PASCUAS

Qué época rara aquélla. Había dioses o las personas se creían dioses. Están crucificando a unos hombres; uno le dice a otro que es un dios; el otro le cree; el primero le dice que esa noche estarán juntos en el cielo. Y, te das cuenta, la burla. La inscripción: Rey de los judíos. Y los soldados jugando a los dados. Y el que lo traiciona es el que le da el beso. Todo eso escrito en unas pocas líneas –uno escribiría páginas y páginas– y allí están, los mejores detalles circunstanciales, la historia más extraordinaria, contada al pasar. ¿Y qué me decís de las últimas palabras? “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” En ese momento comprendió que no era dios ni nada: un hombre muriéndose. Y esas palabras las registran quienes quieren probarnos que era un dios. Todo es rarísimo.

J. L Borges (cit. por Bioy Casares A. en Borges, 196-7)

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