¿ES SÓLIDA LA ECONOMÍA K?

¿ES SÓLIDA LA ECONOMÍA K?
VERDADES Y MENTIRAS DE LOS NÚMEROS OFICIALES

En los últimos días, desde el gobierno, se han anunciado una serie de interesantes medidas que redundarían en el beneficio de miles de personas a nivel social: aumento del Salario Mínimo Vital y Móvil, incremento en las jubilaciones y un oportuno ajuste en torno al impuesto a las Ganancias, entre otras cosas. Al mismo tiempo, en sentido inverso, se aproximan vencimientos de onerosa deuda pública que se debe afrontar entre este año y el que viene.
En ese contexto, surge una pregunta inevitable, ¿está tan sólida la economía argentina como para hacer frente a todo lo dicho?
Si confiamos en las afirmaciones de los funcionarios kirchneristas, está todo más que bien, con miles de millones de dólares en el Banco Central, una proyección de crecimiento de la economía descomunal y gran superávit fiscal y comercial. El problema es que no hay evidencia concluyente que permita refrendar semejantes afirmaciones.
¿Cómo creer que realmente las cosas son así, cuando estos datos aparecen en boca de funcionarios que no dudan en mentir respecto a los índices de inflación o la repatriación de fondos pertenecientes a la Provincia de Santa Cruz?
Otrora, el Fondo Monetario Internacional (FMI) solía auditar las cuentas vernáculas en el marco de nuestra histórica —e injusta— deuda para con ellos. El apuro de Néstor Kirchner por saldar todo compromiso asumido con dicho organismo, huele justamente a necesidad de no tener más control externo, sobre todo si se tiene en cuenta que se ha optado en los últimos meses por contraer nueva deuda a una tasa mucho más elevada con Venezuela.
Señores, algo huele mal.

Indicadores peligrosos

A pesar de que Néstor Kirchner y su esposa suelen ser fuertes detractores de los años 90, este año el gasto público rondará los U$S 60 mil millones, o sea, 10 mil millones más que en la maldita década menemista. Es un monto insostenible, que hace insuficientes, incluso, los niveles récord de recaudación.
Por ejemplo, ¿cómo hará el kirchnerismo para afrontar el pago de los subsidios que mantienen la calma social y que este año superarán los $30 mil millones? Para reducirlos, a esta altura no alcanza siquiera con aumentar las tarifas. Según el economista Carlos Melconian, semejante escenario “requiere un ajuste urgente para evitar peores consecuencias sobre la inflación y el ritmo de crecimiento”. Mientras tanto, acecha el peligro de una nueva recesión.
Es dable recordar que la recuperación de la economía post 2001 fue sólo por herencia, mérito y suerte. Melconián lo traduce mejor que nadie: “la herencia de gran capacidad productiva e infraestructura, el mérito político de recrear la gobernabilidad y económico de una política macro expansiva eficaz para salir de la depresión, y la suerte de contar con un contexto internacional favorable, con el precio internacional de la soja escalando hasta los ¡U$S 300! la tonelada (para entonces una buenísima cotización a la luz del promedio histórico U$S 230 y frente a los más de U$S 500 de hoy).”
Ya a fines del año 2005, la economía empezó a dar señales de que había pequeñas fisuras, una de ellas fue la inflación de más de 12% de 2005. Si esas grietas se hubieran resuelto oportunamente, hubieran seguido permitiendo un lento pero ininterrumpido crecimiento sin inflación, pero eso no se previó.
Todo lo contrario: la política macroeconómica volvió más expansiva y pro inflacionaria, al incentivar el consumo y contener la inflación con los ineficientes “controles de precios”.
Como bien señala Melconián, el año 2007 fue el de los “desequilibrios macro” por excelencia. “El gasto público subió muy por encima de la recaudación y cayó fuerte el superávit fiscal. Los costos crecieron muy por encima del tipo de cambio y cayó fuerte la competitividad. Las importaciones se incrementaron muy por encima de las exportaciones y metieron presión sobre el superávit comercial. La inflación bien medida trepó a 20% y con tendencia al alza. Después de cinco años, se habían agotado los colchones de 2002. En ese contexto, 2008 se empezaba a perfilar como el año que irremediablemente iba a ajustar. El incorrecto diagnóstico oficial de ir por la micro dado que la macro estaba arreglada ( confusión que se generaba por tener altas reservas, superávit fiscal y externo) iba camino a debutar exactamente al revés por imposición de la realidad”, admitió el economista.

