El Perón que Néstor Kirchner no leyó

Una relectura de Conducción Política de Perón, hubiera alcanzado a Néstor Kirchner para evitar los gruesos errores políticos que está cometiendo y que amenazan incluso la supervivencia del Partido Justicialista.

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La historia tiene la panza llena de todos los movimientos populares que se ha tragado. El peronismo no tiene porqué se la excepción si líderes como Néstor Kirchner insiste en profundizar políticas que no hacen otra cosa que enajenar el respaldo de amplios sectores sociales, que alguna vez confiaron en la fuerza creada por Juan Perón.

No hay que irse demasiado lejos para encontrar ejemplos de lo que puede sucederle al peronismo. La presidencia de Fernando de la Rúa tuvo éxito en una tarea: la extinción de un partido centenario como la Unión Cívica Radical.

Los talantes de Kirchner y De la Rúa son distintos, como es distinto el marco económico e internacional que rodeó a la crisis del 2001 y la actual. Mientras aquel presidente se refugiaba en la inacción, hoy el conductor real del Gobierno ha sumido a su fuerza política en un frenesí de movilizaciones, actos y ofensivas, que comparte con aquella situación cierto aislamiento del humor de la sociedad.

El desenlace de esta nueva vuelta de rosca que Néstor Kirchner le imprimió a su confrontación con el campo –y cada vez más con la población en general- convocando a un acto en Plaza de Mayo que lo tendrá como principal orador, es un enigma que por ahora se inclina hacia las variantes más preocupantes. Esto es así, porque la ausencia de diálogo que impone el gobierno, acota el optimismo.

Que diría Perón

Kirchner y sus hombres más cercanos han retomado con entusiasmo su condición política original de peronistas, que exhibieron con gestos de hombres rudos en su incursión nocturna en una Plaza de Mayo prácticamente vacía. Orfandad que disimuló la compasión de fotógrafos y editores que priorizaron exhibir los primeros planos del ex presidente en andas, antas que la verdad implacable de alguna foto aérea.

Como sea, es interesante contrastar las acciones y actitudes de este Kirchner reperonizado, con las palabras del propio fundador del movimiento, en Conducción Política. La elección del libro no es casual, ya que la actual crisis política ha puesto en entredicho la eficacia de la conducción que el patagónico eligió, para dirimir el problema que se disparó luego de la imposición de las retenciones móviles.

“Algunos creen que gobernar o conducir es hacer siempre lo que uno quiere. Grave error. Los que son siempre amigos de hacer su voluntad, termina por no hacerla en manera alguna. Estos son peligrosos, no llegan lejos y se matan solos en el camino”, afirmaba Perón. La inflexibilidad que Kirchner impuso a este conflicto, lejos de ratificar su voluntad la ha horadado de manera notable. No hay más que ver la creciente soledad política en la que se está sumergiendo, por ejemplo, en el propio PJ.

“El sectarismo es el primer enemigo de la conducción, porque la conducción es de sentido universalista, y donde hay sectarismo la conducción se muere porque no tiene oxígeno para vivir”, agregaba Perón. Los insultos de Carlos Kunkel a los diputados que no piensan como él en pleno recinto, o las amenazas más o menos veladas de Luis D´Elía que alimentan una visión muy conspirativa de la realidad, parecen reforzar una dinámica que excluye los matices y sectoriza el poder.

La negociación

Resulta muy interesante releer la primer experiencia de gestión de Perón, a la luz de la frustrada negociación con el campo, en la que el gobierno anunció reiteradamente medidas como la apertura total de exportaciones de carne o trigo. “Cuando comencé a trabajar en la Secretaría de Trabajo y Previsión la primer regla que cumplí fue: decir la verdad y actuar sincera y lealmente, porque sabía que la masa estaba descorazonada por la falta de sinceridad y lealtad, por la mentira permanente. Le prometían todo y no le daban nada. Entonces yo empleé un método distinto. No prometer nada y darles todo. En vez de la mentira, decirles la verdad. En vez del engaño, ser leal y sincero”.

