, periodistas y ciudadanos comunes. Allí nació la Sección Especial de la policía que prosperó incluso durante el gobierno peronista.

Precisamente el General Perón durante sus primeros dos períodos democráticos inauguró la picana en la célebre Sección Especial donde se sucedían dolorosas sesiones de interrogatorios a opositores al régimen. Miles de denuncias de tormentos jamás fueron atendidas por la justicia. Sin embargo los golpistas continuaron utilizando esas dependencias para las vejaciones y torturas, modificando el perfil de sus víctimas.

Siempre existió un estado dentro del estado. Una guerra sucia oculta o pública, pero con el fin de domar a la sociedad, de doblegarla con dolor. El estado “benefactor” sembraba la violencia, y ese fruto alimentó a la sociedad. Si, la sangre salpicó a demasiados.

El eje del bien.

tacuara Después del golpe contra Perón, en 1955, se concentró la dualidad comunismo-anticomunismo, en el marco de una Guerra Fría entre las dos potencias mundiales. La política internacional de occidente era alinear a las naciones en el anticomunismo  y encontraron a la jerarquía de la Iglesia como aval del hoy denominado “eje del bien”. Así anticomunismo, catolicismo y tradición florecían del pecho patriótico de algunos iluminados.  El adoctrinamiento realizado por Estados Unidos a miles de militares del tercer mundo en su famosa “Escuela de las Américas” estableció muchas de las políticas de control ideológico que se aplicaron.

Los excesos, las proscripciones y la censura fueron parte del método elegido por los gobernantes autocráticos para imponer su filosofía. Cuenta Oscar Terán:

Sobre aquel trasfondo de alta conflictividad, organizaciones político-militares provenientes de la izquierda marxista y peronista comenzaron a operar de manera creciente tras el objetivo de una revolución que proclamaba la liberación nacional y social. Este objetivo implicó (como se lee en un documento del ERP de julio de 1970 y con un sentido que todas las organizaciones armadas compartían) “desorganizar las fuerzas armadas del régimen para hacer posible la insurrección del proletariado y del pueblo”.

peronismo revolucionario Ese modo operativo incluyó el magnicidio que se cobró como víctima al general Pedro E. Aramburu, y de hecho las Fuerzas Armadas estiman en casi setecientos los integrantes de las mismas abatidos por la guerrilla. Por su parte, y luego del relevo del general Onganía, los gobiernos militares se estrellaron con el ascenso del conflicto social y “el repiquetear incesante de la guerrilla” manifestado en multitud de acciones armadas y violentas. El asesinato de dieciséis guerrilleros en la cárcel de Trelew luego de un intento de fuga reforzó, desde el otro polo, el carácter de un enfrentamiento sin retorno. En este marco, la ilegitimidad del régimen seguía teniendo su punto crucial en la proscripción del peronismo y de su líder.

La muy difundida revista Crisis describe con precisión entre 1973 y 1976 ese momento en el campo del sector de los intelectuales radicalizados cercanos al peronismo revolucionario. Allí el contenido de los artículos presenta una visión construida con los poderosos fragmentos que habían alimentado el imaginario radicalizado hasta el momento, en un cruce de nombres y doctrinas que no mucho antes se hubiese considerado insostenible: Lenin y Perón, José Hernández y Marx, Rosas y Mao; populismo, nacionalismo y revisionismo con revolución cubana y cristianismo revolucionario…

La sociedad insurgente.

La década del 70 exhibió pleno desarrollo de los distintos grupos clandestinos que tomaron las armas para enfrentarse al poder.

El lenguaje político era el uso de la violencia para enfrentar a la violencia del estado. El odio creció hasta límites insospechados y las víctimas iban sumando éxitos y fracasos. Nadie pensaba que se estaba asesinando a una generación  y que la muerte no justifica ningún proyecto futuro.

Las agrupaciones insurgentes o terroristas tenían un perfil ideológico propio, pero compartieron senderos y hasta fusiones, en relación a la realidad que querían enfrentar.

Muchas nacieron de la ultraderecha, del catolicismo extremista y no tuvieron empacho en compartir espacios con quienes venían de la izquierda. A la mayoría el peronismo les brindó un acercamiento a las masas, era un vehículo para llegar a esa patria socialista que añoraban.

Juan Gasparini describe los siete grupos existentes en esa época:

monte-chingolo Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR, peronistas-marxistas).

Las FAR aparecen el 30 de julio de 1970 con ‘Gabriela”, operativo en que cuarenta y tantos de sus miembros toman en 45 minutos la localidad de Garín, adyacente a Buenos Aires, conducidos por Carlos Enrique Olmedo, su jefe fundador. Al principio alistaban principalmente a lo que quedaba de los grupos que se organizaron en torno al Che Guevara y a disidentes del pc, del trotsklsmo y de algún sector de la izquierda. Más adelante se incorporarían desprendimientos de otras organizaciones armadas, como en el caso de los militantes que provenían de las FAL. Los pasos iniciales se dieron en las postrimerías del gobierno de Arturo lilia. Una de las porciones que luego tendrá mayor importancia se crea, precisamente, como apéndice argentino del ELN concebido por el ‘Che”, codeándose con incipientes grupos de lo que después serian el ERP, las FAL. y las FAP. Muerto Guevara, la discusión posterior descarta la reiteración del modelo rural en Tucumán. Después de barajar. varios nombres se decide asumir la identidad peronista como foco urbano. En hileras sucesivas, se van con agregando en torno a Carlos Olmedo, ‘Jose” o “Germán”, joven carismático proveniente de una familia humilde, doble nacionalidad argentino-paraguaya que realizó estudios de epistemología y que ocupó cargos de Importancia en la Fundación Gillette. Aún sin firmar, el ‘ensayo” es el incendio de trece supermercados Minimax el 26 de junio de 1969 ante la visita al país de su propietario, Nelson Rockefeller. Después de Garín, sus principales operaciones fueron: ataque a la Guardia de Infantería en Córdoba, octubre de 1970; asalto al camión militar cargado de armas cortas, cuando el ‘Fede” Adjiman abatiría al teniente Azúa, el 24 de abril de 1971 en Pilar; copamientos de las comisarías de Virreyes y La Plata ese mismo año; ejecución del contraalmirante Emilio Berisso, el 28 de diciembre de 1972 en Buenos Aires; atracos a bancos en Don Torcuato, La Plata, San Justo, Berisso y Córdoba, secuestro de Darío Castel, de Coca Cola, para financiar la campaña electoral de 1973. Sus figuras principales se procuraron instrucción militar en Cuba aunque el “Manual de combate” inicial fue Rebelión en tierra santa del líder sionista Menahen Beguin, quien relatara el “terrorismo” judío contra el colonizador Ingles, previo a la fundación del Estado de Israel en 1949.

fap Fuerzas Armadas Peronistas (FAP, Peronismo de izquierda).