Datos que preocupan

Uno de los factores que ayudó a que la economía aún no haya explotado es el precio de la soja. El precio internacional del “yuyito” —Cristina dixit— saltó a U$S 200 justo en la transición presidencial entre Néstor y Cristina, luego pasó de U$S 350 en octubre de 2007 a U$S 550 en febrero de 2008, algo nunca visto antes. La combinación de altos precios más una supercosecha fue una elocuente bocanada de oxígeno para el programa económico. En ese marco se dio el grosero error político —y económico— de promulgar la tristemente célebre Resolución 125 que llevó al país a la situación de descontrol en la que se encuentra sumido hoy.
Lamentablemente, por la tozudez del kirchnerismo, la favorable coyuntura no pudo aprovecharse y hoy es más lo que se ha perdido que lo que se ha ganado.
En ese marco, aparece un nuevo problema para el oficialismo como son los crecientes subsidios: en el año 2006 ascendían a $4 mil millones, en 2007 subieron a $15 mil millones y en 2008 rondarán los ¡$30 mil millones!. Esto representa un 11% de la recaudación y promete terminar en un “tarifazo” por falta de caja.
Lo más preocupante es que, a esta altura, subir las tarifas serviría simplemente para emparejar la inflación corriente y mantener el desequilibrio de finales de 2007. Baste recordar lo que pasó con la suba del transporte, que apenas sirvió para ahorrar un mes de subsidios. Ergo, si no se combate con todas las armas la inflación, cualquier intento por acomodar la economía será nulo.
Otro número preocupante aparece en el ítem “déficit comercial industrial”, que está en un récord histórico, con la competencia importada ganando participación en el mercado interno y las exportaciones estancadas como porcentaje de la producción.
Urge esquivar la recesión que parece inevitable y mejorar las expectativas de mediano plazo. Depende de cómo actúe el kirchnerismo de cara al futuro —en el corto plazo— y la confianza que genere. De eso, no casualmente, se trata la economía: de confianza, una materia que aún no ha sabido aprobar el gobierno.

Concluyendo

A pocos meses de haber asumido Cristina Kirchner, aparecen indicadores preocupantes vinculados al gasto público y las incontenibles importaciones. Con estas dos variables creciendo por encima del 40% anual, ni siquiera los buenos precios internacionales alcanzan para despejar el horizonte. Eso sin tener en cuenta la tendencia bajista de los precios de los alimentos, tal cual se está observando en las últimas semanas.
Como puede verse, la realidad económica argentina dista bastante de ser lo que dicen los agoreros oficiales. En el exterior, por caso, hay gran temor por la imposibilidad de que el gobierno no pueda afrontar las obligaciones que se aproximan en el corto plazo.
¿Habrá un nuevo canje de deuda? Es la pregunta que muchos se hacen con gran preocupación. Nadie lo confirma o lo desmiente. Confirmarlo sería admitir que hay problemas concretos; entonces ¿por qué nadie lo desmiente?
Por lo pronto, la Argentina hoy se encuentra aislada del mundo, sin que organismo alguno se atreva a prestarle dinero —salvo la onerosa Venezuela de Hugo Chávez— y sin la posibilidad de colocar bonos en el exterior.
Todo un síntoma de lo que se viene.

Christian Sanz

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