DESDE EL PALACIO, LA LOGICA K SE ESCRIBE ASI: SI ES CON CONFLICTO, MEJOR

Los Kirchner están preparando el próximo paro del campo. Es decir, su próxima crisis. Esta conclusión disparatada salta a la vista cuando se observa la conducta del Gobierno ante la tregua acordada con la dirigencia agropecuaria.Los últimos 30 días demostraron que el conflicto conmueve una viga maestra de la vida pública argentina………. Por Carlos Pagni lanacion/TNA -1-

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Los Kirchner están preparando el próximo paro del campo. Es decir, su próxima crisis. Esta conclusión disparatada salta a la vista cuando se observa la conducta del Gobierno ante la tregua acordada con la dirigencia agropecuaria.

Los últimos 30 días demostraron que el conflicto conmueve una viga maestra de la vida pública argentina. Afecta a una actividad principal de la economía, pero también determina cuestiones fiscales, federales y políticas. Por eso, las próximas semanas, además de ser decisivas para la vida de un sector, traerán las claves de lo que puede esperarse del segundo gobierno Kirchner hasta que termine su mandato.

Hasta ayer la Casa Rosada no había convocado a la dirigencia rural a reanudar las tratativas. Circularon rumores de que la primera reunión sería pasado mañana, cuando se haya consumido el 25% del tiempo disponible para alcanzar un acuerdo. Mientras tanto, los chacareros apuran la cosecha y el oficialismo exhibe sus fisuras.

A nadie en el Gobierno se le ocurrió invitar a los gobernadores que estuvieron el martes en la Plaza de Mayo a exponer sus puntos de vista. Algunos de ellos, como Mario das Neves, de Chubut, comenzaron a criticar la estrategia frente al agro por la prensa. Das Neves impugnó al titular del equipo negociador, Alberto Fernández, ya muy débil para sentarse a la mesa. Los peronistas se la tienen jurada: lo culpan por la fallida estrategia de organizar un oficialismo transversal en detrimento del PJ. Por la boca de Das Neves hablan Juan Schiaretti (Córdoba), Carlos Reutemann (Santa Fe), Celso Jaque (Mendoza), Miguel Pichetto (Río Negro), entre otros.

El PJ se rearma en contra del sector del gabinete más dañado en la refriega por la soja. Los Kirchner están fuertes como para que este peronismo federal no reclame la coparticipación de las retenciones. Pero la discusión fluye en ese sentido: el jueves un diputado oficialista presentó en la Legislatura bonarense un proyecto para que Daniel Scioli exija lo que se le retiene a la provincia por su producción agropecuaria. Hay lugares donde halagar al campo comienza a dar más votos que halagar a Kirchner.

El gabinete también está quebrado. Martín Lousteau negociaba el martes con la industria alimenticia la aceleración del reabastecimiento. Se entero por la blackberry de Mario Ravettino (consorcio frigorífico ABC), de que, con el mismo objetivo, Guillermo Moreno había suspendido los embarques de carne. La medida la ejecutó la nueva titular de la Aduana, Silvina Tirabassi, sin informar a sus superiores. Digna discípula de su antecesor, Ricardo Echegaray.

Al frente de la ahora decisiva Subsecretaría de Producción, en Agricultura, estará Ricardo Angelucci, amigo de Felipe Solá y famoso por sus escenas de pugilato con Moreno en el Mercado Central. En la única entrevista con las entidades del campo, hace dos viernes, Moreno actuó como garante de un acuerdo. “Soy el economista de los pobres y les voy a asegurar la rentabilidad a los pequeños”, dijo, como en una bienaventuranza. Fernández y Lousteau bajaron la cabeza. ¿Seguirán estando al frente de las tratativas? Ellos deberán cuidarse más del “fuego amigo” de los funcionarios que desean su fracaso que de los ceremoniosos ruralistas. Néstor Kirchner, sordo a su entorno y ciego a sus intereses, orquesta esta guerra de todos contra todos.