Recobradas del reves de Taco Ralo y haciendo suya la apostilla popular de que “Perón tendría que haber amasijado a todos los gorilas”, las FAP se consolidan como grupo armado peronista, acaso el más Importante hasta 1972. Agruparon militantes provenientes tanto de la derecha nacionalista (Movimiento Nacionalista revolucionario Tacuara) como de la izquierda, todos irnpactados por las revoluciones de Argelia y Cuba. Bruno Cambaren, Según sus documentos fundacionales, entendían que “a nivel de masas se experimentó que por el lado de los militares no hay salida, que por el lado de las elecciones tampoco, que por el lado de las grandes huelgas y las grandes movilizaciones, tampoco va. Es decir que todo eso puede servir pero dentro de una estrategia de conjunto”. Y que era necesario pelear con mayores perspectivas e “Ir conformando organizaciones que posibilitaran, en una guerra larga, el triunfo final, es decir la conquista del poder”. Sin embargo, con el tiempo, las diferencias los irán fracturando en múltiples disidencias. Sus fracciones se van uniendo a las restantes opciones de la cruzada guerrillera, al PB (Peronismo de Base), o a la “FAP nacional”, que se opuso a la campaña electoral del ‘73, descreída de la “vía electoral” Jose Luis Neil, Carlos Alberto Cande y Miguel Zabala Rodríguez fueron probablemente los cuadros más representativos del afluente de las FAP que irrigó Montoneros. Con coraje dieron cuenta de glorias y dramas.

Descamisados (Izquierda peronista).

PERON evita Los Descamisados venían de otra cuna, la juventud demócrata cristiana, aunque también contaron entre sus fundadores con jóvenes del nacionalismo católico. Existieron en Buenos Aires, donde se insertan en el peronismo trabajando en villas y gremios, previo paso por la CGT de los Argentinos. Llegan a la lucha armada al frustrarse su incorporación a las FAP a raíz de las controversias internas que ya afligían a ese grupo. Aparecen públicamente en septiembre de 1970 con una proclama que difunden en un cine de La Tablada mientras se proyectaba la película “La hora de los hornos” donde Perón elogiaba la guerrilla. Volaron el Círculo Naval de Tigre, el yate “Biguá” del comandante en jefe de la Armada anclado en el río Luján, secuestraron contra pago de un millón de dólares de rescate al gerente general de General Electric, en San Isidro vaciaron la sucursal Florida del Banco de Galicia y contribuyeron para que las Organizaciones Armadas Peronistas (OAP) asaltaran un transportador de caudales de esa entidad financiera en San Justo. En el “foco” sólo perderán a Alicia Beatriz Camps, al estallarle una bomba que estaba arman do el 25 de septiembre de 1972. Algunos de sus jefes fueron Noberto Habbeger, Horacio Mendlzábal, Dardo Cabo, Osvaldo Sicardi, Oscar Degregorio y Fernando Saavedra Lamas. Los seis perecieron siendo montoneros, con quienes se habían fusionado a principios de 1973.

ORG ARM PERON Organizaciones Armadas Peronistas (OAP, peronista de izquierda).

“Para mí, la acción está siempre por sobre la concepción”, enseñaba Perón desde su Conducción política, hecha pública hacia 1971, texto que primaría en el acercamiento de los diferentes grupos peronistas. La primera operación conjunta reunió a FAR y Montoneros el 26 de julio de 1971 en Tucumán, cuando Martín Gras, Fernando Vaca Narvaja, José Carlos Coronel, Susana Lesgart y Luis Fernández Martínez Novillo dominaron al personal de la comisaría de Villa Mariano Moreno y se llevaron armamento.

El dia 29 de ese mismo julio de 1971 las FAP aportarían lo suyo a FAR y Montoneros con el “ajusticiamiento” del mayor Julio Ricardo Sanmartino, ex jefe de policía de Córdoba, organizador de grupos paramilitares y director de cárceles. En esa misma ciudad fracasarían el 3 de noviembre de ese año al intentar el secuestro de Luchino Revelli-Beaumont, directivo de FIAT.

No obstante la diversa ascendencia y ciertas diferencias tácticas, metodológicas y políticas que no vale la pena comentar, la práctica común fundirá las cuatro letras en tres, conformando en el correr de aquel año las Organizaciones Armadas Peronistas (CAP), instancia de acercamiento en la que se procesará la creación de la ‘organización político-militar Montoneros” ocurrida dos años más tarde.

ERP Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP, trotskista, guevarista).

La asunción del peronismo será el único punto de discordia que impedirá a las cobijar al bloque armado hegemonizado por el PRT-ERP; éste absorberá o extenderá su sombra sobre aquel espectro guerrillero que consideraba la experiencia justicialista como una rémora para el avance de los trabajadores y el pueblo tras sus intereses históricos.

Afirmaban la imposibilidad de “que el proletariado conquiste el poder político sin construir previamente y mediante la lucha armada el partido revolucionario formado por su vanguardia que lo dirigirá en su lucha contra el Estado burgués y su ejército. Tan sólo un partido marxista leninista podrá acaudillar y dirigir a la clase obrera en una auténtica lucha por la liberación nacional y social”. Los ataques a las comisarías 20 y 24 de Rosario, el secuestro en esa ciudad de Stanley Silvester, cónsul británico y gerente de la compañía Swift; la liberación de prisioneros de la penitenciaría de Villa Urquiza en Tucumán; el asalto al Banco Nacional de Desarrollo en Buenos Aires; el rapto y ejecución de Oberdán Sallustro, director general de Fiat Concord, y el desvalijamiento de blindados tran portadores de caudales en Yocsina y Escobar figuran entre sus operaciones más resonantes hasta el 11 de marzo de 1973.

Hacia 1979 el PRT/ERP se deshizo en pedazos. Quienes estudien su existencia —y en particular los que sustentan versiones conspirativas de la historia, esos catedráticos que endilgan “fascismo” a los Montoneros por la previa militancia de Fernando Abal Medina en Tacuara— es bueno que conozcan algunos hechos. Como que el principal animador del FRIP, núcleo originario del PRT/ERP, fue uno de los hermanos mayores del ‘Roby”, Francisco René, que había hecho sus primeras armas en política bajo la batuta de Juan Queraltó en la Alianza Libertadora Nacionalista, grupo de choque de la extrema derecha peronista. O también que ‘Joe” Baxer, asaltante del Policlínico Bancario en 1963 como “facho” del MNR Tacuara, no vaciló en ingresar al PRT/ERP y tampoco en dejarlo hacia 1972 con los ultratrotskistas de la “fracción roja”.

Finalmente el grupo más importante, el que fuera calificado como la segunda organización terrorista mundial en su tiempo: los Montoneros.

MONTONEROS Montoneros (Izquierda peronista).

