LA HISTORIA DE ARMANDO PALAU, SECRETARIO DE AGRICULTURA DE PERON, QUIEN TRAJO LA SOJA A LA ARGENTINA EN 1974

LA HISTORIA DE ARMANDO PALAU Y OTRAS FIGURAS QUE RESTAÑARON AL CAMPO CON EL PERONISMO (AL CONTRARIO DE LA POLÍTICA DE CONFRONTACIÓN K)

Y, no podía ser de otra manera.

Hoy a 34 años del fallecimiento del General, esta mas vigente que nunca.

A continuación una interesante nota de la relación histórica del Peronismo y el campo, quienes trataron de cambiarla y cómo y quienes aprobaron y movilizaron la producción de la Soja en Argentina.

Mientras tanto, a los Focadiputados no se les cae una idea… (ninguno dice como se promoverá la producción mas hortalizas, frutas, lecha alimentos, etc. que el “maravilloso” modelo K destrozó…)

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Si se necesitaba un cambio REAL y ocurría (y era revolucionario) este cambio a la Argentina llegaba de la mano, directa o indirecta, del General Perón.

El viejo General, quien había repasado la teoría de MALTHUS en su largo exilio de 18 años, sabía que la Argentina tendría otra oportunidad cuando el mundo se superpoblara, 30 ó 40 años después de sus últimos años de vida; ese mundo que hoy demanda alimentos de manera desesperada (recordar el Manual de conducción política, el manifiesto ecológico, las predicciones de Pocho…)

Y el General (un conductor, ante todo) aprobó en el ´74 el ingreso de esa exótica planta (yuyito que hoy le deja a Kristina K gastar 20.000 palos verdes más de presupuesto con superpoderes)

En aquel entonces, el “yuyito” fue traído en su variante productiva de EEUU, en un avión HERCULES del Ejercito Argentino. Sabían que revolucionaría la producción y los ingresos del sector (a través de la siembra directa)

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Peronismo, campo y poder

La conflictiva relación del peronismo con el campo comenzó un acercamiento bajo la impronta del mítico grupo que lideró Armando Palau y que tuvo en Felipe Solá su hijo dilecto. Fue en el gobierno de Juan Perón que se introdujo en el país la soja que el kirchnerismo hoy dice combatir.

Soy peronista, nada de lo humano me es ajeno, Cristian Cangenova, un amigo.

Armando Palau, peronista de Carlos Tejedor que en 1974, siendo Subsecretario de Agricultura en la gestión de Horacio Giberti trajo en un avión Hércules del Ejército Argentino la variedad de soja de los Estados Unidos que cambiaría la historia de la agricultura argentina, vivió con una obsesión: reconciliar al peronismo con el campo.

Hasta pegarse un tiro en la garganta, Palau juntaba a sus discípulos para discutir y pensar estrategias de acceso al poder. Para él, la Argentina estaba llamada a ser un gran proveedor mundial de alimentos, pero ese destino sólo podría ser sustentable a largo plazo si lo alcanzaba un gobierno peronista –es decir, popular-, para evitar el enfrentamiento ideológico y consolidar un modelo altamente productivo y de avanzada tecnológica, pero con democracia y justicia social.

“El campo no son los pitucos de la Sociedad Rural”, le decía a la dirigencia peronista, que lo escuchaba sin demasiado interés. “Esa es la caricatura de lo que pasa en el campo real”, insistía. Y contaba que “Perón me dijo que se equivocó cuando quiso decirle al campo qué producir y cómo, y después buscó enmendar esos errores llevando nuevas tecnologías, pero murió enseguida”. Era muy respetado, pero hablaba de campo. Ergo, un marginal del poder.

La dictadura se llevó a algunos de los mejores discípulos que tuvo Palau, pero una vez pasado lo peor de los secuestros, volvió a juntar en su casa a los jóvenes agrónomos y veterinarios con quienes pasaba horas discutiendo de política, peronismo y campo. Ejercía una enorme influencia sobre ellos. Era muy difícil sorprenderlo con alguna innovación técnica. Estaba siempre muy informado y le interesaban tanto las internas del poder como los novedosos sistemas de ensilados que empezaban a hacerse en el Corn Belt.

Los discípulos

Hasta su casa iban Martín Piñeyro, Héctor Ordoñez, Rafael Delpech, Héctor Huergo, Felipe Solá, Bernardo Cané, Adolfo Boverini y Félix Cirio, entre otros. Todos habían estudiado juntos, en la UBA. Se recibieron a finales de los 60 o a principios de los 70. En el gobierno de Perón estuvieron en lugares de modesta relevancia (como Solá, que fue secretario privado de Jorge Taiana padre o Huergo, que fue jefe de prensa de Giberti), pero lo más importante es que, con sus más y sus menos, siguieron juntos durante los años de plomo.

Tenían tiempo, claro. Y una formidable vocación por hacer realidad la Argentina verde, justa y competitiva de la que hablaba Palau. Se pasaron larguísimas tardes discutiendo acerca de la relación del campo con el peronismo, y se propusieron saldar ese fenomenal malentendido tendiendo puentes, por un lado, pero también formándose para conducir la política del Estado hacia el sector, cuando el peronismo volviera al poder.

Aunque nunca lo dijo, Solá fue el preferido de Palau. Felipe se torturaba pensando que su delfín sería Piñeyro, porque una vez lo había recomendado para un cargo que después lo catapultó para conducir el Instituto Interamericano de Cooperación Agrícola (IICA) desde San José, Costa Rica. Pero sabía perfectamente que la llama política flameaba en la ambición del joven Solá como en ningún otro de los cuadros que lo frecuentaban. Y así se lo hizo saber a Antonio Cafiero, quien confió en el olfato de Palau, y llevó al joven agrónomo de 34 años como Ministro de Agricultura del gobierno de la provincia de Buenos Aires que la renovación peronista ganó en 1987.