Hay una debilidad más grave en el gobierno: la argumental. Lousteau demostró que las retenciones a la soja no se aplicaron para favorecer a los productores de carne, leche o trigo, como sostuvo la Presidenta. Entre las compensaciones del ministro hay varias para aliviar a esos sectores del torniquete que les aplican en otras oficinas del Gobierno. Por ejemplo, la prohibición de exportar carne del día siguiente a sus anuncios.

La justicia distributiva

Tampoco es cierto que el objetivo sea la justicia distributiva. Gracias a las retenciones, la industria aceitera accede al poroto de soja con un descuento de 41 por ciento sobre el precio internacional, según los valores del viernes pasado. Pero el aceite está gravado con el 37 por ciento. Esa diferencia arancelaria realiza una transferencia de ingresos de los productores a los industriales. En diciembre, la brecha era de 35 a 32 por ciento. Es decir, aumentó un punto por las resoluciones de Lousteau. Aquí no rige el enojo de Cristina Kirchner con el senador cordobés Roberto Urquía, de Aceitera General Deheza.

El Gobierno provoca desviaciones similares de los productores de trigo a los molineros o de los de carne a los frigoríficos. Sin entrar en detalles más inquietantes: la justicia penal debe investigar si es cierto que grandes exportadores, enterados de las resoluciones que se preparaban, registraron operaciones con retenciones del 35 por ciento para conseguir ahora una ganancia adicional comprando a los productores con un descuento superior al 40 por ciento.

En definitiva, también las retenciones confirman que la concentración de la riqueza es una consecuencia principal de la política de precios de Néstor Kirchner.

Queda sin despejar la incógnita más general: por qué se escoge a un sector y no a todos los que producen una “renta extraordinaria”. ¿O no se registran ganancias fabulosas en el sector inmobiliario, financiero o siderúrgico?

Sin embargo, la mayor debilidad que lleva el Gobierno a la negociación es su dificultad para ocultar que para sostener la arquitectura de subsidios hizo falta un desesperado impuestazo.

En los próximos cuatro meses, el Tesoro gastará cerca de 3000 millones de dólares en la importación de combustibles para evitar un cacerolazo energético.

Enarsa, por ejemplo, comprará en el mercado internacional gas natural licuado a 14 dólares el millón de BTU, cuando al productor local de gas se le paga US$ 1,20 y al consumidor domiciliario se le cobra US$ 0,50. Moreno -quien, al parecer, resume el saber de su época, fenómeno que no acontecía desde la muerte de Immanuel Kant- obliga a las petroleras a abastecer al mercado interno comprando gasoil a pérdida. Las distribuidoras de electricidad negocian por estas horas un fuerte aumento de tarifas para desalentar el consumo entre los vecinos pudientes. En síntesis: en el conflicto agropecuario, Cristina Kirchner paga parte de su mala praxis energética.

Así como debilita el frente oficial, el Gobierno abroquela a los productores. La base rural está de por sí movilizada: en el acto de Azul, el sábado, hubo más gente que la congregada por Cristina Kirchner en Lanús, el jueves. Pero, por las dudas, desde la Casa Rosada se preparó un spot publicitario en el que se identifica el paro con la intolerancia, el desabastecimiento y la inequidad. Se ve que el secretario de Medios, Enrique Albistur, quiere unir al campo y dejar sin margen de negociación a quienes lo representan.

La designación del ex titular de la Aduana Echegaray en la oficina encargada de distribuir el dinero de las controvertidas compensaciones, completa el plan. Ahora se confirmó que el objetivo oficial no es garantizar la calidad técnica de la medida, sino consagrar un mecanismo más de control político. Como los transportistas, los ganaderos, los lecheros, los gobernadores o los maestros, también los pequeños productores de soja se convertirán, de algún modo, en empleados de la administración central. Hasta ahora da la impresión de ser el único plan del Gobierno para evitar el paro.La mayor debilidad que lleva el Gobierno a la negociación es su dificultad para ocultar que para sostener la arquitectura de subsidios hizo falta un desesperado impuestazo

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http://www.totalnews.com.ar/index.php?option=com_content&task=view&id=11787&Itemid=2

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