Los primigenios Montoneros irrumpieron con el “aramburazo”, idea del estudiante cordobés de medicina Emilio Angel Maza (y no iniciativa del general Francisco Imaz, ministro del Interior de la “morsa” Onganía, como decían ciertas fuentes). Las otras dos operaciones con que debían aparecer públicamente (copamiento de La Calera el 7 de julio de 1970 y de la cárcel militar de San Vicente, ambas en Córdoba) trastabillaron en la adversidad. A consecuencia de la primera fue abatido Maza, quien la dirigiera. Esas caídas anularon la “recuperación” de armamento que pensaban efectuar en la prisión castrense de San Vicente, cuyo nombre se inscribiría en la historia con otras letras, cuando un lustro después el general Menéndez abriera allí el campo de concentración de La Ribera.

Previo al advenimiento, los “proto” Montoneros habían desechado el establecimiento de un núcleo armado en la cuña boscosa chaco-santafesina; mantenían discusiones políticas medianamente organizadas desde 1968, fecha de un primer encuentro en las sierras de Córdoba de militantes oriundos de diferentes provincias. Varios de sus integrantes provenían de Buenos Aires; de la JOC (Juventud Obrera Católica), como Mario Firmenich y Gustavo Ramus; o independientes de izquierda, como Carlos Maguid, el “pata loca” Beláustegui o Carlos Raúl Capuano Martínez, estudiante de arquitectura de la Universidad de Córdoba, “exportado” a la Capital después de La Calera.

Varios de los miembros iniciales obtuvieron Instrucción militar en Cuba. Entre ellos, Norma Arrostito, Gustavo Lafleur y Fernando Abal Medina.

Todos hacían propio el pasado de violencia emprendido por el peronismo ante la agresión “gorila”. Se proponían “ir constituyendo el Movimiento Armado Peronista, que junto a otros grupos armados desarrollará la guerra popular para la toma del poder y la puesta en marcha del socialismo nacional, en el que se hagan realidad nuestras tres banderas: independencia económica, justicia social y soberanía política”.

A fin de “reconquistar el poder, para hacer posible el retorno de Perón y el pueblo al poder, tenemos que derrotar definitivamente al ejército de la oligarquía y el imperialismo. Para ello no bastan las movilizaciones, las huelgas. la lucha electoral, porque si bien todas las formas de lucha son legítimas. lo son encuadradas dentro de una estrategia de guerra popular ya que a un ejército sólo se 10 derrota con otro ejército”. Esa “guerra popular” debía “ser total, nacional y prolongada”, pues suponía “la destrucción del Estado capitalista y de su ejército”, “la emancipación del dominio extranjero, a la par que la reivindicación del pueblo argentino” y la formación de un “ejército popular, lo que implica tiempo para desarrollarlo y además debido a las características del ejército enemigo, al cual no es posible derrotar en un combate y sí, en cambio, desgastaría en la lucha a través del tiempo”.

Con ese objetivo robaron los bancos de San Jerónimo Norte y La Calera (dos veces), “desarmaron” policías, junto con las FAL liberaron presas políticas de la Cárcel Correccional de Mujeres en Buenos Aires, ocuparon la Casa de la Independencia en San Miguel de Tucumán y pusieron caños en distintos puntos del país.

El asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu, un auténtico conspirador, fue la carta de presentación de esta facción. Escribió Juan Gasparini:

aramburu El general Aramburu se había ganado el derecho a opinar. Desengañado luego de haber ido “por las malas” buscó “por las buenas” el manso sometimiento electoral del peronismo, que debía inclinarse ante su candidatura para “salir” del “onganíato” con la frente alta. Sus ideas fueron consecuencia de una vida abocada a la conspiración. Se alzó contra Perón en septiembre de 1955. Conculcando la Constitución Nacional, integrando el grupo que se apoderó por la fuerza del poder público, negó la soberanía popular y sometió a los poderes legislativo y judicial. Expulsó a Lonardi el 13 de noviembre de 1955 por negarse a avasallar la totalidad de las conquistas sociales justicialistas. A los tres días intervino la CGT, encarceló a sus dirigentes, disolvió la CGE y la Fundación Eva Perón y prohibió el Partido Justicialista. Ordenó borrar “imágenes, símbolos, nombres y fechas peronistas”, y el secuestro del cadáver de Evita. En 1956 firmó los decretos 10.363 y 10.364, encubriendo los asesinatos de Lanús y José León Suárez que siguieron a la insurrección de Valle. En 1957 organizó ilegalmente una convocatoria electoral (que requería un Congreso legítimamente constituido para ser llamada) a fin de eliminar las reformas constitucionales del ‘49, principalmente lo relacionado con los derechos de los trabajadores y la propiedad del subsuelo. El “vasco” hacia gala de sus convicciones latifundistas y de su odio al movimiento obrero.

Primero pretendió aparecer como alternativa a Illia en 1963: fracasó estrepitosamente. Volvió conjurando contra Onganía.  Aramburu terminó dando pie al surgimiento de la guerrilla urbana peronista. El 29 de mayo de 1970, primer aniversario del “cordobazo” y fecha en que el “onganiato” festejaría por última vez el Día del Ejército, el comando “Juan José Valle” de los Montoneros segó su trayectoria. En “La Celma”, un casco de estancia ubicado en Timote propiedad de la familia Ramus, sucumbió bajo cuatro tiros de pistola descerrajados por Fernando Luis Abal Medina el 1 de junio de 1970 luego de que sus captores lo encontraran culpable de los mayores escarnios sufridos por el peronismo.

El regreso de Perón.

rucci-regreso_de_peron La dictadura de Lanusse abre otra vez el juego electoral y permite al peronismo participar. Héctor Cámpora ganó las elecciones de marzo de 1973, con la consigna “Cámpora al gobierno, Perón al poder”.  En su discurso inaugural expresó su sumisión total a la figura del líder exiliado.

El odontólogo Cámpora estuvo vinculado de forma estrecha con la facción más revolucionaria del peronismo, era una figura respetada por la izquierda peronista.

Finalmente Perón regresa con intenciones de asumir el poder. Fue el 20 de Junio de 1973 y en la zona del aeropuerto de Ezeiza se organiza un recepción que fue dominada en la zona del palco por sectores de derecha, mientras los grupos revolucionarios estaban encolumnados al frente.  El enfrentamiento fue intenso: 13 muertos y 365 heridos.

La tesis de Horacio Verbitsky en su libro Ezeiza, propone que la masacre fue premeditada para desplazar a Héctor Cámpora del poder.

Sostiene que, las diferencias ya eran insalvables entre la ultraderecha y la izquierda, cuando el 2 de junio de 1973, algunos días antes de la masacre, José Ignacio Rucci, secretario general de la CGT, declaró que estaban en contra de los imperialismos de izquierda. La derecha sindical comenzó a intentar mejorar posiciones en cargos públicos frente al otro sector, colocando a gente cercana a Rucci.