Dos años después, Felipe se lanzó a la conquista de la Secretaría de Agricultura de Carlos Menem, y lo logró, a pesar de que los “pitucos” de la Sociedad Rural mandaron a decir que no se podía elegir a un “montonero”. “Id y evangelizad en esas comarcas bárbaras”, fue la despedida que Cafiero le hizo a Solá al partir. Y los cuadros técnicos mejor formados y de mayor compromiso político que tuvo el peronismo para desarrollar políticas agropecuarias, fueron al gobierno menemista a desplegar sus capacidades.

Los noventa

Es difícil entender desde hoy la década del 90. Más sencillo es estigmatizarla. Si se comparan los funcionarios actuales con los de esa época, definitivamente el menemismo arrasa en cuanto capacidad técnica, audacia política y vocación de consensos. Lástima que el marco fue la eliminación de cualquier recurso de política monetaria (por el dogma de la convertibilidad), la venta de todos los activos empresarios del Estados como esquema excluyente para resolver los déficit presupuestarios y, ya al final, los negocios como única política.

Pero aún en condiciones macroeconómicas adversas, la gestión de Solá y su equipo es memorable. No sólo terminó con la aftosa y aprobó la soja RR, sino que desplegó programas sociales para mitigar las dramáticas consecuencias de la convertibilidad en el campo, como el Programa Social Agropecuario o el Programa de Reconversión Productiva del Pequeño y Mediano Empresario Rural, o Cambio Rural.

Desde el Programa de Promoción de Alimentos en el Exterior (PROMEX), hasta el Instituto Nacional de Semillas (INASE), pasando por los prolegómenos de un Instituto de Promoción de la Carne también en el exterior, la ley de Denominación de Origen que dio nacimiento al trabajo del Cordero Patagónico, qué no hizo Solá para poner un Estado activo para desarrollar las capacidad productivas del campo argentino.

La demolición

Todo o casi todo lo fueron destrozando sus sucesores. Un Jefe de Gabinete como fue Christian Colombo un día dijo en conferencia de prensa que como se imponía una reforma del Estado y había 80 organismos que tenían responsabilidades superpuestas, había que eliminarlos a todos. Sólo tuvo tiempo con uno, el INASE, el único que funcionaba sin recursos del Estado porque se autofinanciaba con las regalías de las semillas. Un Ministro de Economía como José Luis Machinea dejó de enviar el presupuesto para la lucha contra la aftosa, un secretario de Agricultura como Antonio Berongharay no supo defenderlo y la aftosa volvió a la Argentina.

Y así fue todo. Lo de Duhalde fue un gobierno de emergencia. No hubo prácticamente Secretaría de Agricultura. La devaluación hizo el trabajo importante. Después vino Kirchner. Y tampoco hubo Secretaría de Agricultura. Peor. Como dice Eduardo Buzzi, cada vez que se metieron fue para complicarla.

Y hoy estamos aquí. En 1993, cuando la Federación Agraria conducida por Humberto Volando hacía fenomenales tractorazos en la Plaza de Mayo contra la política menemista hacia el campo, que disolvió la Junta Nacional de Granos y la Junta Nacional de Carnes, nadie podía imaginar que se iba a rememorar con nostalgia esa gestión en Agricultura.

Solá padeció tanto la marginalidad en el poder durante los años a cargo de los bellísimos edificios de Paseo Colón, que cuando llegó a gobernador de Buenos Aires, se olvidó del sector. No volvió a atender a sus referentes y se desentendió de su cultura, que tanto calaba en los dichos de campo que repetía y en la música que escuchaba. Y sólo se quedó con lo “pituco” del asunto. Partidos de polo, por ejemplo, en lugar de partidos de pato, que es el deporte de los chacareros junto con las carreras de auto.

Peronismo y campo

Pero esta nota no era para hablar de Solá, sino del peronismo y el campo. Ni Menem cuando fue presidente, ni Duhalde que sí comprendía en cambio la necesidad de un “modelo productivo”, ni Kirchner desde que fue Presidente pusieron energía en comprender el proceso que Huergo llamó “la segunda revolución de las pampas”, el modelo ultracompetitivo de producción de alimentos de la Argentina.

Nadie interesado en el ejercicio del poder se pudo detener a mirar el sistema de redes en clúster productivos que es imitado en el mundo, porque allí no había votos. Es verdad que en los últimos años empezó a haber negocios e interés de invertir. Pero ni así. El campo argentino llegó a la admiración mundial, sin que nadie en la Argentina le prestara atención. Y hasta llegó a pagar 35 por ciento de retenciones sin que nadie escuchara una queja.

Pero no era porque no las tuviera. Los chacareros estaban produciendo y no tenían tiempo de hacerse oir. Ahora está visto. Y se ven cantidad de cosas. Como que de verdad es eso de que el motor de la economía argentina arranca en el campo. Y ahora que las nuevas mayorías también nacerán tranqueras adentro, el peronismo se avivó. Y un peronismo nuevo buscará liderarlas.

http://www.lapoliticaonline.com/detalle-de-noticia/article/peronismo-campo-y-poder/

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2 comentarios

  1. Hola, ante todo mil perdones porque no voy a hacer un comentario sobre la nota (que leí hasta el final). Solo quisiera saber si el mismo CRISTIAN CANGENOVA que nombraste es el médico. Que atendía hace muchos años en el Htal piñero.
    Si es así me gustaría dejarle mi e-mail podrá ser?
    Si hablamos de la misma persona, el me atendió estando yo muy grave.
    Muchísimas gracias!

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