Seguramente surjan algunas sonrisas escépticas ante un Perón que esgrime conceptos tan básicos de las relaciones humanas. Pero parece referirse no a un mundo ideal, sino a un nivel de confianza mínimo que una vez vulnerado es difícil restañar. Y algo de esto puede haber sucedido en la negociación con el campo. “El conductor no puede decir la primer mentira, ni cometer el primer engaño. El día que no se sienta capaz de mantener una conducta honrada será mejor que se vaya y no trate de conducir, porque no podrá conducir nada”, advierte Perón.

La realidad

“Un hombre procede tan bien, como bien informado esté. Un grave error en la conducción política es accionar sin conocer bien la situación, como aquellos que dicen: “todo el pueblo está conmigo”, y muchas veces ni el ordenanza los acompaña”.

A esta altura del conflicto está claro que el gobierno no se tomó el trabajo de prever el impacto real de las retenciones móviles sobre quienes iban a tener que pagarlas. Como tampoco hizo el esfuerzo por comprender, después, la magnitud del actor social que estaba enfrentando. La propia Presidenta, luego de más de 80 días de conflicto reconoció que hubo “ingenuidad política” en el Gobierno.

“El hombre está inclinado a errar en sus reflexiones cuando se fía más en su meditaciones teóricas que en los ojos, que están percibiendo la realidad misma”, señala Perón y advierte: “Cuando se comienza un análisis racional partiendo de un error, no se puede llegar a un acierto a través de un sinnúmero de operaciones, sino que ese error inicial va multiplicándose y lleva a cometer errores garrafales”.

La lucha

Es notable la parálisis que sufre el gobierno desde que Néstor Kirchner decidió que la discusión con el campo debía transformarse en una confrontación abierta a todo o nada. Problema que anticipó Perón hace más de 50 años. “Yo divido al gobierno en dos acciones: la acción administrativa y la acción de lucha. Esta última es la que permite la acción de gobierno. Si no triunfo en la lucha no llegaré lejos en el gobierno. Pero no se pueden mezclar. Mezcladas, una interfiere y molesta a la otra, la destruye, la perjudica. Si uno quiere hacer gobierno para la política, nos desprestigiamos como gobernantes y como políticos”.

Incluso, en un abierto rechazo a la dialéctica marxista, muy polémico y discutible, Perón afirma: “La lucha de clases es un agente de destrucción y no de construcción. De manera que el secreto está en asegurar la justicia, que es la única manera de suprimir la lucha”.

La carne

Es notable el texto en el que Perón se refiere al problema de los precios de la carne por su actualidad. Y contra lo que podría pensarse hace ya 50 años que el líder del peronismo había entendido la importancia para la riqueza del país de contar con una industria cárnica exportadora que permitiera ingresar divisas genuinas.

“Los otros días vino alguien a decirme: “Vea la carne está muy cara”. Le pregunté: “¿Qué le parece a usted?”. Y me contestó: “Hay que bajar el precio, ponerle un tope, porque sino la gente no podrá comer más carne”. Le dije: “¿Qué le parece si subimos los salarios en lugar de bajar la carne?”. Agregó: “Y…la inflación”. Entonces le manifesté: “¿No cree usted que hoy nos defendemos con la carne? ¿No se da cuenta que si bajo el precio de la carne aquí, los ingleses nos lo bajan allá? Es decir, hay gente que todavía no sabe que la economía interna es una y la internacional otra, y que la ganancia la tenemos que sacar de la economía internacional para vivir bien. No vamos a cobrar menos a los de afuera por el estúpido prurito de decir que bajamos los precios. Hay que bajarlos, pero inteligentemente, para que no se conviertan en un factor de pobreza en lugar de lo nosotros deseamos, que es una economía de abundancia”.

Conclusión

La naturaleza del error cometido al implementar las retenciones móviles –como en su momento lo fue el corralito- no es un tema menor, ya que como bien señala Perón: “Pequeños errores se cometen siempre en la conducción. El gran secreto está en no cometer los grandes errores, porque son los que llevan a la derrota en la lucha política. Esto hay que grabarlo bien porque es la base de toda acción política”.

Para concluir con su humor habitual: “!Todos los problemas tienen solución, pero no todos los hombres tienen solución! A veces cuando llega alguien con un problema, yo le digo: Muy bien, el problema yo lo resuelvo, pero usted ¿qué quiere? Porqué quién sabe si a usted lo puedo resolver?

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