La polarización del peronismo era profunda. El hombre viejo y enfermo que descendió en la base militar de Morón no podía salvar ese abismo, conciliar las tendencias antagónicas que se mataban en su nombre.

“Los drogadictos, homosexuales y guerrilleros no pudieron triunfar, no tomaron el micrófono para difundir sus mentiras, no coparon el palco de Perón y Evita”, sostuvo al cumplirse un mes del tiroteo Jorge Manuel Osinde, amigo y  encargado de seguridad de Perón.

Durante y después de Ezeiza, se evidenciaron las estructuras básicas que habían creado para la implementación del genocidio, fue el germen del gobierno de Isabel Perón y José López Rega, de la Triple A y del genocidio abierto en el país después del golpe de 1976.

“No se trató de una guerra entre bandos, se trató de una agresión fríamente planificada, un crimen de lesa humanidad producido deliberadamente como parte de una conspiración para derrocar al gobierno”

Este video nos traslada a ese momento:

Rucci, cerca de Perón, lejos de los Montoneros.

jose-rucci-muerto De su ola de crímenes, lo Montoneros exhiben también la muerte de José Ignacio Rucci, titular de la CGT y una figura cercana a Perón. Sucedió el 25 de setiembre de 1973. De esta manera intentaron demostrar su poder con un mensaje a la derecha peronista, acusando y condenando a Rucci por su supuesta responsabilidad en la masacre de Ezeiza.

Para muchos Rucci, dirigente oriundo de la provincia de Santa Fe, era quien protegía a Perón de José López Rega, su siniestro secretario. Su asesinato, llorado por Perón, dejó el camino abierto de la ultraderecha para dominar el gobierno y el país.

La “juventud maravillosa” del General Perón devino en los imberbes despedidos de la plaza por el líder.

Fue el 1ro. de mayo de 1974. Alberto Amato escribió en Clarín:

montoneros 2 Aquellos jóvenes encolumnados detrás de lo que llamaban, con desparpajo y encanto, “la gloriosa JP”, o miembros activos de la guerrilla “Montoneros” parecían no comprender lo que Perón tenía claro: había que gobernar la Argentina, y no decirle a Perón cómo gobernar.
Amigo de las parábolas, el General lo había puesto blanco sobre negro con una de aquellas célebres sentencias suyas hechas de cemento armado: “No es hora de gritar ‘La vida por Perón’ Es hora de defenderlo”, había dicho en un intento por disciplinar a los díscolos.
Los díscolos habían soñado un Perón revolucionario. Era un sueño apenas del que despertaron con la celeridad y el candor de los veinte años, para acomodar las ilusiones en el rellano desahogado que le adjudicaba al Presidente las cualidades estratégicas de Aníbal. Pero no soportaban el giro a la derecha de un peronismo al que también soñaban diferente, ni a José López Rega, el poderoso ministro de Bienestar Social al que le adjudicaban, con razón, intenciones y acciones criminales. Y tampoco a la vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, en quien intuían un quimérico deseo de parangonarse con la mítica Evita.
En aquel 1974 la Argentina era un vendaval. Quien lo vivió, lo sabe. El acto del 1º de mayo no fue sino la ratificación de una decisión tomada por Perón mucho antes, tal vez el día de su segundo retorno al país, entenebrecido por la masacre de Ezeiza; tal vez cuando Montoneros asesinó a uno de sus hombres más fieles, el secretario general de la CGT, José Rucci; tal vez cuando los embates de la guerrilla marxista del ERP, con la que Montoneros y la JP mantenían “diferencias” sin decidirse a la ruptura total.

Así fue ese acontecimiento histórico:

En la parte 3 de esta historia, la subversión y el terrorismo de estado en democracia, la debacle de los montoneros y su retorno al presente.

Somos la rabia (Parte 3, final): El fin y la resurrección de los Montoneros -2-

Setentistas

Pese a que se presentaban al mundo como un grupo revolucionario popular, los Montoneros llegaron al final de sus días lleno de derrotas pero con los bolsillos repletos de dólares. Los secuestros de 1976 y 1977 les permitió huir del país a buena parte de su cúpula e instalar representaciones en Madrid, México, Roma, París y Caracas. Un millar de seguidores también en el exilio eran el único bastión de su existencia. Algunos de sus referentes reaparecen en el siglo XXI detrás de un gobierno democrático y abren la polémica. ¿Merecen una oportunidad de estar en el poder?.

Perón se va a la tumba sin haber podido dominar a esa juventud rebelde. La relación no era cordial. Tenían objetivos distintos. La izquierda peronista no veía al líder como uno de ellos. La lucha por imponerse era a los tiros.

Inmadurez y prepotencia de la juventud imberbe.

Cuenta el prof. Carlos Salvador Fontana:

La hegemonía de Montoneros comienza cuando la Juventud Peronista pasa a identificarse como tendencia revolucionaria del movimiento peronista. “La tendencia.” En esta etapa, los Montoneros se dan una política de masas y sus cuadros de superficie hacen la campaña electoral de 1973, que culmina con el triunfo del 11 de marzo (Gana Héctor Cámpora). Luego vienen sus enfrentamientos con Perón y, como fruto maduro de esos enfrentamientos, surge un acto decisivo en la historia de la organización y en la historia de su aislamiento del “pueblo peronista” que tanto invocaba: el asesinato de Rucci. Se trata de uno de los errores más desdichados de la historia política argentina. Perón acababa de ganar en elecciones democráticas por un margen superior al 60 %.

Muchos de los antiguos terroristas hoy ocupan cargos gubernamentalesEl país, empeñosamente, buscaba un camino de pacificación. Pero la teoría del “apriete” pudo más. Había que tirar un cadáver sobre la mesa de negociaciones. Y los Montoneros apostaron duro: tiraron el de Rucci. Ese mismo día la derecha peronista mató a Enrique Grynberg, un militante de la Juventud Peronista. Empezaba la masacre. A partir de aquí, la gente se asusta. Se comienza a perder el trabajo territorial, de base. El “pueblo peronista se va a su casa”. Siempre que hubo violencia el pueblo peronista se fue a su casa. Se lo había enseñado Perón: “de casa al trabajo y del trabajo a casa”, les indicó en los momentos más fragosos de 1955. Los Montoneros los espantaron. Se acabó esa consiga “a la lata, al latero, las casas peronistas son fortines montoneros”.

Era una típica consigna de trabajo de superficie, barrial, villero. La izquierda peronista conocía mal al manso “pueblo peronista”, hijo dilecto del Estado de Bienestar. Pero los Montoneros lo conocían peor. Matar a Rucci fue el paradigma de ese desconocimiento. Estaba mucho más cerca del verdadero “pueblo peronista” Rucci negociando con Gelbard y Perón la Ley de Contratos de Trabajo que los iracundos Montoneros asesinándolo. A “nadie” le cayó bien el acribillamiento de Rucci. Los militantes de superficie se sintieron desconcertados. ¿De dónde provenían esas decisiones tan radicales? De la conducción. ¿En manos de qué conducción se estaba? ¿Cómo resolvía la conducción lo que había que hacer? En principio: “no consultando, en absoluto, con los cuadros de superficie”. Para la conducción, los cuadros de superficie eran los “perejiles”.

Maria Estela Martinez de Perón, junto a López Rega en 1975Muerto Perón asume su mujer, María Estela Martínez de Perón, acompañada de José López Rega y un séquito de miembros de la ultraderecha que enfrentan a la izquierda con otro grupo armado clandestino: la triple A.

El gobierno democrático se transformó en un estado terrorista, y sus víctimas eran no solo los Montoneros sino aquellos que pensaban distinto. Hicieron la escuela que luego siguieron los dictadores para aniquilar a la subversíón. Los montoneros continuaron con su tarea y colaboraron para la caída del gobierno isabelino.

Cuando los militares interrumpieron en el poder creyeron tocar el cielo con las manos, ya que tenían enfrente a un enemigo que creían poder doblegar. Sin embargo sus principales cuadros huyeron al exterior, para poder diagramar la estrategia que los llevaría definitivamente al control del país.

En esos últimos años de la década del 70, el país vivía la más sangrienta dictadura de su historia. El  grupo insurgente que debería enfrentarla vivía una recorrida casi turística por el mundo, simulando lo que no eran.

Precisamente, su imagen de un grupo que luchaba por las clases trabajadoras distaba mucho del buen pasar de sus dirigentes en las capitales del primer mundo.

En agosto de 1976 se produce un extraño accidente que involucra al ex ministro de Economía de Perón, David Graiver. Su avión cae en la ladera de una montaña cuando se dirigía a Acapulco desde Nueva York, en un hecho que se sospecha fue tarea de agentes encubiertos de la dictadura argentina. Cuenta Richard Gillespie:

Iban presumiblemente con él los diecisiete millones de dólares cuyos beneficios e intereses, procedentes de inversiones en bancos, industrias y fincas, habían rendido 130.000 dólares mensuales, destinados al mantenimiento de los Montoneros y su infraestructura. Pero la precaución había aconsejado a los secuestradores de los hermanos Born desviar, en 1975, cincuenta millones de dólares hacia Cuba, donde, aun cuando no rentaban nada, estaban absolutamente seguros. A principios de 1979, les quedaban todavía unos treinta millones de dólares.

En 1977, cosa nada sorprendente, los líderes que controlaban los fondos y el armamento de la organización establecieron su base estratégica en La Habana. Firmenich y los otros «comandantes» empezaron a viajar en busca de aliados internacionales, aun cuando su principal pied-ít-terre siguió siendo Cuba, donde, a pesar de operar sin mucha publicidad, el «comandante» Firmenich aparecía en las celebraciones oficiales más importantes como invitado del gobierno y del Partido Comunista Cubano.

Sin problemas de dinero, se inició una gran ofensiva propagandística contra el régimen argentino. Las publicaciones montoneras se multiplicaron: a Evita Montonera, técnicamente el órgano del partido, se le unieron varios boletines de noticias sindicales, un órgano del Ejército Montonero, una síntesis general de noticias, una revista internacional del MPM y una gran cantidad de circulares impresas ocasionales. Se instaló legalmente una emisora de radio de onda corta en Costa Rica, que se dedicó a difundir denuncias del régimen en Argentina por toda América Latina.

Los Montoneros también crearon Radio Liberación. Consistía en unas pequeñas cajas portátiles que podían ser introducidas en Argentina y que, al ser enchufadas en una toma de corriente eléctrica, emitían cortos mensajes grabados en cinta magnetofónica a través de los televisores en un radio de ocho o diez manzanas de casas. La voz de los Montoneros sería también oída en los principales foros internacionales, pero la que prevalecía en ellos era la de los líderes. Eran éstos los que alternaban con la alta sociedad revolucionaria, quienes disfrutaban de libertad económica para viajar, mientras que los exiliados corrientes, muchos de ellos graduados sin trabajo, sufrían grandes dificultades económicas. Lejos de la Argentina, éstos se hicieron más dependientes de sus líderes, tanto para la recepción de noticias como para las asignaciones de tipo económico, pero también se volvieron más críticos respecto a ellos. Al fin y al cabo, si Mario Firmenich, Roberto Perdía, Horacio Mendizábal y Fernando Vaca Narvaja estuvieron de acuerdo en la necesidad de invertir millones de dólares en viajes, en publicaciones a menudo demasiado lujosas y en una nueva infraestractura, ¿por qué razón no podía dedicarse ahora, en la seguridad del exilio, una pequeña parte del dinero a la financiación del tan largamente prometido congreso del Partido Montonero?

Lejos de la acción militar, los Montoneros se transformaron en difusores de la realidad argentina, en contra de la dictadura. Alguna vez quisieron llevarse los laureles del asesinato de Somoza en Paraguay, pero el dictador nicaragüense había sido interceptado por el ERP.

Sus movimientos internacionales no tenían demasiado efecto. La iglesia jamás les respondió sus cartas, las Madres de Plaza de Mayo no los tenían como referentes aunque tenían ciertos lazos de sangre y los países socialistas no los recibieron ya que mantenían importantes relaciones comerciales con Videla.

Tampoco pudieron ingresar a la Internacional Socialista, ya que el comunismo argentinos comulgaba con la dictadura.

Aparentemente el mundo se dio cuenta de que estos insurgentes que estaban en el exilio, hablaban de una ilusión que poco tenía que ver con la realidad.

Argentina ’78, y la reaparición de los Montoneros.

El Campeonato Mundial de Fútbol de 1978, permitió a reaparición de Montoneros en la realidad Argentina, aunque sin el brillo esperado. El enorme poder de la dictadura no permitió que se lucieran los atentados, y, pese a todo, pocos se percataron de la situación argentina. El fútbol y el nacionalismo van de la mano, y en el título de campeón mundial al seleccionado argentino dejó en un segundo plano a la antipupular dictadura.

Videla. Ya no tiene la alegria de otros tiempos, como cuando entregó la Copa del Mundo en 1978 a su selección.Montoneros declaró que ese mundial sería un «festival popular» que transformarían en una «conferencia de prensa gigante para informar al mundo de la tragedia que nuestro pueblo está sufriendo».

Así cuenta Gillespie:

Persiguiendo tal objetivo, publicaron un folleto tan llamativo como el prospecto de una compañía multinacional; dieron conferencias de prensa en Buenos Aires a cargo de Juan Gelman, Norberto Habegger y Armando Croatco; y difundieron la consigna de que los asistentes a la competición gritaran durante los partidos: « ¡Argentina campeón! ;Videla al paredón! » Al mismo tiempo, el Ejército Montonero, completamente apartado de las multitudes futbolísticas, entraba en acción para demostrar que aún poseía suficiente capacidad militar para producir impactos en los centros de represión.

Utilizando lanzacohetes portátiles RPG-7 por primera vez, se llevaron a cabo dieciocho ataques contra casas de oficiales del Ejército, la Escuela Superior de Guerra, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), la sede del Servido de Información del Ejército, la Casa de Gobierno, el Alto Comando del Ejército y varias comisarías de policía; además, fue asesinado un jefe de gendarmería. Por desgracia para los Montoneros, aquella actividad tuvo demasiado éxito: los guerrilleros alcanzaron sus blancos, consiguieron evitar la muerte de civiles y se retiraron sin bajas. Por ello la prensa pasó por alto los hechos, anulando así su valor político y dando pie a la repetición de las grandes explosiones prácticamente contraproducentes y a los asesinatos espectaculares, acciones que nadie podía silenciar.

A efectos de propaganda, y a pesar de las afirmaciones montoneras de que «nosotros ganamos el mundial de fútbol», el campeonato estimuló la clase de nacionalismo de que se beneficiaría el régimen. El único consuelo para sus adversarios fue el espectáculo de las contracciones nerviosas del general Videla mientras, durante la ceremonia de presentación final, los retrasos provocaban fuertes silbidos de todos los espectadores. El público internacional llegó a conocer muy poco de los centros secretos de detención solamente una selección argentina bien organizada que recibió los honores al vencer a Holanda por 3 a 1 en la final, con dos goles de Kempes y un tercero de Bertoni.

En este y otros casos, la jefatura montonera, llena de un triunfalismo nada convincente, se mostró totalmente incapaz de reconocer sus fallos, sus reveses y su derrota.

Algunos se preguntan qué pasó con el sector que alimentó Montoneros y que representaba a la izquierda marxista: Las FAR Había sido eliminada en su totalidad. Además algunos deslizaron vínculos con el comandante de la armada argentina e integrante de la junta militar, Massera.

¿Firmenich, doble agente?

Mario Eduardo FirmenichCita Fernando Paolella al periodista y escritor estadounidense Martin Andersen, autor de Dossier Secreto. Allí Andersen califica al máximo líder de Montoneros, Mario Firmenich, como “un flautista de Hamelin contemporáneo que condujo a la muerte a una generación”.

En el citado libro, Andersen le da con un palo a la reputación revolucionaria de Firmenich: “La sospecha de que Firmenich podría hacer sido un agente de inteligencia data desde el secuestro-asesinato de Aramburu. La confirmación definitiva de su actividad como agente doble, sin embargo, proviene de un diplomático retirado de los EE.UU. que vivió en la Argentina durante toda la década del 70.

La fuente a la que la embajador Robert Hill había encomendado la tarea de vigilar la amenaza de la guerrilla, tenía acceso directo a los oficiales superiores del Ejército argentino. El norteamericano dijo que Alberto Valín, un coronel que trabajaba para el Batallón 601 de Inteligencia del Ejército en Buenos Aires le contó que era el que trataba con Firmenich.

Valín, considerado por la embajada “definitivamente creíble”, había dado a los norteamericanos abundantes datos de inteligencia invalorables.

El diplomático dijo que Firmenich empezó a cooperar con la unidad 601 a principios de la década del 70, cuando los Montoneros pasaron abiertamente a la izquierda. Su ayuda fue “ideológica al principio, y luego por la excitación que le provocaba” según el norteamericano. El Ejército lo trató con “mucha inteligencia”.

El diplomático, que dijo haber mandado extensos despachos a Washington sobre el tema, afirmó que una de las primeras tareas encomendadas a Firmenich fue la de ayudar a desacreditar a los Montoneros. Como los peronistas de izquierda habían en gran medida abandonado la política armada a mediados de 1973, era necesario apartarlos del reformismo de izquierda y llevarlos a actividades o presuntas acciones que los convirtieran en parias políticos.

Así pues, a través del propio Firmenich o por medio de “tabicados” (emisarios que cumplían sus órdenes manteniéndose ellos mismos y sus acciones desconectados de él), hizo que los Montoneros recibieran el crédito de una serie de espectaculares, pero políticamente costosos, asesinatos que no habían cometido. Uno fue el asesinato de Rucci; otro el de Mor Roig.

Más adelante, Andersen lo despedaza con la precisión de un cirujano: “La cooperación de Firmenich con el Ejército, bien conocida por la comunidad de inteligencia de los EE.UU. ayudó a los militares a justificar el terrorismo de Estado y la toma ilegal del poder.”

De fracaso en fracaso.

Las ofensivas militares no lograron objetivos a largo plazo. Tampoco las de carácter político.

En 1979 la contraofensiva popular que habían anunciado no tenía impacto en la sociedad, que jamás entendió la propuesta revolucionaria de los Montoneros.

Gillespie apunta sobre el tema:

Animados por el aumento de las huelgas en 1978 y por la manifestación de cinco mil personas el día del cuarto aniversario de la muerte de Perón, los Montoneros intentaron su prometido «desembarco de Normandía» Según su análisis de la situación, había en aquel momento una posibilidad real de que los trabajadores se apoderaran de la calle, de que se recuperasen los derechos sindicales, de que se derribara a Martínez de Hoz y de que se dividieran las Fuerzas Armadas obligando a éstas a una desbandada. Sin embargo, quizá más importante que la consideración del estado de ánimo de las masas argentinas era un antiguo temor de todos los exiliados políticos: el de que, a menos que regresaran pronto, su organización sería completamente olvidada; tal como ellos mismos lo expresaron, «desaparecerá políticamente ante las masas».

Existía en el grupo una exageración en estimar el nivel de unidad de la clase obrera, su identificación con los Montoneros y su preparación revolucionaria, y una subvaloración del enemigo. Los Montoneros volvieron a demostrar que sus iniciativas orientadas hacia la masa laboral seguían siendo incorregiblemente militaristas.

El plan de la campaña hacía hincapié en la movilización sindical como clave del éxito. Tenían instrucciones de aniquilar al equipo económico de la junta pero habían recibido también la orden de sincronizar sus golpes mortales con la esperada explosión de la combatividad de la clase obrera, lo que vendría a culminar varios meses de agitación, transmisiones de Radio Liberación y negociaciones políticas. Según los que habían planeado la operación, el momento cumbre de la misma sería la salida masiva de los obreros de sus fábricas, especialmente en el norte de Buenos Aires, para llevar a cabo una marcha hacia la Plaza de Mayo. Y allí podría suceder cualquier cosa. Recordando la histórica movilización obrera del 17 de oc tubre de 1945, el «Cordobazo» de 1969 y el «Rodrigazo».

Los ataques al equipo económico habían empezado con el asesinato, en abril de 1978, de Miguel Padilla, asesor del Ministerio de Economía sobre política salarial, y con la voladura de la casa de Juan Alemann, secretario de Hacienda, durante la carnpaña de la Copa Mundial. El nímero de víctimas montoneras en 1978 llegó a seis a mediados de agosto.

La clase obrera se mostró reacia a la manipulación de los Montoneros. Los trabajadores permanecieron en sus fábricas, algunos luchadores, pero todos como observadores del espectáculo montonero. Las unidades montoneras demolieron la casa de Guillermo Walter Klein, secretario de Planificación y Coordinación Económica, hiriendo a toda su familia y matando a dos policías en la acción; dos semanas después, hirieron a dos guardaespaldas en un ataque con metralletas y bazucas, sin éxito, en Belgrano, a Juan Ale mann, secretario de Hacienda, y a mediados de noviembre asesinaron al empresario Francisco Soldati y a un guardaespalda en el bullicioso centro de Buenos Aires.

Estos ataques recibieron un impacto negativo en la opinión pública. Los medios, controlados por el gobierno, exhibieron la magnitud de los hechos sobre figuras que no eran militares, aunque respondían a ellos. Hasta algunos sindicatos repudiaron los atentados, así que el plan de Montoneros de pretender usarlos para su llegada al poder fracasó, sin medias tintas.

Final anunciado.

Dividido en dos tendencias y diezmado por el enemigo, los montoneros en el exilio ya no tenían expectativas de vida.

En 1979 Rodolfo Galimberti se retira de la cúpula, junto con el poeta Juan Gelman. Escriben su despedida y critican «el resurgimiento de un militarismo de origen foquista que impregna todas las manifestaciones de la vida Política en las estructuras a las que renunciamos»; el «concepto elitista de un partido de cuadros» de los Montoneros; el «recurso a prácticas conspiradoras» de la jefatura y su «insensato sectarismo», así como «la definitiva burocratización de todas las esferas de dirección del Partido, cuya última expresión es la falta absoluta de democracia interna, lo cual sofoca cualquier intento de reflexión crítica, a la que desechan como deserción o tra ción, escondiendo la ausencia de respuesta política tras un irresponsable triunfalismo que no convence a nadie».

Los disidentes se llevan un puñado de dólares y se lamentan de no haber podido conseguir más, sabiendo que había 30 millones en poder de Firmenich. Solicitan que esos fondos sean repartidos entre todos los miembros, armados o no. Como no podía ser de otra manera, la respuesta de Firmenich fue una amenaza de muerte a los desertores.

Gracias a esa tendencia de los Montoneros llega a nuestros días los escritos de Rodolfo Walsh, dirigidos a los dirigentes que nunca contestaron. En ellos Walsh recomendaba que no se llevara a cabo «ninguna acción militar que no esté ligada en forma directa inconfundible con un interés inmediato de las masas»”

Sin una estrategia que les haya permitido llegar al corazón del pueblo y derrocar a la dictadura, los montoneros se diluyeron en discursos, propaganda y exhibicionismo militar. Las masas estaban muy lejos de entenderlos.

Demasiado idealismo condimentado con la sangre de miles de seguidores. Esa realidad era mostrada como el sacrificio de la tropa para alcanzar el objetivo de la revolución, pero nunca se llegó a ese destino.

Luego la democracia le devolverá identidad a los expulsados y lo perdonará de los errores cometidos.

¿Quién votó a los montoneros?

[nildagarre+&+kirchner.jpg]El presente nos ofrece un efecto “retro” de discursos posturas y mensajes. Los Montoneros han vuelto en su versión siglo XXI, sin que la mayoría entienda su historia y su propuesta.

¿Quién votó a los montoneros? Es el título de un artículo del Dr. Carlos J. Rodríguez Mansilla que publica el sitio Sin Mordaza.

El 25 de mayo de 1973, la banda Montoneros llegaba a la Casa Rosada de la mano de Héctor J. Cámpora, a quien habían rodeado y condicionado. Los votos no eran de ellos ni del “Tío” Cámpora, sino de un general exiliado en España bajo la protección de Franco: Juan Domingo Perón.

La jugada de la banda era astuta, ya que especulaban con la precaria salud del caudillo, y además, porque pensaban matarlo en Ezeiza, cuando Perón regresara al país. Desde Madrid, el jefe justicialista ordena un dispositivo de seguridad a cargo del Teniente Coronel Jorge Osinde, un viejo camarada de armas. Y allí, en su terreno, las bandas armadas de Montoneros y otras organizaciones terroristas perdieron en el mano a mano.

Mientras ocurría la batalla campal, el Vicepresidente Vicente Solano Lima, un conservador amigo de Perón, advertía por radio al caudillo para que su avión aterrizara en la base militar Morón de la Fuerza Aérea, porque los montoneros querían asesinarlo en Ezeiza. Así salvó su vida.

Luego de esto, Perón exige la inmediata renuncia de Cámpora, y se llama nuevamente a elecciones, que el viejo general gana con el 62 % de los votos. A los pocos días del triunfo, Montoneros asesina al líder de la CGT, José Ignacio Rucci, mano derecha de Perón.

Desde la Presidencia de la Nación, el líder justicialista envía al Congreso la reforma al Código Penal, aumentando penas y castigando delitos subversivos y terroristas. Los pocos diputados montoneros se niegan a votar, y son expulsados de sus bancas. Entre ellos estaba Carlos Kunkel, actual Subsecretario General de la Presidencia. Desde el diario “Noticias”, en ese tiempo órgano oficioso de Montoneros, se apoyaba a los diputados expulsados. El diario era dirigido por Miguel Bonasso, cabecilla de la conducción de Montoneros, y el principal redactor era Horacio Verbitsky, 2º Jefe de Inteligencia de la organización terrorista.

El 1º de Mayo de 1974, Juan Perón expulsa públicamente a los montoneros de la Plaza de Mayo. Terminaba el primer intento de llegar al poder con trampas.

Segundo intento

Treinta años después de aquel 25 de Mayo de Cámpora, llegaban a la Casa Rosada otra vez los montoneros, también con votos prestados del justicialismo. El gobierno del país se centraliza en un grupo reducido, hermético, que funciona al viejo estilo de la “orga”: los Kirchner, Carlos Kunkel, Miguel Bonasso, Horacio Verbitsky.

Kirchner reemplaza a Cámpora. Los demás son los mismos.

Al no contar con votos, los montoneros volvieron a emplear su vieja y conocida técnica de la “infiltración” en el peronismo. Por eso, en el agitado Congreso del PJ, Cristina Fernández de Kirchner fue abucheada al grito de “¡Infiltrada, andate!”.

Los montoneros no formaron un partido político, con sus ideas y planes, para presentarse en las pasadas elecciones del 2003. No hubo un “Partido Montonero” que impulsara la candidatura de Néstor Kirchner, y reivindicara el terrorismo de los años ’70. Y no lo hubo porque nadie lo iba a votar. Era más fácil “infiltrarse” otra vez en el PJ, volver a usar la máscara peronista, y lograr los votos que Duhalde le prestó.

Una documental de los Montoneros.

El canal Discovery ofreció en su serie “Siete días de terrorismo” un trabajo de cine documental sobre la historia del grupo insurgente, pero recibió críticas sobre su parcialidad.

José Bechner del “Diario de América” señaló:

En un nuevo documental dirigido por John Blair, en la serie: “Siete días de terrorismo”, muestra a los militares argentinos practicando terrorismo de estado, pero no a la contraparte de los Montoneros que incitaron a la reacción militar con sus miles de atentados, asesinatos y secuestros de inocentes, que les redituó cientos de millones pagados en rescates.

Ellos fueron los precursores del secuestro express. Pero según el narrador, sólo buscaban justicia social.
Ninguna de las luchas ideológicas en el cono sur se transformó en tanta agresividad y crueldad como en la Argentina. La Guerra Sucia fue la peor de Sudamérica. Sediciosos y gobernantes son culpables de los excesos. Uno llevó al otro a una escalada de violencia pocas veces vista. Ninguno es inocente. Ambos bandos son responsables por los miles de desaparecidos.

Hoy los Montoneros ocupan cargos importantes en el gobierno de Kirchner. Lo único rescatable de algunos de los ex dirigentes terroristas, es que tal vez por viejos, reconocen su culpabilidad en los acontecimientos y están jugando a la democracia, aplicando su filosofía política que veremos si da buenos resultados.

El documental de Discovery muestra parcialidad a favor de los Montoneros. Finaliza con un comentario antojadizo, sin ningún fundamento, y que no tiene relación alguna con el contexto del reportaje, diciendo que el terrorismo fue inventado por los judíos. Concluye con otra mentira, la más grande y peligrosa del momento. Que “el terrorismo es producto de la pobreza”, como si poniendo bombas los indigentes mejorarían su condición. Los pobres siempre fueron mayoría pero no asesinos de civiles inocentes. No menciona el fanatismo, la intolerancia, la ignorancia, el afán de saqueo, el desequilibrio mental de los perturbados extremistas, ni el obtuso adoctrinamiento que inculcan sus jefes. A Ted Turner se le puede excusar su ignorancia. Al Discovery Channel no.

Una conclusión.

Crudo ¿No?. ¿Merecen los montoneros una oportunidad en el poder?. Su lucha errática sus víctimas, sus fusilamientos de miembros, su corrupción y sus extraños vínculos ¿Los hacen valiosos para ser rescatados como plataforma de transformación de un país?. Los sobrevivientes dejaron de lado los uniformes, pero también olvidaron contarle a la gente la verdad sobre ese pasado y si esa experiencia contribuye para recrear una nación justa, tolerante y democrática.

EXTRAÍDO DEL SITE:

-1-

http://laterminalrosario.wordpress.com/2008/06/28/somos-la-rabia-parte-1-la-violencia-poltica/

-2-

http://laterminalrosario.wordpress.com/2008/07/01/somos-la-rabia-parte-2-los-vasos-comunicantes/

-3-

http://laterminalrosario.wordpress.com/2008/09/04/somos-la-rabia-parte-3-final-el-fin-y-la-resurreccin-de-los-montoneros/

Fuentes consultadas:
“Soldados de Perón”. Richard Gillespie
“Montoneros, Final de Cuentas” Juan Gasparini, Punto Sur, 1988
http://www.corrientesaldia.com.ar/noticia.aspx?id=109750
http://www.sinmordaza.com/modules.php?name=News&file=article&sid=13803
http://www.portalplanetasedna.com.ar/terrorismo_estado.htm
http://www.diariodeamerica.com/front_nota_detalle.php?id_noticia=1122
Foto principal: http://setentistasdelaplataalarosada.blogspot.com/2008/02/setentistas-de-la-plata-la-casa-rosada.html
“Historia de la tortura y el orden represivo en la Argentina”, Ricardo Rodriguez Molas, EUDEBA ,1985.
“Montoneros, final de cuentas”, Juan Gasparini, Punto Sur, 1988.
http://www.clarin.com/diario/2004/04/30/p-02201.htm
http://www.luchaarmada.com.ar/nota.asp?nota=2432
http://nuevoencuentro.com/decadadel70/?p=59
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2 comentarios

  1. Que informe tan pero tan completo. Te felicito.

    Una cosa, los Kirchner fueron parte de algun grupo de subersion?
    Que hicieron los Kirchner a finales del año 1975?
    Podrá desencadenar una orrible ola de violencia si el gobierno se nombra “montonegro”?
    Les dejo una larga y ardua tarea…. saludotes grandes profetas!!! jeje.

    • Hola, mirá e inbforme es completísimo, aunque siempre hay que objetivar, también “siempre” se reflejan opiniones.
      Desde acá se intenta mostrar disparadores de opiniones, esto no es un diario ni un manual, ni un curso, solo los ecos de lo que se escucha, lo que se escribe, etc. pero cambiando el orden de las prioridades.
      Los Kirchner´s no fueron subversivos (con “V”) sí, como el 90% de los jóvenes de aquellas decadas 60 y 70 se expresaron en decenas de grupos políticos que, en algunos casos y siempre desde la dirigencia, se planteaban, como potencial, el camino de la lucha de clases y/o armada y/o ua gran mezcla… va como no exitían las camaras digitales no se hacian floggers para gastarle la plta a los papis y subir fotos disfrazados a internet (que tampoco existía) sino que se iban de la casa y militaban.. y algunos agarraron los “fierros” (no se hacían obreros metalurgicos, las armas…)
      Hasta donde se puede saber, Néstor era un hijo de familia rica que estudiaba en La Plata y ahí conocío Cristina que era hija de un colectivero y una ama de casa de Tolosa.
      Primero simpatizaban con la JP (juventud peronista) y luego 1975, con Isabel Perón
      Como la mano se puso “pesada” en 1976, se fueron a Rio Gallegos (SC) donde los Kirchner son poderosos desde los tiempos de la Patagonia Trágica (el tio abuelo de Néstor era u estanciero de la sociedad rural, ergo culpable “mediato” de aquellos acontecimientos)
      Si te interesa el tema, entrá al site:
      http://www.periodicotribuna.com.ar
      Ahí podes bajar (gratis) el libro de Daniel Gatti “El Amo del Feudo” (se lee en 3 horas aprox.)
      Espero te haya servido la info!

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